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Mostrando entradas de junio, 2018

¡Malditos enfermos!

Acúsame de enferma.
Acúsame de anormal, porque no hay antídoto que merma la repugnancia que siente sobre mí la mitad de la sociedad.
Dime que te doy asco, que me quieres lejos, que prefieres morirte a tener un hijo como yo. Siéntete un poco mejor diciendo que soy el remedio de Dios
para la superpoblación.
Miéntete; miéntete, joder.
Pero mientras yo y la gente como yo no hace daño a nadie por ser nosotros mismos, uno de cada veinte suicidios se lleva a cabo por prejuiciosos como tú. Vosotros sois veneno y abismo. Vosotros sois, de este injusto mundo, el apagón de luz.

El chico invisible

Mi vida estaba patas arriba. No tenía ninguna idea de cómo sería mi futuro, de hecho, incluso no me importaba nada; yo no me importaba nada. Suena muy lamentable, pero siempre fui muy dejado conmigo mismo. Quizá tuvo que ver el hecho de que siempre fui un cobarde; por ejemplo, en la escuela, nunca me defendí de los insultos, cuando lo hacían a 20 centímetros tras mi espalda. El murmuro podría golpear con su aliento contra mi nuca, y yo nunca tuve los cojones de volverme y decirles a la cara que me importaban todos ellos una mierda. Que no tenían derecho, joder. ¡Pero quiénes se creían! No eran nadie, eran apariencias, pero tan indefensos e imperfectos como yo podría serlo. La diferencia siempre estuvo marcada en que ellos tenían el atrevimiento de intentar crecerse a toda costa, y yo... yo solo vagaba por mi vida, de puntillas, por si así el mundo me palpaba invisible y no tenía, de esa manera, que esconderme de nada ni nadie. El mundo entero me dolía. El pasar de los días, para mí, …

Malviviendo

Soy un padre de familia en paro.
Con los contratos a corto plazo y tan poco rentables
no me llega para casi nada, pero paso por el aro.
Por mis hijos me convierto en marioneta y esclavo.

Ahora en las calles pongo la mano,
no me queda de otra.
La gente me mira raro y yo me siento un delincuente.
El gobierno no ampara a la gente pobre y sin recursos
de su misma nacionalidad.
Solo amparan a aquellos de los que sacan beneficio;
comercian con la más menesterosa necesidad
de los inmigrantes.
Compran su prestigio, para eliminar cualquier etiqueta racista
y así nadie les pueda señalar.
Cuánta falsa apariencia.
Yo sí les voy a señalar.

Gente como yo, somos esa clase de personas que
a la gente de corbata, les estorba.
Nos barren de las calles en fechas especialmente señaladas;
pero no sé quiénes son más sucios,
si sus corazones podridos por el dinero
o nosotros, mendigando hasta las sobras, para sobrevivir.
Yo por mi familia, soy más fiero que todos ellos.
Cabrones, por mí, se podéis extinguir.

Guerreras

Que vengan y me digan a la cara que pertenezco al sexo débil.
Yo, que no necesito a ningún hombre para hacer nada.
Ellos, una importante mayoría, que necesitan a las mujeres para hacerles todo.
Que vengan y le digan a todas las madres que tuvieron los cojones de aguantar
cómo se ensanchaban sus vientres, cómo rompían sus caderas y sufrían
todo el dolor que supone dar a luz, que son unas delicadas y unas débiles.

Que nos digan que no somos fuertes por soportar durante toda una vida,
cómo paseamos a nuestra libertad con la intranquilidad
que provoca el patriarcado machista por las calles:
con sus estúpidas miradas impertinentes y sus piropos groseros, de mal gusto
y especialmente innecesarios, y aun así somos nosotras las malajes
si expresamos nuestra ofensa.

Con nuestro miedo imparable, concentrado sobre la noche,
somos la presa de sus instintos débiles.
E l l o s   s o n   l o s   d é b i l e s.
Porque nunca supieron controlar sus monstruos.
Y son tan cobardes, que quieren jugar a fin…

Aquí y ahora

La recuerdo ensimismada, quizá perdida en los recuerdos; luciendo corazas por bandera. El pasado le había hecho tanto daño que el acto más simple como rozarle, le causaba rechazo. Era tal el miedo a volver a sentir aquella sensación de abandono y de padecimiento, que parecía incapaz de vivir el aquí y ahora. Las noches para ella eran tristes. Recuerdo verla taciturna, sujetando con sus dedos alguna taza de café frío, mirando hacia la nada, con sus ojos huyendo del presente. Yo estaba allí, le tocaba el hombro, como queriéndole decir que todo aquello ya había pasado, y ahora tocaba vivir otras cosas. La quería; la quería tanto... pero me sentía tan invisible compitiendo con su nostalgia... Le decía que se viniera a la cama, que era tarde. Me moría por abrazarla tan fuerte... Pero ella solo contestaba que iría después; que no la esperase.
Un día cualquiera me cansé de esperarla, con su lado de la cama tan frío, como el vacío de mis brazos. Y le grité, le grité muy fuerte:
-Me duele ta…

Sí puedo

¿Debilidad?
A veces creemos ser menos fuertes y menos valientes
de lo que en ocasiones las circunstancias nos imponen.
Ten cojones de creer en ti.
Soy el puto amo, dilo.
Porque cuando sientes que no puedes más,
a veces te aborda ese oportuno y extraño superpoder
como un as bajo la manga,
que te hace indomable para el desaliento.
No digas no puedo.
Tú sí puedes.

Alas rotas

Pronunciabas te quiero, pero tus celos sobre mi cuello decían otra cosa. Me llamabas mariposa pero le impedías a mis alas desplegarse. Pero qué más querías de mí, maldito desastre.

Aprovecha la vida

Es tan delgada la línea que separa la vida de la muerte. A veces tan idos, tan intensos y tan dolidos queremos acabar con todo. Somos un instante con dos latas de cerveza mal aprovechadas. Ten la valentía de beber hasta la última gota del fondo.

El cuchillo

Suenas tan poco creíble
cuando me apuntas con el cuchillo
después de decirme que me quieres...

Luego vienes y pretendes hacer
como si nada hubiera ocurrido,
pero,
joder, cómo dueles.

La emanación de Kurt

Soy Kurt Cobain en un cuerpo de mujer;
la reencarnación del sufrimiento,
amañado para que no deje de doler.
El corazón oxidado por la rabia;
mis pies que tambalean en un puente de hierro frágil;
creo que tengo en mí el clima desértico de Arabia.

Mi estómago vulnerable que a veces me mata,
mis manos insensatas y mi corazón que se me sale,
no quiere estar dentro.
Joder, ciérrame el infierno
que sin querer, entro,

y no quiero.

Quiero golpear todo,
romperme las manos y sangrar con el caos,
pero mi fuerza emocional siempre me rescata.
El odio y el amor a la vida siempre empata;
y eso es suficiente para hacerme fuerte
y querer continuar buscando a la suerte
y que esta sobresalga.

Yo soy el puto invierno; yo soy quien se quiere y no me quiero.
Lucho en contra de todo, para que nadie me duela,
aunque a veces dejándome herir, soy yo quien más me hiero.

Soy suicida, soy lo antisocial, el escándalo público
y lo prohibido, como lo fue la erótica de Gustav Klimt:
el beso, Danaë o Judit.

E incluso c…

El crimen perfecto

Su figura aguardaba ante la cautela de la luz de las velas.
Yo le agarraba por detrás; con mis labios a ras de su vello; le miraba la espalda como si estuviera perdida y ésta fuera mi mapa. No necesita capa de superhéroe alguna para hacerme sentir salvada; me agarré a su cuerpo con mis brazos apretando fuerte. Qué suerte aquella, porque todo lo demás parecía desvanecerse mientras nosotros nos sentimos más vivos que nunca. Le besaba la nuca y se encogía entre mis manos, y me inundé en sus claros ojos, livianos. Aquella noche de color opaca, entre el naranja de las llamas, nos hizo nuestros.
Era el crimen perfecto. Matamos a cupido para que dejara de jodernos; intentó que lo nuestro no fuera posible; pero ya ves, no le surtió efecto.

No es una guerra

El amor se demuestra en los pequeños detalles; en un día cualquiera; en un lugar cualquiera.
Especialmente en los momentos de debilidad y lamento. Ahí, con más intensidad y fuerza.
Quien te quiere no te hace daño a propósito; quien te quiere se esfuerza por tenerte.
Y aun con miedo, sin excusa. Y aun con dolor, inerme.

Páralo si parece más guerra que concordia. Si le lloras, si te aterra. Si es más pena que victoria.
Si sufres si recuerdas; si no le importas una mierda.

                            No seas tú quien pierda
                                          la vida
                                  a su jodida vera.

Inguz

No sé a dónde voy a llegar.
Solo sé que me estoy dejando la piel en carne viva,
porque me estoy dejando el pellejo en mis ganas por ganar.
Ganar un poco de luz ante toda esta oscuridad que me ciega;
me quiere cegar.
Yo no me dejo, aunque a veces lloro; aunque a veces muero.
¿Me puedo salvar?; me voy a salvar.
Si hay camino,
te juro... te juro que yo pongo la voluntad.

Me dijo:

"Cuando estás conmigo  e r e s  m í a.
Da igual que luego dejes de serlo y presumas de eso,
pero,

c u a n do  e s t á s  c o n m i g o  e r e s  m í a."


Era verdad.
Era libre, imprevisible y con unas ganas enormes por volar;
pero cuando estábamos juntos, me sentía suya.

El suelo bajo los pies

¡Que suenen las sirenas!,
que uno de los 8 planetas está en peligro.
Es la Tierra, y son sus propios habitantes quienes la condenan.
Dicen que se irán a Marte, que allá habrá vida, que allá no habrá peligro.

Suenan las sirenas, pero somos nosotros la amenaza.
Dejamos la basura en cualquier sitio, arrojamos al plástico;
la Tierra grita, pero se le amordaza.
No hay ya un solo lugar limpio en todo el Ártico.

Los océanos sucios con más de 8 millones de toneladas
de residuos nocivos al año;
no queremos ver que somos nosotros el daño
pero los animales marinos son contaminados
y apresados entre plásticos y latas.

Provocamos al calentamiento global, lo retamos;
y mientras, crece el nivel del mar, porque los polos se derriten
y la catástrofe, entonces, será a nivel mundial.

Hay más fragmentos de microplástico en los mares
que estrellas en el cielo.
¡Qué triste! Separemos la basura, plantemos árboles;
enverdece a la vida, que suenan las sirenas, ¡no te quedes quieto!

¡Qué pena!, la Tierra no es…

Rumor de una confesión amordazada

Te miro a los ojos y te abrazo con mi mirada. Se hace el silencio. Nos miramos fijamente y tú te aguantas la risa, mientras yo me aguanto las ganas de soltarte un tequiero; pero me quedo callada, y tú tampoco dices nada. Mi sonrisa rompe el mutismo, y desvío la vista hacia cualquier lado. Y es que a veces creo que decirte lo que siento, me hará sentir en la punta de algún lúgubre abismo, en el que estoy a punto de caer, insalvable. Qué tonta, ¿verdad?; por sentirme insegura, incierta e incapaz. Son estas jodidas cicatrices que escondo entre los pliegues de mi piel, quizá. O son la excusa perfecta para ser una maldita cobarde.
Sin embargo, vuelvo a mirarte de ese modo en el que pocas veces miro. Te miro como gritándote lo que no me atrevo a decirte. Te miro como confesándome tuya. Es entonces cuando pienso que no hacen falta las palabras; debes saberlo ya; mis ojos te lo chivan todo.
Y tú, que me lo dices todo con tus aveces... A veces me pides la mano y la colocas sobre tu pecho; tu c…