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Mostrando entradas de 2018

Noche 47

Los nudillos amoratados.
La adrenalina entrando fuerte  por la respiración acelerada, entrecortada. Derribas a la mala suerte que te muerde.
Y te gusta. Te gusta sentir a la rabia escupida. A ti nunca te asusta golpear, en contra de tu ansiedad,  de la manera más brusca. Que se vaya, se disipe, que eres tú quien comete el crimen asesinando tus monstruos.
Tus monstruos, no podrán contigo.

Noche 46

Tú eres la nueva teoría del Big Bang.
La gran explosión. Quien equilibra el ying con el yang. Nada antes de ti estaba vivo. Pese a las tormentas tropicales que han arrancado mi piel de cuajo, he sobrevivido; siempre con mi propia fuerza. No han podido conmigo esas ganas desesperadas  de acabar con todo, que a veces hacen que me retuerza.
Ya no.
Dime, por qué has tardado tanto en aparecer. Ya no te creía posible, ya no creía poderte ver.
En las cajas negras de mis aviones de papel derribados puedo rescatar solo atisbos de felicidad. Ya no me desmorono en las arenas movedizas de mi tristeza,  ya en mis ojos no hay calima, gracias a ti...
                         mi propio amor,                            mi autoestima.

Noche 45

Dónde están aquellos que dijeron estar.
Los que dijeron muy dignos que nunca fallarían.
Pusimos sus palabras en volandas, les colocamos un altar.

Ahora, las calles barridas de gentes,
las sombras incrustadas en aceras llenas de recuerdos,
de esos que una vez fueron hermanos y confidentes.

A veces la pena cuelga del cuello,
y no tienes con quién tomar dos copas
cuando las lágrimas se enredan en el cabello.

De tanto en cuando te recuerdan que siguen estando, sin estar.
Pero ya da igual que puedas ganar o perder,
que si quieres, puedes ahogarte tranquilo en el vaso,
no van a volver.

Noche 44

Nunca fantaseé con llevar vestidos de princesa.
Nunca quise castillos ni palacios;
habría demasiados espacios
para que corra el eco de la puntual tristeza.

No quise príncipes de ningún color
para sentirme mimada,
ni sapos que besar para poder convertir
en caballeros armados que me salvasen
de una posible muerte anunciada.

Yo vestía con sudadera de capucha,
y deportivas desgastadas para correr libre.
Y siempre supe que suerte, debía de tener mucha
si quería sobrevivir en un mundo de hombres.
Pero yo nunca fui perro manso, fui tigre.
Salvaje, indomable, y con un corazón cosido con nombres.

Nombres que me recuerdan lo malo vivido y lo bueno.
Que me recuerdan el seno del que alimenté mi propia espada de hierro.

No necesito ningún tipo que prometa en falso
ser el dragón que por mí escupa fuego.
Ya yo me salvo.
Ya yo me quiero.

Noche 43

Y entendí que se puede superar las fisuras,
las heridas y esos días tontos
en los que tiras la toalla.

Entendí que con amor,
se pueden hacer piruetas
dejando atrás todo ese maldito dolor
que haya.

A la mierda,
te quiero.
Contigo siento el cielo abierto
y noto cómo se despliegan
mis alas.

Si estamos unidos
podemos hacer que cualquier altibajo,
no sea nada.

Noche 42

Los nervios. Esos putos nervios que te detienen ante la puerta donde puedes observar al mundo, siendo de tu miedo, el siervo. Observas quieto, y piensas. Te detienes tanto en pensar que no te das cuenta de que la vida pasa y se te va; y con ella tus años de cometer errores, aciertos, locuras, tiempo, experiencia, y oportunidad. La oportunidad de saber qué pasa si empujas hacia un lado al miedo y las dudas y te dejas llevar; error, arrepentimiento o alegría, qué más da.
Una sensación molesta que solo puede durar
una primera impresión, un momento, por algo a cambio que podría valer la pena descubrir.
Simplemente sé tú; arriésgate a vivir que la vida está
para improvisar.

Noche 41

¿Cómo se supera esto?
Cómo se tapa el daño hecho
que hiere con más intensidad cada noche sobre el lecho.
Con qué tapar las voces de más que nos alzamos
al intentar explicarnos y no entendernos.

Nuestros brazos no son capaces de abrazarnos
y las manos huyen de las caricias de nuestros dedos.
La seguridad ya no nos salvaguarda
y ya vienen cerca nuestros miedos.

Nos pedimos tiempo muerto,
nos miramos a los ojos con una honda tristeza,
pero evitamos mirarnos, en esta guerra de campo abierto.

¿Cómo superar esto?
Los días se tiñen de negro,
las sonrisas se vuelcan del revés
como el reflejo de edificios sobre el Río Ebro.
El paso ligero desacelera, porque ya no hay adónde ir.
Nos sentimos tan perdidos, porque pese a esta crisis,
seguimos queriéndonos, y puede, que eso sea nuestro elixir.

Higiene mental

Estoy verdaderamente cansada.
De los insultos, del odio, del prejuicio.
Del andar por la calle maniatando al impulso.
De la represión, del silencio, del fingimiento;
de la angustia que provoca tener que decirlo.
Del rechazo.
De la presión social que empuja al suicidio.
De los ojos clavados que señalan.
De la repulsión.
Del asco.
De la incomprensión.
Del "lo respeto pero lo quiero lejos."
Lo llaman enfermedad, pero no guardan ningún respeto como con el resto.
Integración cero.
Y ni es enfermedad, ni elección, ni vicio, ni es pecado ni engendro.
Creen conocer a todos por conocer a unos cuantos y generalizan.
¿Acaso hay dos personalidades exactas en esta vida?
Hablan de promiscuidad y de sida,
como si fuera descuido o sentencia de todos, menos de ellos.
Le dicen error de la naturaleza.
Dicen que Dios no lo quiere en su reino.
Dicen que la Biblia.
Dicen que el infierno.
Y hablan de envidias como si hubiera algo que envidiar.
Una comunidad entera que tiene tanto con lo que lidiar…

Dos caras

Mi mejor amiga es bipolar. Hace años atrás no sabía de qué se trataba. Lo descubrí con ella, con Elsa. La conozco desde primaria y siempre ha sido una amiga ejemplar, con muy buen carácter. Pero empecé a notarle cambios en el instituto. Podía ser tan feliz como de pronto la chica más triste, al segundo después. Al inicio pensé que sería algo hormonal, o quizá algún tipo de frustración por algo que le hubiese ocurrido, pero pude observar que este comportamiento no cesaba. Era dramática, pasional, eufórica, impredecible o deprimida, la persona más deprimida de todas. Así que me preocupé y busqué en Google, esa gigantesca enciclopedia libre en la que nos solemos sumergir ante cualquier duda. Reconocí su caso con los síntomas que pude leer. “Bipolaridad: enfermedad maníaco-depresiva con la que se sufre episodios bruscos en el estado de ánimo.” Tras leer detenidamente empapándome de toda la información que pude recoger, me angustié seriamente por ella. No entendía por qué le pasaba esto. …

Noche 39

Quiero que sueñes, que vueles,
que hagas de mí tu nido,
sintiéndome refugio y hogar;
mi corazón siempre la puerta
 a donde regresar.
Darme alimento de tu boca,
ser animales en libertad.

Casi fuera de esta vida

Una vez estuve al borde de la muerte. Eso dijeron todos los médicos que me trataron. Palabras que resonaban entre paredes pero nunca en mi conocimiento. No quería entender. La razón era mía. Ellos no entendían. No existía libro sobre salud mental, doctor o psiquiatra que entendiera que nada de lo que creían era tan cierto. Pero mi verdad me paseaba a cuestas hasta la tumba.
Todo empezó cuando tenía 12 años. Estrenaba un vestido de flores que había elegido para ir al colegio. Allí estaba el chico que me gustaba. Quería impresionarlo. Era tan guapo; me embobaba observándole, pensando en las posibles maneras de llamar su atención. Era la nueva, y me costaba horrores hacer amigos. Pero aquel día, con mi vestido, podían mostrarse mis piernas al aire, y no contaba con que la mitad de los chicos se reirían de mí. Me llamaron gorda. Y me siguieron llamando gorda todos los días en adelante. En una de esas mañanas le vi reír a carcajadas mientras me miraba. O quizá yo me sentí observada. Quizá…

Llamarada

Le quiero.

Desde entonces no hay cielo que
se me caiga sobre los pies.
Ni tampoco invierno que pueda
herir con su frío, mi corazón.

                              Somos fuego.

Contra nadie

Mi madre falleció en un accidente de coche, cuando yo tenía 9 años. Íbamos papá, mamá y yo, de vuelta a casa, después de un viaje a Barcelona. Fue la primera vez que pisábamos esta capital metropolitana, la preciosa tierra catalana de montaña y mar. No la olvido. Quizá porque fue allí donde por última vez fui realmente feliz. Papá quedó en coma durante dos duros meses, se golpeó contra el volante perdiendo el conocimiento, producto de una conmoción cerebral. Y mamá... mamá salió despedida a través de la luna del coche, y yo pude salir de este como pude, no recuerdo bien cómo, pero si algo no olvido fue, cómo llegué hasta ella. Me guió la hilera de sangre salpicada por la carretera. Allí, le agarré de la cabeza, tal y como me agarraba con mimo cada noche para conseguir que me durmiese, mientras me cantaba mi canción preferida, y recuerdo sus ojos clavados en los míos, y sin mediar palabra, leí un te quiero en sus pupilas. Sentí su mano apretando mi brazo, hasta que dejó de apretar. Se…

¿Y por qué no?

Entro a la librería que frecuento en la ciudad y como siempre, voy de inmediato a mi sección favorita: la poesía. Me impregno del olor a páginas, del tacto rugoso o liso, de la fuente de las letras... allí me pierdo entre tantos títulos. Echo un vistazo a las novelas, buscando autores concretos: Bukowski, Brautigan, Gaiman, Malzieu, Max Brooks, Palahniuk... Sobre todo a los dos primeros, esos dos putos locos fueron unos genios. Me fascina la peculiaridad. Lo diferente. Lo que señalaron como marginal. Me identifico con las rarezas, con la fuga que construye la mente para salir de esta, a veces infernal, realidad. Ahora, aquí me encuentro a las 2:35pm con una cerveza bien fresca, casi helada, como en alguna noche también estuvo Charles, mi loco favorito. En verdad, ese cabrón, bebía a cualquier hora. Frente al ordenador intento escribir algunas líneas, y todo me sabe a imposible; siento demasiada adrenalina como para concentrarme. Me pregunto cómo cojones lo hacía él. Cómo era capaz de …

Noche 38

Por cuánto cambio ha pasado la vida.
Ahora nos ahogamos en un vaso de agua lleno;
nos invade el pensamiento suicida.

Antes se sentían valientes los hombres tras la guerra del '39.
Ahora se sienten valientes presumiendo de músculos
y chicas de gimnasio con las que dicen practicar el 69.

Presumidos idiotas,
si supieran qué fueron las derrotas
en la época de hambre, guerra y enfermedades,
no estarían tan erguidos con sus falsas y estúpidas vanidades.

Si supiéramos... Si supiéramos qué fue temer a la vida de verdad,
con la muerte mirándonos de frente,
nos reiríamos de todo lo que nos ocurre, como si las penas fueran chistes,
y entonces, estas noches no serían tan tristes.


Noche 37

Nunca sentí nada tan bonito como cuando le hago reír.
Le observo desde cerca, siendo testigo y cómplice.
La sonoridad de su alegría alberga ahora entre la herida que me maldice.
Siento que se convierte en ese segundo de antes de la muerte, que me revive

                                                                                                   y vuelvo a ser.
                                                                                       Yo también puedo reír.

Noche 35

Hacen falta tan solo tres palabras para acabar con una persona.
Con su castillo de ilusiones,
y su armadura llena de algunos nombres bajo tachones.

Tres palabras que son puñal en mano,
indeseables, desgarradoras, y a veces fortuitas
como la enfermedad en un cuerpo sano.

Tres palabras que derriban las sonrisas forjadas
con momentos de amor guardados como tesoros.
Ya el amor roto, ya el amor despedido por los poros,
escupido por esas palabras ya despellejadas.

Ya el insomnio y las lágrimas sobre la mordaza invisible de cuero.
El tesón que desequilibra el pensamiento;
gritas con la ausencia
por culpa de ese jodido

"no
      te
          quiero".

Risa indigente

El pobre es el que mejor sabe encontrar
en los pequeños detalles,
la felicidad.
Si no fuera por la falta de recursos primarios
tales como el sustento, la educación y la sanidad...

Qué pena, que tanta carencia,
les robe esa sonrisa.

Noche 33

Cuatro paredes sostienen mi presencia hostil.
Afuera, todas las miradas me apuntan con un calibre 38.
Siento que en cualquier momento puedo morir.

No sé cuál es mi lugar; al menos, por el momento,
aquí he encontrado mi bunker.
Dentro de mis sueños, a veces soy feliz, allí me miento;

me veo volar escapando de todo mal,
aunque también siento a ras de mis pies el miedo
queriéndome alcanzar.

Detrás de estas cuatro paredes no ven quién soy.
Allí yo me siento incapaz; huele a duda, a desconfianza, a mi intranquilidad.
Soy aquel extraño al que nadie ha invitado a casa.
Pasa el tiempo largo, pero esta sensación no pasa.

Me retumban aquellos gritos de afuera, que ahora son quejidos.
Me atraviesa aún en la piel, todo lo que temimos.
Todo se quedó atrás,
pero mi pecho manchado de sangre no sabe olvidar.

Todavía hay atisbos de miedo.
Todavía mi pecho siente a los monstruos.
Recuerda la ansiedad clavándose en mis entrañas.
Me recuerda a mí, casi sin voz advirtiendo "joder, casi, me matas.&quo…

Noche 31

Me voy. Quizá ya es hora de que me marche. Tal vez muy lejos donde no tengamos que encontrarnos de nuevo. Allá donde no tengas que soportar a mis ojos mirándote con nostalgia, por todo aquello que tuvimos. Yo tampoco quiero soportarme así, con mis dedos cortándose con los bordes de nuestro libro, porque no sé bien pasar página. Es mejor irme. Donde no haya calles que me recuerden que hubo ocasiones en las que te quise allí, sobre sus aceras. Es la única manera de no provocarnos calambre al cruzar nuestra electricidad, cuando nos encontremos un día cualquiera en que todavía te sienta dentro de mí. Porque puede que yo me vaya, pero tú no te irás de mi cabeza. No tan fácil. Esta abismal ausencia, es lo que más me pesa y me lleva a creer con certeza que es mejor barrer todas esas calles de mis pasos, y empezar a caminar sobre otras nuevas, donde al menos no me aborden nuestros recuerdos.

Noche 30

Desde lo alto de esta colina, alejados del monzón
donde todo el pueblo diminuto ante nuestros ojos,
nadie podrá hacerte daño, corazón.

Tus pulsaciones ya frágiles no aguantan
ni un solo rasguño más,
pero aquí la tormenta no te puede alcanzar.

Te juro que esta vez no voy a apostarte
a manos de cualquiera que me regale
las promesas con la huida más cobarde.

Eso de querer es para valientes, y tú, cariño,
te mereces que sea yo quien más te cuide.
El amor que puedo darte yo, será el mejor aliño que echarte en esta herida abierta, que te desoxide.


Noche 29

Depresión de diagnóstico
y pastillas para dormir.
Y aunque el pensamiento agnóstico
recurres a la oración para sobrevivir.

Un libro en la mesilla de noche
por si la salvación naciera de unas frases.
Duermes apretando a la almohada y al reproche
que evoluciona en tu cabeza por distintas fases.

Creo que ha crecido.
Que ahora arde en llamas en tus ojos.
Que tu autocompasión no ha cedido,
y las ganas de destruirte en tu propio fuego es tu mayor antojo.

Dime,
¿valía la pena matarla?

A s e s i n o.

Noche 28

Si supiéramos que todos esos niños de Ghana o de Malí
son mucho más felices que nosotros, sin móviles 4G, WiFi,
televisores 50" o cualquier lujo que no puedan permitirse allí,
dejaríamos de echarles fotos en viajes de ida y vuelta
como si estuviéramos salvándoles
de esta pobreza a la que muy poco solemos echar cuenta.

Nosotros somos dependientes de la ambición y el capricho,
no tendríamos ni puta idea de cómo se sonríe a la vida
si nos viésemos sin nada.
Ellos a diario son su propio chaleco salvavidas
con sus enormes ganas de vivir.
Casi que no necesitan más.

Acomodados a los deseos de este mundo moderno,
de pronto en sus condiciones no sabríamos ni sobrevivir.
Eso sí es triste.



Noche 27

En la copa de un árbol construiré nuestra casa,
podré observar relajada ese cielo que desconoce la NASA.
Ese cielo en el interior de tus ojos de azul claro
donde siento poder metarfosearme en pájaro.

Y con mis alas libres, me dejaré caer
sin miedo a golpear contra las curvas;
mi corazón, la baraja de cartas, y tú el crupier.

Allí en nuestra casa, podrás besar
mi piel encallada de recuerdos tristes.
Qué suerte la mía cuando viniste
con tu manera de hacer a mis latidos bailar.

¿Podrá la copa de árbol soportar tanto amor?
No creo que ni siquiera en toda la galaxia
exista tanta armonía como la que contigo siento yo.



Noche 26

Si el amor es sacrificio,
yo debo de haber perdido varias vidas ya. Quizá en cada error, una perdida de mí misma por algún resquicio, o una comunión imperfecta de mi yin con el yang.
Mis ojeras son un libro abierto. Ellas te cuentan a cuántos insomnios han sido sometidas, y por cuántas heridas pueden ya haber muerto con el abastecimiento de tantas lágrimas suicidas.

Los que nos enamoramos somos unos ilusos.
Pensamos que todo va a ir bien, pero no todo siempre va bien,
lo cierto es que acabamos siendo del amor unos reclusos.

Quizá cuando nos damos cuenta es demasiado tarde
y pretendemos maquillar las hostias
y coser la herida que todavía nos arde.

Y somos tan torpes que intentamos no hacernos más daño
advirtiendo de nuestros rotos con antemano;
una inútil táctica que desarrollamos por cada error y cada año.
Y no vale de nada; acabamos explotando como el butano.

Ese es el gran error, creer que podemos controlar
la proporción en la que nos podemos entregar.
Y no, el autocontrol no lleva …

Noche 24

Yo te enseñé a bailar despacio,
¿recuerdas?
A ver magia en las letras
y a darnos un poco de espacio.

Me conociste siendo una herida abierta,
y me presenté incurable.
Y puede que siga llevando la alerta
sobre mi pecho, pero soy un poco más alcanzable,

para ti, al menos.
Y ya es mucho, viniendo de este apaleado corazón;
que ya soy incapaz de mirar a otros ojos ajenos

después de caer rendida en los tuyos.
Escucho el murmullo de este silencio
y puedo escuchar cómo mis latidos hablan entre sí
advirtiéndome "somos suyos".

Se creen que no lo sé.
Me hacen gracia esos jodidos revolucionarios;
les encanta verme enloquecer.

Noche 22

A veces necesito poder mirar a tus ojos
para recordar la sensación de necesitarte.
Admito que es algo en nosotros
de lo que me suelo olvidar cuando se te antoja odiarme.

Requiero de una sola razón de peso
que valga más que este requiebro.
Y esta puta barrera no nos salva.
Deja de arrojarme dinamita,
porque estoy a punto de prender el mechero.

Noche 21

Estamos demasiado rotos para intentarlo. Quizá frustrados por la cantidad de veces que nos decepcionaron. Nos convertimos en el mismo Océano Antártico, tan fríos nosotros con nuestra forma de no expresarnos, y nuestro corazón tan dramático. No puedes soportarlo. Ni siquiera puedes encontrar a la persona que fuiste. Y lo fingiste ser después, creyendo que volverías a serlo. Pero no lo vuelves a ser. Y el tiempo a solas te transforma en un animal solitario, tal vez, maniático. Esperamos por una perfección que no existe y, lo único más cuerdo sería bajar un poco el escudo y dejarnos llevar hasta donde tenga que ser. Después de todo, las hostias, son las únicas que nos hacen crecer.

Noche 20

Soy la persona incorrecta en un mundo equivocado. Y ya no puedo con esta mierda. Yo me salvo de mis monstruos; todos aquellos que venían al apagar la luz, me los he cargado. No espero superhéroes; la vida es un juego amañado.

Noche 19

Querer y no poder. Poder y no deber. Siempre con esa maldita barrera de por medio que atrinchera nuestros sentimientos. Por favor, no me digas que no puedes, dime que no quieres. Que tus ganas no te lo permiten; que no te apetece tenerme boca a boca, con tus manos asaltando mi cintura, mientras desvalijas mi corazón. Sé que quieres venir conmigo, me lo dice tu voz, esa que callas pero gritas en tu forma de mirarme. Te encuentro en las calles de la ciudad, clavando tus ojos sobre mí. Igual que yo sobre ti. Y dices tanto desde esta distancia, que no puedo creer cuando dices que no puedes. Porque si sientes esta sensación por mí, no puede ser totalmente real o sincera lo que tienes con esa persona que no soy yo. Un contrato de dos que te detiene. Qué validez tiene. No puedes, dices, pero quieres.

Noche 18

Estoy en el mismo lugar de aquella noche en donde nos conocimos.
Suena el indie rock de fondo en tanto miro entre la gente, buscándote.
Hace tanto que nos vimos;
creo que prefiero no saber si vienes; no quiero estar esperándote.
Es mejor la sorpresa,
la sonrisa risueña que se abalanza enorme
sobre la curva de los labios, de una alegría traviesa.
Llevo un par de copas en vena;
las chicas bailan al ritmo de las notas de guitarra,
con el sonido a todo volumen que nos llena
de una locura que sana.
Es esa voz, la voz de ese cantante del escenario,
con su pelo castaño que baila mientras él salta,
me recuerda al líder de los Arctic Monkeys;
pero, ni de lejos, estos son la banda británica, ni tú apareces por la entrada.
A este jodido festival le haces falta.

Noche 17

Hablas de insuficiencia y tras eso, odio esa sensación que aparece en mí con tu influencia, haciéndome sentir vacía. Eres la Revolución en cualquier día. Te preocupas de poder llamarme "mía", pero no de cuidar que hacerme sentir especial debe de durar más de cuatro mañanas seguidas. Duras cuatro bien y luego dos, me declaras la guerra. ¿Así vas a hacer que te quiera?, me pregunto. Si esto es amor, quiero volver a pisar tierra, que de este vuelo, soy carne de suicidio, del que siento estar a punto, y yo ya no me subo en aviones de papel sin paracaídas. Por favor, más me duele a mí decidirlo, pero, no te quiero así, y si vas a seguir así, sal ya de mi vida.



Noche 16

¿Imponer ideologías como ley?
Ni tu pensamiento ni tu crucifijo serán de mi cuerpo, el rey.
No me gobernarás.
No me obligarás.
Me prefieres muerta en la clandestinidad,
antes de permitirme libre de optar.

Hipócritas al gritar libertad,
cuando también intentan mandar en la vida ajena.
Mi vida no es una avenida turística de puertas abiertas
donde podáis pasear vuestras pataletas.

Ocuparse de las millones de personas de este jodido planeta
que según ustedes tuvieron la suerte de nacer,
pero sufren el hambre, la pena,
la falta de recursos primarios y hasta la sed.
Pura incomprensión de la inhumanidad.
A mí, dejadme mi cuerpo en paz.

Vuestros votos podrán sumar o restar,
pero no serán quienes conquisten mi cuerpo como cual Christian Grey,
ni yo seré una Anastasia más, que se deje domesticar.
El aborto será de ley.


Tauromaquia

Lo llaman arte.
Pero el toro es el que lidia con el animal más bravo,
que no os engañen.
Una cornada tras otra entre vitoreos y aplausos, hasta matarle.
Se apropian como premio, las orejas o el rabo.
Malditos macabros
y su carnicería más salvaje.
Para ellos, un deporte;
para los animales,
un completo agravio.
Qué sádicos cuando se nombran sus amantes.
Los burlan frente a sus trajes de luces,
derramando la sangre
entre banderillas y capotes.
El toro agonizante, sufre la muerte.
Ni cultura ni festejo pudiera llamarse,
pero mientras exista público que aplaude
este crimen, seguirá llamándose arte.

Lamentable.






Noche 15

Mientras las voces de tu cabeza te llenan de malos pensamientos y peores consejos, tú deseas, a veces por tan solo un momento, morir de la manera más rápida. O quizá matar. Después de ese macabro tormento, respiras profundo y vuelves a la vida; y sin decirte a ti mismo lo siento, de nuevo saltas con más fuerza a por otro intento. Eres como Mario Bros y la recolección de cien monedas que le concedían una vida extra. Si fueses gato, de tus siete vidas, ya irías por la sexta. Pero solo tienes una vida, y después de las caídas, tú siempre vuelves con más ganas. Nada puede contigo, aunque se transformen en cuestas las rectas más planas.

Noche 12

Estamos tan distraídos,
empeñados en encontrarnos de cara con la felicidad que,
obviamos que tal vez la felicidad no reside en un lugar;
porque quizá no sea en dónde ni con quién.

Lo más seguro es que si escoges tu mejor versión,
puedas encontrarla en ti,
en tu propia satisfacción, en el amor propio,
en el hogar de un instante diminuto.
La magia de tropezar en la tan demandada felicidad,
se pierde si crees que solo un lugar o solo una persona,
es su dirección.


Noche 11

La represión.

La represión empuja a cometer conspiración,
movimientos encubiertos, barricadas, luchas o vandalismo lo llaman.
Una vez conseguida la victoria, se aglomera la emoción.
La emoción por hacer todo aquello que antes era prohibido.
Llega el desfase, el ondeo de banderas de la libertad poderosa,
de la libertad ansiada, y el corazón desinhibido.

La represión fue la culpable de esta locura social
organizada con el descontrol
del que no sabe o no deja avanzar.
Solo hemos podido evolucionar en teoría;
la práctica es otra asignatura que, en esta aparente sociedad moderna,
suspende la mayoría.


Noche 10

Qué bueno la gente que sabe agradecer. A veces esperé una poca de gratitud por parte de quienes alguna vez demostré lo que podía hacer por ellos. Me dieron las nueve y las diez. Y pasadas las doce de la noche, supe que ya no lo iban a hacer. Esperé demasiado de quienes no supieron corresponder con una sola palabra. Joder, una sola palabra.

                  Qué bueno la gente que sí sabe decir "gracias."
                                  Aunque sean mediante
                                                 un
                                               simple
                                               gesto.


Noche 8

Enhorabuena.
He logrado pasar siete días completos sin hablarte.
Quizá deba celebrarlo con unas cuantas Estrella Galicia
mientras creo imaginar que empequeñecen mis heridas,
tal como encogió en el país de las maravillas, Alicia.

O tal vez mi corazón sea más preso que gaviota,
y deba llamarme, una y otra vez,

              idiota.

Noche 7

Hay varias formas de culpabilidad,
pero siempre emerge visible
cuando la mente ya no puede más.

Está la culpa que carcome entre las horas de la madrugada.
Reconcome el recuerdo
junto al pensamiento de no haber hecho más nada.
La culpa a destiempo,
o la culpa que no es propia
pero asumes como rompecabezas de pasatiempo.

No importa que quieras aceptar o no, a la responsabilidad,
la culpa se avecina nocturna
hundiendo sus zarpas
en el desconsuelo de tu mirada taciturna.
Junto a ella, la pena que ya te conoce,
acecha entre las sombras, después de las doce.

Volver

Quiero volver a aquellos días de frío en los que
estos eran la excusa perfecta para abrazarnos.
Volver a las noches de peli y sofá.
A los besos lentos y caricias bajo la manta.
A las veces en las que te pedía mirarte, porque
tus ojos eran el mejor cielo donde lanzarme a volar.
Volver a las despedidas donde me agarrabas,
con un irrefrenable deseo, la mano,
pidiéndome quedarme un poco más.
Volver a las cenas compartidas de comida rápida,
chuches y miradas cómplices.
Recuerdo las sonrisas al tocarnos, las quiero otra vez,
quiero mi timidez aparente sobre tu mirada fija,
quiero tu vergüenza tan tierna
cuando decías que te imponía, y joder,
quiero de nuevo nuestras risas a voces.
Quiero los veranos que provocábamos
un 28 de enero, cuando juntábamos los cuerpos.
Los corazones sonando tan fuerte frente
a los nervios inocentes y los dedos enlazados,
reclamándonos nuestros.
Quiero volver a tu amor cálido, divertido,
atrevido y apasionado.
A tu transparencia.
Tu desnudez interior.
Volver a aque…

Noche 4

Qué irónicas son las horas.
Con lo lentas que parecen suceder un día cualquiera,
y lo rápidas que corren por delante nuestra, en tanto lo ignoras,
cuando más a gusto estamos.
Deseamos congelar el tiempo frente
a lo que amamos.
Un paisaje o el momento de antes de una despedida;
un beso en los labios, un abrazo tierno,
o una caricia detenida
sobre la espalda.
Las horas, a veces,
visten de minifalda
y se les ve
el miedo a ser vistas,
al correr.
Nos hacen detenernos pesarosos ante la pena,
la pena de aspecto eterno;
un momento apenado,
es un momento muerto;
los segundos se transforman en minutos empoderados,
y así, la mayoría del minutero,
desaprovechado.

Noche 3

Con lo fácil que sería decirte que te echo de menos. Y mírame, aquí, hundiendo mi corazón en el poso de esta lata de cerveza americana. También de la alemana. Procurando ser fuerte para no venirme tan abajo como la mirada de mis ojos cuando miran al suelo, mientras voy pensando en ti.

Con lo fácil que sería perdonarte, perdonarnos.
Pero mi felicidad es proporcional a esos momentos buenos que tenemos.
Y ya no quiero que dependa solo de que tú y yo estemos bien.
Cuando estamos mal... me bajo del mundo y me hundo en algún tipo de universo paralelo, compuesto de un invierno a bajo cero. Y ya no quiero.

                             ¡No quiero!

Predicciones

Me importa muy poco lo que prediga, sobre nosotros, el destino.
Yo solo hago caso a estos putos golpes de voz que mi propio corazón lanza contra mí,
cuando no estamos ni somos.

Cómo no hacerle caso,
si mientras lleve a mis ojos de tu ausencia,
este jodido corazón, no calla.


Noche 2

El rojo de tu boca eclipsa la punta de mi lengua, cuando la rozo con tus labios. Estos son la luna de sangre. Tu barbilla, Marte. Tu cuerpo, el cielo por completo.

Dependencia emocional

Sí, le echo de menos.
Pues claro, joder.

Me apuñala
y me atraviesa la piel
y la carne.
Me aprisiona,
y me deja sin aire para gritar.
Me arrebata la paz.

Pero también lamía sobre mi tristeza
y me dejaba apoyar entre sus brazos.
Mi sonrisa era suya.

Y eso,
eso es justo por lo que volvería de nuevo
a aquel jodido infierno.

Acoso

Ya no existen las miradas inocentes
que te contemplaban con sutileza,
quizá tímida,
quizá con intención de conquista,
quizá inexperta.

Ya no existen aquellas miradas,
sino, las depredadoras,
las de cazador,
las posesivas,
las groseras,
las invasivas.

Dicen que no pasa na'.
Lo abusivo tapizado de normalidad.

Sociedad revolucionaria

Somos la sociedad que no asume el compromiso
con la evolución. Decimos mucho y hacemos muy poco o nada. Demasiados hipócritas y queda bien. Una sociedad que convierte a la mujer  en artículo de carnicería. El acoso sexual parece normalizado; son esas miradas que rozan y atraviesan la grosería; esas palabras de más, que denigra el significado de respeto. Una sociedad creada por nuevas generaciones que se educaron sin el ejemplo de romanticismo; ni cartas ni flores, ya solo se dedican canciones sobre sexo.
Hoy, desfilan los falsos amigos de internet que aplauden por un follow a cambio. Todo controlado por la superficialidad, el poder, la avaricia o el qué dirán.
Hoy, está de moda la réplica contra la defensa de un tema que toque la fibra. Siempre va a haber alguien que se oponga y te rebata; de eso, hoy, nadie se libra. Si eres mujer y hablas en contra de un asesinato machista, te hablarán de por qué no pones la misma pasión o interés en la noticia de aquel asesinato que protagonizó una…

A la mierda

Es muy sencillo decir que seamos sinceros y comunicativos con lo que sentimos. ¡A la mierda! A la mierda todos los que te miran con pena e intentan que abras tus putas heridas como si fueras a devolver esa puta bilis que te remueve el estómago y entonces, todo parase. Que se vayan a la mierda, todos los que te aconsejan que hay que seguir adelante y ser felices. Como si existiese en algún recoveco de mi cuerpo esa escurridiza felicidad. Nadie que no haya pasado por algo parecido al infierno, sabrá lo duro que es contar esa verdad; lo imposible que es. Que me he mirado al espejo y he sentido asco, y he sentido odio al mirarme. Apenas me miraba para evitar esa maldita sensación. Me importé una mierda. Me traté como a un objeto al que mi mente movía con ese automatismo suyo, de un lado a otro, al que debía ir. Mi cuerpo estaba presente, mi cabeza... mi cabeza siempre estuvo en otro lugar. Dormía hasta las 14:00 de la tarde solo para poder encontrar esa estúpida felicidad en mis putos sue…

Noche 1

Beso a la luna con mis ojos fijos
sobre su vestido blanco, impecable y cristalino.
Las estrellas rumorean sobre nuestro romance,
deseando que el cielo las abrace
como yo abrazo al cuerpo celeste
con mi mirada clandestina y salvaje.

Dicen que nuestro amor es lunático.
Quizá para ellas no tenga sentido.
A diferencia, yo practico el amor, no lo predico.

Que digan lo que quieran.
Yo,
soy feliz a mi manera.


Plena vejez

Los surcos de mi piel
muestran todos mis años.
Cada pliegue representa un momento feliz,
quizá una fecha exacta, o tal vez
un amor que pasó por mi vida dejando
alguna que otra cicatriz.

Me llaman viejo,
pero mi niño interior aún vive;
lo siento dentro, saltando tan alto
como mis piernas ya no pueden.

Torpeza,
olvido,
quizá despiste.

Todo llega,
de pronto abres los ojos y
todo llega, ya ha llegado.

El torrente de energía se calma,
ya no hay llama viva en esta mecha anticuada.
Me llaman viejo
y es cierto que mis ojos marchitos me delatan;
y es cierto que en mi piel cuelgan mis noches más largas;
y es cierto que soy
débil, lento y tal vez aunque no lo admita, dependiente,
pero tengo tantas ganas de vivir como siempre.
Aunque ya no sonrío vigoroso,
si no, nostálgico.

Mi mente recuerda,
se entristece con profunda nostalgia.
La vida varía, y yo me siento un bebé descubriendo
las rarezas de este mundo.
Aprendo a conocerme a mí mismo
porque ya no parezco el mismo,
y eso me fatiga.
Y sí, me ll…

El miedo en el amor

Él nos incapacita,
se burla de nuestra seguridad,
nos empuja hacia la duda.

Él nos manipula,
nos cela,
nos hace caprichosos,
bestias,
totalmente irracionales,
y portadores
de la enfermedad más aguda.

El miedo
es el domador de emociones
y acciones.

Más fuerte, más potente y más fiero
que cualquier maldita droga.

El miedo,
ese miedo,
es el irremediable tropiezo
que se prolonga hasta llevar con nosotros,
a quien decimos amar, hacia la soga.

No te reconozco

Debemos ser algo así como una constante variable,
o quizá tenemos en nuestra cabecita
un duende que nos diga
olvídalo todo
y entonces,
nosotros lo olvidamos todo
como por cuestión de inercia;
como si no hubiese pasado por nosotros
aquella persona que duró 365 noches.
Ya te dejan de vislumbrar sus manías
que te llegaron a gustar de forma crónica;
también sus poderes
para hacerte frágil e inderrotable.

Así de fácil nos olvidamos,
nos desaprendemos.

Y si no es así, entonces dime,
dime por qué no te reconozco.

Comerciantes de ilusiones

Me podrán sangrar las puntas de los dedos escribiendo sobre mis noches más tristes, y me seguirán negando la entrada a mi propio ensueño. Pero esos jodidos comerciantes de ilusiones, no van a quedarse con mi mérito. No los necesito.

El cuidador

Ha llegado el momento. Me siento ajeno a todo, como si todo fuera incierto. Pero esta realidad supera la magnitud compleja de un sueño. La anciana que he estado cuidando era pura fragilidad; huesos ya rotos, como el cristal fino y débil. Pero ella, fue todo un huracán revolviendo mis emociones por dentro; quise mimar y mimé su piel manchada, arrugada y bruta. Yo sentía cómo clavaba su mirada sobre mi nuca, y me he sentido claustrofóbico entre su olor senil y su sonrisa agradecida. Pero eso me gustaba.
Me ato los cordones de estos zapatos negros, de brillo impoluto, que apenas suelo usar. No los quisiera tener que usar. Voy de camino a su entierro. Y me invade su recuerdo, cuando decía que me alejara de ella. No entiendo por qué querría eso. Se supone que debería estar pensando en lo buena persona que fue, y lo bonita que era su alma, pero no cesan de llegarme escenas de todo lo que he sido por ella, y de todo lo que últimamente me ha hecho hacer, tan sucio. Maldita sea, esa perra m…

¿Apostamos?

Quiero apostar por ti.
Mirarte un día y darme cuenta de
que eres todo lo que he buscado.
Detenerme en tus ojos y
transportarme a otro mundo
al mirarlos.
Agarrarme a tu cintura como si
fuese mi amuleto.
Perder mis miedos cuando me
abraces, y mis dudas cuando me
mires a los ojos.
Que puedas mirarme y ver en mí
a la persona que necesitas
contigo.
Llenar el sofá de palomitas por
comerte la boca en mitad de una
película.

Quiero arriesgar.
Si no me juego todo al rojo de tu corazón,
cómo saber que eres quien me hace bien,
o me hará mal.

Una hoja en blanco

Prefiero dejar la hoja en blanco a
escribirte unas palabras donde
trasladarte lo que me haces sentir
y cuánnto me gusta esa persona
que soy, contigo.
Prefiero dejar la hoja en blanco
porque no quiero crear una ilusión
preconcebida.
Quiero que
podamos mirarnos fijamente y
sepamos entendernos con la
mirada.
Tus ojos en los míos, y mi
corazón encajado en el tuyo...
o no.
Soy como un puzzle con una
pieza perdida y quiero encontrarte
como si tú fueras esa pieza.
Mi pieza.
Mi pieza perdida.

Pueblo y gobierno

Si no fuésemos tan borregos,
conformistas y autodestructivos,
no habría tanto títere
despellejando la confianza de quien quiere
y de quien necesita
mejorar.

Somos la sociedad burlada
a manos de la avaricia de poder.
A ellos no les conviene
que tú puedas prosperar.

Quieto, pobre, ignorante y con bozal,
eres mejor marioneta.

Progreso

Por las noches cerraba tan fuerte los ojos.
Quería desaparecer;
incluso rogué a la fe.
Me alentaba dentro de mis sueños.
Me prometía que saldría de esta.
Buscaba alguna excusa para creerlo.

Sin ilusiones,
no hay resurgimiento.

Huelga contra los piratas

El despotismo de la opresión nos controla.
El sistema nos controla.
Vivimos consumistas por unas necesidades
superficiales;
somos embaucados por el capitalismo.

Trabajadores explotados
con horarios reprochables,
y sueldos, descompensados
en relación a la labor realizada.
Esclavizados.
Desmoralizados por la mínima recompensa
y la falta de tiempo en ocio y descanso.

Todavía en este sigo XXI existe el explotador con su látigo.
Es la palabra del cacique.
La amenaza, es el despido.
La amenaza, es no poder mantener a una familia;
es no poder mantenerte a ti mismo.

Y eso, es miedo.
Así nos manejan, con el miedo.

El vendedor mira hacia su ombligo.
Los caciques recogen el mayor porte del beneficio,
recolectado por la mano de obra de los empleados marionetas.
El consumidor echa la vista hacia un lado,
solo piensa en su bolsillo.
La oferta y la demanda.
Venga, vacía tu bolsillo.
No importa el trabajador explotado.
No importa que realmente, en el fondo,
tú también seas engañado.

Aplaude tu estupi…

Provocación

Una noche cualquiera
me tropiezo con tus ojos fijos mirándome.
No deberías mirarme así, y lo sabes.
No debería mirarte así, y lo sé.
Qué haces tentándome, sonriéndome.
Quizá debiera hacer como que no estás
ni importas; es que ya no me importas pero...
por Dios, para.
Quizá reprocharte que te atrevas a entrar a mis ojos
con tu mirada,
y que lo hagas todavía con esa cara insinuante.

Deja de mirarme así, joder,
que me matas.
Hazle caso a tu acompañante.


Trauma

Tirame los platos sucios,
grita, berrea, mírame odiándome,
manipulame,
y haz que todo el mundo crea
que estoy a tus pies.
Sigue,
agárrame de la muñeca con tanta fuerza como
la que te falta para saber quererme bien,
si así crees que te sientes mejor.

En eso se resumía todo lo que fuimos,
mientras tú lo llamabas amor.

Maldito amor.

Miré hacia abajo
y tú sonreías burlón,
pensando que eras rey, mi rey.

Quizá has gobernado mi juicio
hasta extirpar mis ganas de vivir
llevándome a la locura;
quizá has apretado de más a mi piel,
quien solo te pedía noble.
Y dicen por ahí que el tiempo todo lo cura.

Y no es verdad.

Eres una cicatriz lo bastante profunda
para que todavía, sigas presente,
porque fuiste la enfermedad degenerativa
de mi mente.

Te vencí, sola.

Ahora,
eres trauma.

Eclipse

Dime,
hacia dónde van todas las heridas que nos hacemos,
cuando nuestras miradas hacen eclipse.

Nos abrazamos a todo cuanto merece la pena.
Somos mucho más que el error que atraviesa nuestro pecho;
que la palabra hiriente en forma de cuchillo sobre nuestro cuello
en mitad de una trifulca;
somos mucho más que la infundada travesía
a la que corremos a través de nuestra piel, con zapatos de clavos.

Cariño, me haces daño,
y también yo a ti,
pero,
pasados tres días y dos noches
recuerdo que pese a todo,
donde estoy mejor es bajo tus brazos,
tan a salvo.

Y cuando volvemos
a mirarnos a los ojos,

ya nos hemos arreglado.

Musa

Qué son las musas,
si no, pequeños detalles que el ojo humano a veces no capta
a primera impresión.
Una parada sobre cualquier momento, persona o razón,
que te permite la invasión hacia su lado más
emocional y significativo.
La apariencia esconde siempre su faceta más polifacética;
artística o dramática,
arrogante o sentimental.

Musa eres tú.
Musa, también soy yo.

Musa es el hombre que
sigue regalando flores un día cualquiera.

Musa es la mujer que
lucha a diario para mantener y educar a sus hijos
dejándose ella siempre en último lugar.

La gente diferente son musa, inspiración.

Musa eres tú,
que me miras con esos ojos tiernos cuando me marcho
y me piden en silencio que no me vaya.
Y me regalas besos de más
cuando te pongo la cara y le robas a mi boca.

Inspiración es todo aquello que
por mínimo, invisible e imperceptible que sea,
irrumpe en la mente del artista,
como droga que magnifica por completo,
toda sensación.

Lujuria

Me muerdes la boca
con instinto cazador.
Tu adrenalina es una loba
cazando carne en la noche;
para tus ojos de animal mi piel está bañada en luces de neón.

No hay posible huida.
Eres mi perdición.

Quitapenas

Amores de pasatiempo:
medicina alternativa.
No cura, solo alivia por solo un momento.
Buscas aventuras bajo las sábanas
mientras el recuerdo se está yendo,
en lo que dura el arrebato.

"Necesito tiempo", grita el corazón.
"Ve a contarle a otro el cuento,
estoy harto de tus miedos",
le dicen sus ganas de superación.

Ya no es lo mismo

La frenesí a flor de piel se hace cenizas tras mis pies;
tras mis años de traumas; tras la pasión corrompida y desgastada.
Exhumo mis ganas por vivir, sentir, amar.
No puedo notar nada de este mundo como antes.
Ni yo sé qué ocurre, solo sé que me siento torpe; yo no soy yo.
Quizá por todo lo que ya colisionó en mis vértices,
como un barco de papel hundido en la mar;
sí, quizá por todo eso yo ya no soy yo.
Me cansa todo, me aburre todo hasta decir para, basta;
y eso pesa cada vez más.
Me despisto entre la voz de mi cabeza,
y yo le digo, sal, sal de mí, ya.
Aquella cuerda que lancé a lo alto de mis lágrimas
me lograron ahorcar.

Doblegación

Estamos predestinados al odio, como los hermanos Gallagher. Somos el huracán Joyce amenazando Miami. Miami es nuestro amor. Amenazamos con marcharnos, con arrasar con los buenos momentos y escupirlos en reproches. El orgullo es capaz de disfrazar todo lo bueno que podemos sentir en declaraciones de guerra, en gritos e insultos. Y si rajas la piel y abres en canal a esos gritos e insultos, encontrarás al fondo a la derecha, al amor. Un amor que no sé si vale la pena pero que deja grandes huellas sobre el corazón. Imborrables. Como imborrable lo eres tú. En las noches a solas, sin ti, mi piel te pide y extraña tus abrazos, pero yo no consigo olvidarme de tanto daño. Y no sé qué hacer. Deberíamos dejarlo, pero tomé de tu cielo demasiados gramos.

                        Esta mierda nos está matando.
                                 Y aun así, te amo.






Derrotados

Cuando nos sentimos derrotados
yo te pido pause,
tú, que me baje de tu tren.

Si tú quieres, yo me bajo,
nuestros corazones no están casados.

Ven,
le digo a mi depresión.
Vamos a coger el metro.

A la mierda el amor.

Querido amor de vaivén:

Deja de quemar rueda, por favor.
Que no soy una maldita pista de carreras
para que corras y pares cada vez que tú quieras.

Sacas tu navaja afilada como por sorpresa
y consigues despistarme.
Dime qué quieres;
yo siempre voy a negarme a ser tu presa.

Así que quiéreme bien o para,
o vas a matarme.

Etiquetas

Vivimos en una sociedad en la que todo está regido por etiquetas. Tenemos la desatinada necesidad de etiquetar todo aquello que sentimos, cómo lo sentimos y por qué. El mundo las necesita.
Hemos llegado a un nivel de extrema terquedad por clasificar todo aquello cuanto somos, que vivimos aislando y echando a perder el valor de todas las emociones que producimos. No es necesario saber por qué somos algo o por qué no lo somos; lo necesario es saber entender quiénes somos... y aceptarlo; que no lo entienda el resto, es su problema, no el nuestro.
Bicho raro, antisocial, golfo, puta, feminazi, facha, hetero, gay, lesbiana, pansexual, asexual, chulo, aburrido, soso. Toda esa mierda que se nos asigna, no nos identifica. Somos siempre más. Yo no quiero tener que llevar en la frente, o quizá pegada a la camisa, una jodida etiqueta que grite qué soy, quién y por qué. Que se muera el mundo, si no lo entiende. No somos nada nuevo. Todo lo que decimos ser o todo lo que cuentan que somos, ya ha exi…

No lo hagas

No me juzgues por mis gustos,
ni por mis manías como la sentarme siempre al fondo,
o morderme el alma cuando mis nervios tocan fondo.
Ni me juzgues por estos labios, a veces tan exhaustos,
que pierden la fuerza para gritar "aquí estoy yo."

No me juzgues por mi amor;
por la manera en la que sé querer.
Ni lo hagas porque no quiera ser
                 como los demás;

la manera en la que soy,
es la única manera en la que soy plenamente yo y nadie más.
Es que, no quiero ser como tú, ni como aquel.
Ser diferente es la mejor etiqueta
                   que puedo tener
en este mundo
tan precozmente radical
                             y rotundo
en su jugada ligera de juzgar.

Perdonad si no quiero participar
en la aglomeración de borregos,

                          malditos necios.

Ni pude ni supe

Mi corazón idiota siempre tan tremendamente
                  utópico
                       y fantasioso;

por convertir en tirita a la persona que quería querer pero no quise;
                            no pude.
Y por dejarme ser, también yo, el apósito de quien no logró quererme,
y aunque decidí olvidarle,
                            no supe.

Su inmensidad le hace gigante

Yo que soy aquella afortunada por abrazar la inmensidad de su cariño.
Soy quien baila sobre sus manos guías
y trae de vuelta a mi boca, la sonrisa de cualquier niño
                                                                    feliz.
No puedo aguantarme las ganas de quererle;
y a ciegas, también me quiere a mí.
Su corazón es una isla enorme
en la que me siento viajante.

     Cariño, no hay nadie como tú.
  Tu inmensidad emocional te hace
                 g i g a n t e.





Valentine

Amanece julio. Abres los ojos con tu azul oscuro, mirando con toda la atención a cualquier detalle, ya sea mínimo. Te entusiasma, te distrae. Sientes el hambre de la curiosidad; quieres conocerlo todo. Tus 3 kilos '300 sobre mis brazos invaden mi boca y te sonrío, mientras tú sonríes a la vida, tan inocente, que esta te besa los pies. Y yo, que te miro perdida en cada una de tus miradas... te juro, que toda mi vida te voy a querer.

¡Malditos enfermos!

Acúsame de enferma.
Acúsame de anormal, porque no hay antídoto que merma la repugnancia que siente sobre mí la mitad de la sociedad.
Dime que te doy asco, que me quieres lejos, que prefieres morirte a tener un hijo como yo. Siéntete un poco mejor diciendo que soy el remedio de Dios
para la superpoblación.
Miéntete; miéntete, joder.
Pero mientras yo y la gente como yo no hace daño a nadie por ser nosotros mismos, uno de cada veinte suicidios se lleva a cabo por prejuiciosos como tú. Vosotros sois veneno y abismo. Vosotros sois, de este injusto mundo, el apagón de luz.

El chico invisible

Mi vida estaba patas arriba. No tenía ninguna idea de cómo sería mi futuro, de hecho, incluso no me importaba nada; yo no me importaba nada. Suena muy lamentable, pero siempre fui muy dejado conmigo mismo. Quizá tuvo que ver el hecho de que siempre fui un cobarde; por ejemplo, en la escuela, nunca me defendí de los insultos, cuando lo hacían a 20 centímetros tras mi espalda. El murmuro podría golpear con su aliento contra mi nuca, y yo nunca tuve los cojones de volverme y decirles a la cara que me importaban todos ellos una mierda. Que no tenían derecho, joder. ¡Pero quiénes se creían! No eran nadie, eran apariencias, pero tan indefensos e imperfectos como yo podría serlo. La diferencia siempre estuvo marcada en que ellos tenían el atrevimiento de intentar crecerse a toda costa, y yo... yo solo vagaba por mi vida, de puntillas, por si así el mundo me palpaba invisible y no tenía, de esa manera, que esconderme de nada ni nadie. El mundo entero me dolía. El pasar de los días, para mí, …

Malviviendo

Soy un padre de familia en paro.
Con los contratos a corto plazo y tan poco rentables
no me llega para casi nada, pero paso por el aro.
Por mis hijos me convierto en marioneta y esclavo.

Ahora en las calles pongo la mano,
no me queda de otra.
La gente me mira raro y yo me siento un delincuente.
El gobierno no ampara a la gente pobre y sin recursos
de su misma nacionalidad.
Solo amparan a aquellos de los que sacan beneficio;
comercian con la más menesterosa necesidad
de los inmigrantes.
Compran su prestigio, para eliminar cualquier etiqueta racista
y así nadie les pueda señalar.
Cuánta falsa apariencia.
Yo sí les voy a señalar.

Gente como yo, somos esa clase de personas que
a la gente de corbata, les estorba.
Nos barren de las calles en fechas especialmente señaladas;
pero no sé quiénes son más sucios,
si sus corazones podridos por el dinero
o nosotros, mendigando hasta las sobras, para sobrevivir.
Yo por mi familia, soy más fiero que todos ellos.
Cabrones, por mí, se podéis extinguir.

Guerreras

Que vengan y me digan a la cara que pertenezco al sexo débil.
Yo, que no necesito a ningún hombre para hacer nada.
Ellos, una importante mayoría, que necesitan a las mujeres para hacerles todo.
Que vengan y le digan a todas las madres que tuvieron los cojones de aguantar
cómo se ensanchaban sus vientres, cómo rompían sus caderas y sufrían
todo el dolor que supone dar a luz, que son unas delicadas y unas débiles.

Que nos digan que no somos fuertes por soportar durante toda una vida,
cómo paseamos a nuestra libertad con la intranquilidad
que provoca el patriarcado machista por las calles:
con sus estúpidas miradas impertinentes y sus piropos groseros, de mal gusto
y especialmente innecesarios, y aun así somos nosotras las malajes
si expresamos nuestra ofensa.

Con nuestro miedo imparable, concentrado sobre la noche,
somos la presa de sus instintos débiles.
E l l o s   s o n   l o s   d é b i l e s.
Porque nunca supieron controlar sus monstruos.
Y son tan cobardes, que quieren jugar a fin…

Aquí y ahora

La recuerdo ensimismada, quizá perdida en los recuerdos; luciendo corazas por bandera. El pasado le había hecho tanto daño que el acto más simple como rozarle, le causaba rechazo. Era tal el miedo a volver a sentir aquella sensación de abandono y de padecimiento, que parecía incapaz de vivir el aquí y ahora. Las noches para ella eran tristes. Recuerdo verla taciturna, sujetando con sus dedos alguna taza de café frío, mirando hacia la nada, con sus ojos huyendo del presente. Yo estaba allí, le tocaba el hombro, como queriéndole decir que todo aquello ya había pasado, y ahora tocaba vivir otras cosas. La quería; la quería tanto... pero me sentía tan invisible compitiendo con su nostalgia... Le decía que se viniera a la cama, que era tarde. Me moría por abrazarla tan fuerte... Pero ella solo contestaba que iría después; que no la esperase.
Un día cualquiera me cansé de esperarla, con su lado de la cama tan frío, como el vacío de mis brazos. Y le grité, le grité muy fuerte:
-Me duele ta…

Sí puedo

¿Debilidad?
A veces creemos ser menos fuertes y menos valientes
de lo que en ocasiones las circunstancias nos imponen.
Ten cojones de creer en ti.
Soy el puto amo, dilo.
Porque cuando sientes que no puedes más,
a veces te aborda ese oportuno y extraño superpoder
como un as bajo la manga,
que te hace indomable para el desaliento.
No digas no puedo.
Tú sí puedes.

Alas rotas

Pronunciabas te quiero, pero tus celos sobre mi cuello decían otra cosa. Me llamabas mariposa pero le impedías a mis alas desplegarse. Pero qué más querías de mí, maldito desastre.

Aprovecha la vida

Es tan delgada la línea que separa la vida de la muerte. A veces tan idos, tan intensos y tan dolidos queremos acabar con todo. Somos un instante con dos latas de cerveza mal aprovechadas. Ten la valentía de beber hasta la última gota del fondo.

El cuchillo

Suenas tan poco creíble
cuando me apuntas con el cuchillo
después de decirme que me quieres...

Luego vienes y pretendes hacer
como si nada hubiera ocurrido,
pero,
joder, cómo dueles.

La emanación de Kurt

Soy Kurt Cobain en un cuerpo de mujer;
la reencarnación del sufrimiento,
amañado para que no deje de doler.
El corazón oxidado por la rabia;
mis pies que tambalean en un puente de hierro frágil;
creo que tengo en mí el clima desértico de Arabia.

Mi estómago vulnerable que a veces me mata,
mis manos insensatas y mi corazón que se me sale,
no quiere estar dentro.
Joder, ciérrame el infierno
que sin querer, entro,

y no quiero.

Quiero golpear todo,
romperme las manos y sangrar con el caos,
pero mi fuerza emocional siempre me rescata.
El odio y el amor a la vida siempre empata;
y eso es suficiente para hacerme fuerte
y querer continuar buscando a la suerte
y que esta sobresalga.

Yo soy el puto invierno; yo soy quien se quiere y no me quiero.
Lucho en contra de todo, para que nadie me duela,
aunque a veces dejándome herir, soy yo quien más me hiero.

Soy suicida, soy lo antisocial, el escándalo público
y lo prohibido, como lo fue la erótica de Gustav Klimt:
el beso, Danaë o Judit.

E incluso c…