La armadura rota

Fui media luna oculta, con bozal en mi sentir.
Oscura noche, con mi luz oculta, negándome a salir de esta sombría armadura,
de esta sombría locura que me dejó el amor, y de él me quise ir.

En un nuevo amanecer, una nueva ilusión llegó.

Yo con mi armadura protegida, dejé con miedo que me acariciara,
tal vez a mí o tal vez a mi dolor.

Aun con mi inseguridad, aun con mi decepción,

con el tiempo, dejé que rozara mi alma con las puntas de sus dedos.
Me hizo creer que quizá sería la excepción.

No lo fue.


Me dedicó sus noches como si yo fuera el lugar donde de todo escapar.

Pero para sus manos, fui más motel que hogar.
Me miró como si se perdiera en mis ojos,
me dijo tantas cosas; me mintió... mis ilusiones, sus despojos.

La misma historia que nunca brota.

La misma herida sobre el resto de heridas.
Y otra armadura sobre la vieja armadura rota.

El duelo

El luto salpica mis ojos,
y mis manos sucias de rímel corrido aprietan el corazón.
Deja de sentir.
Deja de sentir, me digo.
Mi barbilla tiembla imparable mientras mis sentimientos balbucean.
Mascullo un suspiro intenso.
¿Dónde está la capa de invisibilidad?,
¿la puerta donde pueda desaparecer tras un portazo?
No quiero sentir esto más.
Quítamelo.
Quítame el corazón.

Despedidas

Daría cualquier cosa para que me pudieras hacer un poco más de daño.
Porque más me duelen las ojeras de tanto llorarte,
y no poder secarme con ningún paño; los mojo, los empapo.
El último beso quiero besarte.

No sé mirarte sin pensar que te vas, entonces echo a llorar.
Miro hacia otro lado, me muerdo fuerte los labios.
¿Por qué no haces por cambiar?

Ya es tarde.
No quiero esto.
Vete ya.

No quiero lastimar lo que tenemos

Hay sentimientos que no queremos admitir
por miedo a prender otro caos, otra revuelta,
otra razón para creer no saber querer y querer dejar de sentir,

dejar de ser, ser solo miedo en este juego cínico
por miedo a sufrir un golpe de estado anímico
que nunca parece ser el último.

Qué tiene

No sé qué es.
Es algo que te atrapa, y no puedes retroceder como si nada.
Se mantiene en tu cabeza, sumando cada vez más ganas.
Se mantiene en tu cabeza, con el recuerdo ileso de su mirada.
Su mirada silvestre que apresa mi furia y me desata.
No sé qué es.
Pero me atrapa.