Dos

En ocasiones te siento intocable y al mismo tiempo siento que no puedo quitarte la vista de encima, como me sucede con los atardeceres desde el autobús. Siento que me das la magia, pero a veces también dueles; y no sé ya si es mejor quitarte por la fuerza ese escudo impenetrable tuyo, o salir corriendo sin mirar atrás. Entonces pienso que nada importa ya. Pero sí que importa. Me importo yo.

No te olvides, cariño, que este juego tan serio es de dos.