Noche 44

Nunca fantaseé con llevar vestidos de princesa.
Nunca quise castillos ni palacios;
habría demasiados espacios
para que corra el eco de la puntual tristeza.

No quise príncipes de ningún color
para sentirme mimada,
ni sapos que besar para poder convertir
en caballeros armados que me salvasen
de una posible muerte anunciada.

Yo vestía con sudadera de capucha,
y deportivas desgastadas para correr libre.
Y siempre supe que suerte, debía de tener mucha
si quería sobrevivir en un mundo de hombres.
Pero yo nunca fui perro manso, fui tigre.
Salvaje, indomable, y con un corazón cosido con nombres.

Nombres que me recuerdan lo malo vivido y lo bueno.
Que me recuerdan el seno del que alimenté mi propia espada de hierro.

No necesito ningún tipo que prometa en falso
ser el dragón que por mí escupa fuego.
Ya yo me salvo.
Ya yo me quiero.