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Siluetas

Me gustan las noches en las que somos siluetas y te busco con mis manos. Las noches en que junto tu cuerpo al mío, mientras el tiempo sucede rápido y no quiero irme. Pero lo bonito de todo es cuando tu risa logra embestirme para apoderarse de mis recuerdos y recordarla cuando no estás. Te beso a ciegas mientras también tu ombligo besa al mío y parece que bailamos lento al mismo compás.
Es ese momento en el que se disipa toda duda, y mi corazón te exige, porque no quiere nada ni a nadie más.

Mientras la luz del día se apaga, nos buscamos como un animal busca resguardo. Pero esa luz vuelve de nuevo, de la misma manera en que vuelve nuestro estúpido empeño por reprocharnos.
Es como si nos volviéramos lobo bajo la luna, y nos atacáramos indomables. Es la luz, que deja entrever a cada arañazo. Y en la noche, solo somos siluetas, que buscan la cura, por necesidad.
Necesidad de sobrevivir juntos una vez más.
Es el recordarte, frágil, ante mí, con tu sombra desnuda, como desnuda tu alma, lo que me debilita.
Por favor, no me hieras, mi corazón te grita.
Que no tengo más fuerzas para enfrentarme a ti, aunque después, aun así, de ti, no me quiera ir.
No quiero quererte como quien más te quiere y temer que regrese a nosotros la duda, el celo, la suspicacia incansable.
                                                 
                                                  Solo quiéreme como tú sabes hacer.

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