Soneto nº2: feminismo = igualdad

Impotencia. Sí, impotencia.
No hay otra palabra para definir esta lucha.
Es la falta de una correcta educación la que nos influencia.
Un grito a puño alzado que a veces, todavía, no se escucha.

No hay un sexo débil; ¿quién dijo que la mujer puede ser menos fuerte?
El colectivo de la opresión no es lo que fue, es hoy más fuerte y viene a por todas.
Guerreras que defienden su derecho sin esperar sentadas a la suerte.
Mujer moderna que no se arrodilla mientras tú, el hombre, te acomodas.

Y no es odio al hombre, ni es una lucha en su contra.
Feminismo = equilibrio en la balanza entre sexos; feminismo = igualdad.
Y tampoco feminismo es abuso del derecho; mujeres, recordad.

Ni mordazas, ni cadenas, ni una voz con más privilegio que otra.
No trates como no te gustaría que te tratasen, a tu hermana, a tu hijo, o a tu madre.
En el feminismo, no se acepta el odio entre géneros;  la inferioridad es lo que sobra.

Amistad

Hace mucho que perdí la fe en las personas, pero tengo a las mejores excepciones de mi lado.
Quienes dan sin pedir a cambio; quienes son amistad, familia y hogar a la misma vez.
Ellos son refugio cuando tu tristeza te ha agarrado de las manos y ellos te quieren cuando tú misma te has dejado de querer. Son quienes me cuidan sin permiso y me hacen reír y sonreír. Me invitan a seguir soñando y a convertir a esos sueños en realidad. Son imagen de lealtad y de cariño. De compartir ilusiones y momentos. DEMOSTRAR y COMPARTIR; algo que se puede hacer con muy pocas personas en esta vida.

Por eso, esos momentos, pequeños, fugaces e inolvidables, son por los que la vida merece la oportunidad.

Sin retorno

Quiero que me mires y enmudezcas.
Que me desees como quien desea sobre una estrella fugaz;
inalcanzable; mientras no me merezcas.

Yo he oído tu clamor y he desoído mis advertencias.
Te he prestado mis manos para limpiar tu desastre pasado,
y no he escuchado a la intuición decirme que dolerías.

Por cuidar de ti, me he descuidado a mí.
Imaginé que no dejarías de estar y dejaste de estar.
Y vuelves como quien no ha hundido los dedos en el daño
y se ha empapado las manos de sangre.
Y quieres tocarme con mi recién nacido miedo que has provocado
y tu miedo ya pasado,
y ya no, ya te puedes volver a marchar.

Y mirándome y enmudeciendo
me desearás como quien desea sobre una estrella fugaz,
tan inalcanzable porque me has perdido y ya no hay marcha atrás.

Anótalo

No hacen falta las vistas perfectas, o el tiempo perfecto, solo es necesario saber aprovechar el momento cuando ella está a tu vera.

Te hice daño

Lo sé; te hice daño.
No supe cómo decirte que ya no sentía lo mismo,
y si te digo que no te seguía queriendo te engaño,
pero te quiero de otro modo.

Me quedé contigo, en tu abismo;
tú ya lo sabías todo, lo veías, y callamos
por no hacernos visiblemente tristes.
El mundo dejó de ser el mismo
cuando de este tren en marcha nos bajamos.
Yo bajé.

Y lo siento tanto...

No creas que esto a mí no me ha dolido;
he visto en tus ojos al lamento queriendo ocultarse
y te he visto llorar disfrazándote de otra razón.
Y te sequé; sequé tus lágrimas y te abracé fuerte.
Sabía que era yo.
Sabía que era por mí.

No creas que esto a mí no me ha dolido;
he sido más feliz en tus brazos que en cualquier otros;
contigo, por primera vez, yo he sonreído
de oreja a oreja y sin dudar, y sin fingir.

Y saber que dejaba de estar enamorada
de la persona adecuada, te juro que me hacía daño.
Pero no obedece el corazón, él no entiende de títeres,
y eso de quererte te juro, te juro que, en ocasiones, lo extraño.
Lo he extrañado.

Siento no haberte podido dar lo que por un tiempo te di.
Siento haberte herido,
porque nunca deseé que ese fuera nuestro fin.
Pero aquí me tienes, odiando la idea de perderte,
porque pese a esa historia rota que tuvimos,
es fácil quererte.

Un nuevo principio.
Un punto y seguido.
Que del verbo amar has sido el participio,
y del verbo querer, el presente de indicativo.

Porque yo te quiero a morir, aunque ya no te ame;
valoro nuestra complicidad, y lo sabes;
porque de tu amistad nunca he querido marcharme.

Aviones de papel

Un día de estos me dejaré morir.
Me canso de intentar rescatarme, de llevar los grilletes de la angustia.
Dará lo mismo si me voy,  porque hace mucho que sentencié mi fin.

He coleccionado tanto daño, que mis venas llevan más rabia que sangre
y si me cortas, no me desangro, me libero.
Porque soy tóxica para mí, porque de paz tengo hambre
y de miedos y estropicios tengo el estómago lleno.

Tengo trastorno de la infelicidad y agujeros
en mis manos, por no recibir más de quienes ofrecí mis tequieros.

Me he intentado agarrar fuerte tantas veces a mis ilusiones
que a veces las siento desgarradas.
Y aún así, me subo a bordo a mis ganas,
y hago con ellas aviones,
aunque aviones de papel, creo poder alzarme alto.
Quizá un día, sea de verdad; quizá un día no necesite de ningún modo huir,
y de este charco de mis ojos, pegue el salto.






La oportunidad

A veces se nos hace tarde poder demostrar las cosas que realmente sentimos; actuamos casi al revés. Pero otras veces, podemos llegar a tener la última o única oportunidad de hacerlo.
                                                         
                   Vamos a aprovechar esa vez.

Intentarlo

Puede que, en ocasiones, la tristeza no te permita ver que aún te queda valor para dedicar paciencia y constancia a tus sueños. Permítete mirar más allá de todos tus lastres; hay que luchar. Ni siquiera es fácil, pero si te rindes será el momento en el que ya no quedará probabilidad.

Pese a todo

A veces intento hacerme creer que soy como cualquiera y sonrío, les sonrío, me divierto, lo intento, intento que dure. Pero no soy como cualquiera. Hace mucho que simplemente no soy. Y odio que sea así, me odio, odio todo. Soy un cuerpo herido en la cuneta, sin socorrer; soy una voz rota en mitad de un grito de auxilio; un vestido blanco con una mancha que no sale, de vino. Soy la ilusión destinada al desastre. Y pese a eso, lucho contra el desastre; aún sonrío.

Introspección

Si no existiera el dolor, la calamidad, el descontento, no sabríamos apreciar los breves momentos que nos aportan cosas verdaderamente bonitas. Suena muy filosófico, porque quizá para muchos, en la mayoría de nuestra vida, suframos más tiempo a la tristeza; pero solo hay dos opciones: sentirte perennemente infeliz o inyectarte positividad cuando creas no tener más fuerzas para aguantarlo todo, para no aguantar absolutamente nada.  N a d a.  Quizá la gran pregunta sea "de dónde sacar las fuerzas, de dónde la positividad."  No existe una verdad absoluta para saberlo, pero la idea de saber que estamos vivos y de que podemos hacer cosas que nos gustan o que todavía no hemos hecho, suma puntos para querer aún sentirnos vivos y vivir, o sobrevivir. Porque irremediablemente un día ya no estaremos, y mientras tanto, hay que aprovechar. No es malo sentir tristeza, es malo dejarte atrapar y no salir nunca de ella. Es más valeroso quien consigue salir de la pena tantas veces como sea necesario. No somos tristes, somos nuestro propio héroe.

El daño y el dañino

Es necesario aprender a diferenciar cuándo somos la herida y cuándo la cuchilla.
En cualquier caso, aléjate.