Ir al contenido principal

No te quiero

Le dije que no le quería. Me creyó. Pero lo que no sabía es que no le dije toda la verdad. Le quería sí, pero no le quería hacer daño. Yo no tenía nada claro. Ninguno de los dos estábamos preparados, o tal vez sí, pero nos dolía imaginar que pudiéramos llegar a decepcionarnos un día. Ya sabíamos cómo dolía el amor roto, y no estábamos hechos para esa mierda. Los dos acobardados nos escondimos apretando con las manos cualquier pesada arma con el gatillo quitado, y con los escudos sobre nuestras pieles despellejadas. Y aun así, éramos dos polos opuestos empujando con todas nuestras fuerzas por juntarnos. Quizá no nos entendiéramos en muchas cosas pero yo conseguía que sacara aquella maldita risa que me encantaba provocar. Y yo sonreía. Había algún tipo de magnetismo dentro de nosotros. Por un tiempo nos sentimos nuestros. Pero le dije que no le quería. Y me creyó. ¿Por qué no iba a creerme? Quise darle motivos para que siguiera creyendo que le dije la verdad, y entonces pretendí encontrarme en otros cuerpos alguna puta dosis que hiciera que todo dejara de doler un poco menos, aunque fuera por momentos; sin embargo, no hubieron otros cuerpos con ninguna puta dosis que sirviera. Y creí poder soportar que también lo hiciera. Pero no pude. Ninguno de los dos pudo. Pero los dos lo hicimos. Los dos nos engañamos a la cara. Nos escupimos aquella jodida mentira a la cara y nos creímos. N o s  p e r d i m o s.

Comentarios