Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2018

Una hoja en blanco

Prefiero dejar la hoja en blanco a
escribirte unas palabras donde
trasladarte lo que me haces sentir
y cuánnto me gusta esa persona
que soy, contigo.
Prefiero dejar la hoja en blanco
porque no quiero crear una ilusión
preconcebida.
Quiero que
podamos mirarnos fijamente y
sepamos entendernos con la
mirada.
Tus ojos en los míos, y mi
corazón encajado en el tuyo...
o no.
Soy como un puzzle con una
pieza perdida y quiero encontrarte
como si tú fueras esa pieza.
Mi pieza.
Mi pieza perdida.

Pueblo y gobierno

Si no fuésemos tan borregos,
conformistas y autodestructivos,
no habría tanto títere
despellejando la confianza de quien quiere
y de quien necesita
mejorar.

Somos la sociedad burlada
a manos de la avaricia de poder.
A ellos no les conviene
que tú puedas prosperar.

Quieto, pobre, ignorante y con bozal,
eres mejor marioneta.

Progreso

Por las noches cerraba tan fuerte los ojos.
Quería desaparecer;
incluso rogué a la fe.
Me alentaba dentro de mis sueños.
Me prometía que saldría de esta.
Buscaba alguna excusa para creerlo.

Sin ilusiones,
no hay resurgimiento.

Huelga contra los piratas

El despotismo de la opresión nos controla.
El sistema nos controla.
Vivimos consumistas por unas necesidades
superficiales;
somos embaucados por el capitalismo.

Trabajadores explotados
con horarios reprochables,
y sueldos, descompensados
en relación a la labor realizada.
Esclavizados.
Desmoralizados por la mínima recompensa
y la falta de tiempo en ocio y descanso.

Todavía en este sigo XXI existe el explotador con su látigo.
Es la palabra del cacique.
La amenaza, es el despido.
La amenaza, es no poder mantener a una familia;
es no poder mantenerte a ti mismo.

Y eso, es miedo.
Así nos manejan, con el miedo.

El vendedor mira hacia su ombligo.
Los caciques recogen el mayor porte del beneficio,
recolectado por la mano de obra de los empleados marionetas.
El consumidor echa la vista hacia un lado,
solo piensa en su bolsillo.
La oferta y la demanda.
Venga, vacía tu bolsillo.
No importa el trabajador explotado.
No importa que realmente, en el fondo,
tú también seas engañado.

Aplaude tu estupi…

Provocación

Una noche cualquiera
me tropiezo con tus ojos fijos mirándome.
No deberías mirarme así, y lo sabes.
No debería mirarte así, y lo sé.
Qué haces tentándome, sonriéndome.
Quizá debiera hacer como que no estás
ni importas; es que ya no me importas pero...
por Dios, para.
Quizá reprocharte que te atrevas a entrar a mis ojos
con tu mirada,
y que lo hagas todavía con esa cara insinuante.

Deja de mirarme así, joder,
que me matas.
Hazle caso a tu acompañante.


Trauma

Tirame los platos sucios,
grita, berrea, mírame odiándome,
manipulame,
y haz que todo el mundo crea
que estoy a tus pies.
Sigue,
agárrame de la muñeca con tanta fuerza como
la que te falta para saber quererme bien,
si así crees que te sientes mejor.

En eso se resumía todo lo que fuimos,
mientras tú lo llamabas amor.

Maldito amor.

Miré hacia abajo
y tú sonreías burlón,
pensando que eras rey, mi rey.

Quizá has gobernado mi juicio
hasta extirpar mis ganas de vivir
llevándome a la locura;
quizá has apretado de más a mi piel,
quien solo te pedía noble.
Y dicen por ahí que el tiempo todo lo cura.

Y no es verdad.

Eres una cicatriz lo bastante profunda
para que todavía, sigas presente,
porque fuiste la enfermedad degenerativa
de mi mente.

Te vencí, sola.

Ahora,
eres trauma.

Eclipse

Dime,
hacia dónde van todas las heridas que nos hacemos,
cuando nuestras miradas hacen eclipse.

Nos abrazamos a todo cuanto merece la pena.
Somos mucho más que el error que atraviesa nuestro pecho;
que la palabra hiriente en forma de cuchillo sobre nuestro cuello
en mitad de una trifulca;
somos mucho más que la infundada travesía
a la que corremos a través de nuestra piel, con zapatos de clavos.

Cariño, me haces daño,
y también yo a ti,
pero,
pasados tres días y dos noches
recuerdo que pese a todo,
donde estoy mejor es bajo tus brazos,
tan a salvo.

Y cuando volvemos
a mirarnos a los ojos,

ya nos hemos arreglado.

Musa

Qué son las musas,
si no, pequeños detalles que el ojo humano a veces no capta
a primera impresión.
Una parada sobre cualquier momento, persona o razón,
que te permite la invasión hacia su lado más
emocional y significativo.
La apariencia esconde siempre su faceta más polifacética;
artística o dramática,
arrogante o sentimental.

Musa eres tú.
Musa, también soy yo.

Musa es el hombre que
sigue regalando flores un día cualquiera.

Musa es la mujer que
lucha a diario para mantener y educar a sus hijos
dejándose ella siempre en último lugar.

La gente diferente son musa, inspiración.

Musa eres tú,
que me miras con esos ojos tiernos cuando me marcho
y me piden en silencio que no me vaya.
Y me regalas besos de más
cuando te pongo la cara y le robas a mi boca.

Inspiración es todo aquello que
por mínimo, invisible e imperceptible que sea,
irrumpe en la mente del artista,
como droga que magnifica por completo,
toda sensación.

Lujuria

Me muerdes la boca
con instinto cazador.
Tu adrenalina es una loba
cazando carne en la noche;
para tus ojos de animal mi piel está bañada en luces de neón.

No hay posible huida.
Eres mi perdición.

Quitapenas

Amores de pasatiempo:
medicina alternativa.
No cura, solo alivia por solo un momento.
Buscas aventuras bajo las sábanas
mientras el recuerdo se está yendo,
en lo que dura el arrebato.

"Necesito tiempo", grita el corazón.
"Ve a contarle a otro el cuento,
estoy harto de tus miedos",
le dicen sus ganas de superación.

Ya no es lo mismo

La frenesí a flor de piel se hace cenizas tras mis pies;
tras mis años de traumas; tras la pasión corrompida y desgastada.
Exhumo mis ganas por vivir, sentir, amar.
No puedo notar nada de este mundo como antes.
Ni yo sé qué ocurre, solo sé que me siento torpe; yo no soy yo.
Quizá por todo lo que ya colisionó en mis vértices,
como un barco de papel hundido en la mar;
sí, quizá por todo eso yo ya no soy yo.
Me cansa todo, me aburre todo hasta decir para, basta;
y eso pesa cada vez más.
Me despisto entre la voz de mi cabeza,
y yo le digo, sal, sal de mí, ya.
Aquella cuerda que lancé a lo alto de mis lágrimas
me lograron ahorcar.

Doblegación

Estamos predestinados al odio, como los hermanos Gallagher. Somos el huracán Joyce amenazando Miami. Miami es nuestro amor. Amenazamos con marcharnos, con arrasar con los buenos momentos y escupirlos en reproches. El orgullo es capaz de disfrazar todo lo bueno que podemos sentir en declaraciones de guerra, en gritos e insultos. Y si rajas la piel y abres en canal a esos gritos e insultos, encontrarás al fondo a la derecha, al amor. Un amor que no sé si vale la pena pero que deja grandes huellas sobre el corazón. Imborrables. Como imborrable lo eres tú. En las noches a solas, sin ti, mi piel te pide y extraña tus abrazos, pero yo no consigo olvidarme de tanto daño. Y no sé qué hacer. Deberíamos dejarlo, pero tomé de tu cielo demasiados gramos.

                        Esta mierda nos está matando.
                                 Y aun así, te amo.






Derrotados

Cuando nos sentimos derrotados
yo te pido pause,
tú, que me baje de tu tren.

Si tú quieres, yo me bajo,
nuestros corazones no están casados.

Ven,
le digo a mi depresión.
Vamos a coger el metro.

A la mierda el amor.

Querido amor de vaivén:

Deja de quemar rueda, por favor.
Que no soy una maldita pista de carreras
para que corras y pares cada vez que tú quieras.

Sacas tu navaja afilada como por sorpresa
y consigues despistarme.
Dime qué quieres;
yo siempre voy a negarme a ser tu presa.

Así que quiéreme bien o para,
o vas a matarme.

Etiquetas

Vivimos en una sociedad en la que todo está regido por etiquetas. Tenemos la desatinada necesidad de etiquetar todo aquello que sentimos, cómo lo sentimos y por qué. El mundo las necesita.
Hemos llegado a un nivel de extrema terquedad por clasificar todo aquello cuanto somos, que vivimos aislando y echando a perder el valor de todas las emociones que producimos. No es necesario saber por qué somos algo o por qué no lo somos; lo necesario es saber entender quiénes somos... y aceptarlo; que no lo entienda el resto, es su problema, no el nuestro.
Bicho raro, antisocial, golfo, puta, feminazi, facha, hetero, gay, lesbiana, pansexual, asexual, chulo, aburrido, soso. Toda esa mierda que se nos asigna, no nos identifica. Somos siempre más. Yo no quiero tener que llevar en la frente, o quizá pegada a la camisa, una jodida etiqueta que grite qué soy, quién y por qué. Que se muera el mundo, si no lo entiende. No somos nada nuevo. Todo lo que decimos ser o todo lo que cuentan que somos, ya ha exi…

No lo hagas

No me juzgues por mis gustos,
ni por mis manías como la sentarme siempre al fondo,
o morderme el alma cuando mis nervios tocan fondo.
Ni me juzgues por estos labios, a veces tan exhaustos,
que pierden la fuerza para gritar "aquí estoy yo."

No me juzgues por mi amor;
por la manera en la que sé querer.
Ni lo hagas porque no quiera ser
                 como los demás;

la manera en la que soy,
es la única manera en la que soy plenamente yo y nadie más.
Es que, no quiero ser como tú, ni como aquel.
Ser diferente es la mejor etiqueta
                   que puedo tener
en este mundo
tan precozmente radical
                             y rotundo
en su jugada ligera de juzgar.

Perdonad si no quiero participar
en la aglomeración de borregos,

                          malditos necios.

Ni pude ni supe

Mi corazón idiota siempre tan tremendamente
                  utópico
                       y fantasioso;

por convertir en tirita a la persona que quería querer pero no quise;
                            no pude.
Y por dejarme ser, también yo, el apósito de quien no logró quererme,
y aunque decidí olvidarle,
                            no supe.

Su inmensidad le hace gigante

Yo que soy aquella afortunada por abrazar la inmensidad de su cariño.
Soy quien baila sobre sus manos guías
y trae de vuelta a mi boca, la sonrisa de cualquier niño
                                                                    feliz.
No puedo aguantarme las ganas de quererle;
y a ciegas, también me quiere a mí.
Su corazón es una isla enorme
en la que me siento viajante.

     Cariño, no hay nadie como tú.
  Tu inmensidad emocional te hace
                 g i g a n t e.





Valentine

Amanece julio. Abres los ojos con tu azul oscuro, mirando con toda la atención a cualquier detalle, ya sea mínimo. Te entusiasma, te distrae. Sientes el hambre de la curiosidad; quieres conocerlo todo. Tus 3 kilos '300 sobre mis brazos invaden mi boca y te sonrío, mientras tú sonríes a la vida, tan inocente, que esta te besa los pies. Y yo, que te miro perdida en cada una de tus miradas... te juro, que toda mi vida te voy a querer.

¡Malditos enfermos!

Acúsame de enferma.
Acúsame de anormal, porque no hay antídoto que merma la repugnancia que siente sobre mí la mitad de la sociedad.
Dime que te doy asco, que me quieres lejos, que prefieres morirte a tener un hijo como yo. Siéntete un poco mejor diciendo que soy el remedio de Dios
para la superpoblación.
Miéntete; miéntete, joder.
Pero mientras yo y la gente como yo no hace daño a nadie por ser nosotros mismos, uno de cada veinte suicidios se lleva a cabo por prejuiciosos como tú. Vosotros sois veneno y abismo. Vosotros sois, de este injusto mundo, el apagón de luz.

El chico invisible

Mi vida estaba patas arriba. No tenía ninguna idea de cómo sería mi futuro, de hecho, incluso no me importaba nada; yo no me importaba nada. Suena muy lamentable, pero siempre fui muy dejado conmigo mismo. Quizá tuvo que ver el hecho de que siempre fui un cobarde; por ejemplo, en la escuela, nunca me defendí de los insultos, cuando lo hacían a 20 centímetros tras mi espalda. El murmuro podría golpear con su aliento contra mi nuca, y yo nunca tuve los cojones de volverme y decirles a la cara que me importaban todos ellos una mierda. Que no tenían derecho, joder. ¡Pero quiénes se creían! No eran nadie, eran apariencias, pero tan indefensos e imperfectos como yo podría serlo. La diferencia siempre estuvo marcada en que ellos tenían el atrevimiento de intentar crecerse a toda costa, y yo... yo solo vagaba por mi vida, de puntillas, por si así el mundo me palpaba invisible y no tenía, de esa manera, que esconderme de nada ni nadie. El mundo entero me dolía. El pasar de los días, para mí, …

Malviviendo

Soy un padre de familia en paro.
Con los contratos a corto plazo y tan poco rentables
no me llega para casi nada, pero paso por el aro.
Por mis hijos me convierto en marioneta y esclavo.

Ahora en las calles pongo la mano,
no me queda de otra.
La gente me mira raro y yo me siento un delincuente.
El gobierno no ampara a la gente pobre y sin recursos
de su misma nacionalidad.
Solo amparan a aquellos de los que sacan beneficio;
comercian con la más menesterosa necesidad
de los inmigrantes.
Compran su prestigio, para eliminar cualquier etiqueta racista
y así nadie les pueda señalar.
Cuánta falsa apariencia.
Yo sí les voy a señalar.

Gente como yo, somos esa clase de personas que
a la gente de corbata, les estorba.
Nos barren de las calles en fechas especialmente señaladas;
pero no sé quiénes son más sucios,
si sus corazones podridos por el dinero
o nosotros, mendigando hasta las sobras, para sobrevivir.
Yo por mi familia, soy más fiero que todos ellos.
Cabrones, por mí, se podéis extinguir.

Guerreras

Que vengan y me digan a la cara que pertenezco al sexo débil.
Yo, que no necesito a ningún hombre para hacer nada.
Ellos, una importante mayoría, que necesitan a las mujeres para hacerles todo.
Que vengan y le digan a todas las madres que tuvieron los cojones de aguantar
cómo se ensanchaban sus vientres, cómo rompían sus caderas y sufrían
todo el dolor que supone dar a luz, que son unas delicadas y unas débiles.

Que nos digan que no somos fuertes por soportar durante toda una vida,
cómo paseamos a nuestra libertad con la intranquilidad
que provoca el patriarcado machista por las calles:
con sus estúpidas miradas impertinentes y sus piropos groseros, de mal gusto
y especialmente innecesarios, y aun así somos nosotras las malajes
si expresamos nuestra ofensa.

Con nuestro miedo imparable, concentrado sobre la noche,
somos la presa de sus instintos débiles.
E l l o s   s o n   l o s   d é b i l e s.
Porque nunca supieron controlar sus monstruos.
Y son tan cobardes, que quieren jugar a fin…

Aquí y ahora

La recuerdo ensimismada, quizá perdida en los recuerdos; luciendo corazas por bandera. El pasado le había hecho tanto daño que el acto más simple como rozarle, le causaba rechazo. Era tal el miedo a volver a sentir aquella sensación de abandono y de padecimiento, que parecía incapaz de vivir el aquí y ahora. Las noches para ella eran tristes. Recuerdo verla taciturna, sujetando con sus dedos alguna taza de café frío, mirando hacia la nada, con sus ojos huyendo del presente. Yo estaba allí, le tocaba el hombro, como queriéndole decir que todo aquello ya había pasado, y ahora tocaba vivir otras cosas. La quería; la quería tanto... pero me sentía tan invisible compitiendo con su nostalgia... Le decía que se viniera a la cama, que era tarde. Me moría por abrazarla tan fuerte... Pero ella solo contestaba que iría después; que no la esperase.
Un día cualquiera me cansé de esperarla, con su lado de la cama tan frío, como el vacío de mis brazos. Y le grité, le grité muy fuerte:
-Me duele ta…

Sí puedo

¿Debilidad?
A veces creemos ser menos fuertes y menos valientes
de lo que en ocasiones las circunstancias nos imponen.
Ten cojones de creer en ti.
Soy el puto amo, dilo.
Porque cuando sientes que no puedes más,
a veces te aborda ese oportuno y extraño superpoder
como un as bajo la manga,
que te hace indomable para el desaliento.
No digas no puedo.
Tú sí puedes.

Alas rotas

Pronunciabas te quiero, pero tus celos sobre mi cuello decían otra cosa. Me llamabas mariposa pero le impedías a mis alas desplegarse. Pero qué más querías de mí, maldito desastre.

Aprovecha la vida

Es tan delgada la línea que separa la vida de la muerte. A veces tan idos, tan intensos y tan dolidos queremos acabar con todo. Somos un instante con dos latas de cerveza mal aprovechadas. Ten la valentía de beber hasta la última gota del fondo.

El cuchillo

Suenas tan poco creíble
cuando me apuntas con el cuchillo
después de decirme que me quieres...

Luego vienes y pretendes hacer
como si nada hubiera ocurrido,
pero,
joder, cómo dueles.

La emanación de Kurt

Soy Kurt Cobain en un cuerpo de mujer;
la reencarnación del sufrimiento,
amañado para que no deje de doler.
El corazón oxidado por la rabia;
mis pies que tambalean en un puente de hierro frágil;
creo que tengo en mí el clima desértico de Arabia.

Mi estómago vulnerable que a veces me mata,
mis manos insensatas y mi corazón que se me sale,
no quiere estar dentro.
Joder, ciérrame el infierno
que sin querer, entro,

y no quiero.

Quiero golpear todo,
romperme las manos y sangrar con el caos,
pero mi fuerza emocional siempre me rescata.
El odio y el amor a la vida siempre empata;
y eso es suficiente para hacerme fuerte
y querer continuar buscando a la suerte
y que esta sobresalga.

Yo soy el puto invierno; yo soy quien se quiere y no me quiero.
Lucho en contra de todo, para que nadie me duela,
aunque a veces dejándome herir, soy yo quien más me hiero.

Soy suicida, soy lo antisocial, el escándalo público
y lo prohibido, como lo fue la erótica de Gustav Klimt:
el beso, Danaë o Judit.

E incluso c…

El crimen perfecto

Su figura aguardaba ante la cautela de la luz de las velas.
Yo le agarraba por detrás; con mis labios a ras de su vello; le miraba la espalda como si estuviera perdida y ésta fuera mi mapa. No necesita capa de superhéroe alguna para hacerme sentir salvada; me agarré a su cuerpo con mis brazos apretando fuerte. Qué suerte aquella, porque todo lo demás parecía desvanecerse mientras nosotros nos sentimos más vivos que nunca. Le besaba la nuca y se encogía entre mis manos, y me inundé en sus claros ojos, livianos. Aquella noche de color opaca, entre el naranja de las llamas, nos hizo nuestros.
Era el crimen perfecto. Matamos a cupido para que dejara de jodernos; intentó que lo nuestro no fuera posible; pero ya ves, no le surtió efecto.

No es una guerra

El amor se demuestra en los pequeños detalles; en un día cualquiera; en un lugar cualquiera.
Especialmente en los momentos de debilidad y lamento. Ahí, con más intensidad y fuerza.
Quien te quiere no te hace daño a propósito; quien te quiere se esfuerza por tenerte.
Y aun con miedo, sin excusa. Y aun con dolor, inerme.

Páralo si parece más guerra que concordia. Si le lloras, si te aterra. Si es más pena que victoria.
Si sufres si recuerdas; si no le importas una mierda.

                            No seas tú quien pierda
                                          la vida
                                  a su jodida vera.

Inguz

No sé a dónde voy a llegar.
Solo sé que me estoy dejando la piel en carne viva,
porque me estoy dejando el pellejo en mis ganas por ganar.
Ganar un poco de luz ante toda esta oscuridad que me ciega;
me quiere cegar.
Yo no me dejo, aunque a veces lloro; aunque a veces muero.
¿Me puedo salvar?; me voy a salvar.
Si hay camino,
te juro... te juro que yo pongo la voluntad.

Me dijo:

"Cuando estás conmigo  e r e s  m í a.
Da igual que luego dejes de serlo y presumas de eso,
pero,

c u a n do  e s t á s  c o n m i g o  e r e s  m í a."


Era verdad.
Era libre, imprevisible y con unas ganas enormes por volar;
pero cuando estábamos juntos, me sentía suya.

El suelo bajo los pies

¡Que suenen las sirenas!,
que uno de los 8 planetas está en peligro.
Es la Tierra, y son sus propios habitantes quienes la condenan.
Dicen que se irán a Marte, que allá habrá vida, que allá no habrá peligro.

Suenan las sirenas, pero somos nosotros la amenaza.
Dejamos la basura en cualquier sitio, arrojamos al plástico;
la Tierra grita, pero se le amordaza.
No hay ya un solo lugar limpio en todo el Ártico.

Los océanos sucios con más de 8 millones de toneladas
de residuos nocivos al año;
no queremos ver que somos nosotros el daño
pero los animales marinos son contaminados
y apresados entre plásticos y latas.

Provocamos al calentamiento global, lo retamos;
y mientras, crece el nivel del mar, porque los polos se derriten
y la catástrofe, entonces, será a nivel mundial.

Hay más fragmentos de microplástico en los mares
que estrellas en el cielo.
¡Qué triste! Separemos la basura, plantemos árboles;
enverdece a la vida, que suenan las sirenas, ¡no te quedes quieto!

¡Qué pena!, la Tierra no es…

Rumor de una confesión amordazada

Te miro a los ojos y te abrazo con mi mirada. Se hace el silencio. Nos miramos fijamente y tú te aguantas la risa, mientras yo me aguanto las ganas de soltarte un tequiero; pero me quedo callada, y tú tampoco dices nada. Mi sonrisa rompe el mutismo, y desvío la vista hacia cualquier lado. Y es que a veces creo que decirte lo que siento, me hará sentir en la punta de algún lúgubre abismo, en el que estoy a punto de caer, insalvable. Qué tonta, ¿verdad?; por sentirme insegura, incierta e incapaz. Son estas jodidas cicatrices que escondo entre los pliegues de mi piel, quizá. O son la excusa perfecta para ser una maldita cobarde.
Sin embargo, vuelvo a mirarte de ese modo en el que pocas veces miro. Te miro como gritándote lo que no me atrevo a decirte. Te miro como confesándome tuya. Es entonces cuando pienso que no hacen falta las palabras; debes saberlo ya; mis ojos te lo chivan todo.
Y tú, que me lo dices todo con tus aveces... A veces me pides la mano y la colocas sobre tu pecho; tu c…

No te quiero

Le dije que no le quería. Me creyó. Pero lo que no sabía es que no le dije toda la verdad. Le quería sí, pero no le quería hacer daño. Yo no tenía nada claro. Ninguno de los dos estábamos preparados, o tal vez sí, pero nos dolía imaginar que pudiéramos llegar a decepcionarnos un día. Ya sabíamos cómo dolía el amor roto, y no estábamos hechos para esa mierda. Los dos acobardados nos escondimos apretando con las manos cualquier pesada arma con el gatillo quitado, y con los escudos sobre nuestras pieles despellejadas. Y aun así, éramos dos polos opuestos empujando con todas nuestras fuerzas por juntarnos. Quizá no nos entendiéramos en muchas cosas pero yo conseguía que sacara aquella maldita risa que me encantaba provocar. Y yo sonreía. Había algún tipo de magnetismo dentro de nosotros. Por un tiempo nos sentimos nuestros. Pero le dije que no le quería. Y me creyó. ¿Por qué no iba a creerme? Quise darle motivos para que siguiera creyendo que le dije la verdad, y entonces pretendí encontr…

Peludos

No importa que ellos ladren y que tú hables o hagas señas, ellos te entienden igual. No les importa que les riñas, les grites, o les patees, ellos acaban volviendo a tus pies para lamerte, sin tenerte en cuenta que les hayas ofendido. Ojalá la mitad de las personas supieran no tener tanto orgullo, como estos peludos. Pueden ser traviesos, y enfadarte, pueden ser bobos, y, a veces, un tanto cansinos, pero cuando tú estés triste, siempre van a estar ahí, besando tu pena. Si tienes uno, ten por seguro que nunca te va a faltar el cariño ni la compañía. Y no hace falta que lo pidas, ellos te lo dan, porque sí. Te aguardan tras la puerta de casa para darte la más cariñosa y risueña bienvenida. A tu lado. Con su rabillo festivo solo por verte. Ellos no te piden nada. Solo agua, comida y paseo a cambio de todo su amor, que no es poco. Tampoco te van a juzgar por la ropa que lleves, por el canal que pongas a las 17.00 de la tarde, o a las 3.00 de la mañana, ni por la música que oigas a todo vo…

Celos

Esa maldita pérdida de autocontrol que te está matando, está haciendo que pierdas a la persona que te quiere. Tú quieres ser único, quieres que solo te mire a ti, que solo salga contigo, que únicamente ría contigo y sonría para ti. Que vista como tú le permitas y mida sus palabras con los demás. Y no te das cuenta de lo bonita que es cuando simplemente está feliz, sea por el motivo que sea; y tú no se lo concedes. Con esa jodida obsesión, le estás haciendo que deje de ser ella. La enjaulas en tu mundo para que viva por y para ti. Marchita y vencida.

Dime; ¿te sientes bien cuando te permites ser otro que no fuiste: enfurecido y lunático?
El amor no se hizo para lanzarnos los trastos a la cabeza y hacerlo como más duela.
Al amor lo crearon los románticos.

Dos

En ocasiones te siento intocable y al mismo tiempo siento que no puedo quitarte la vista de encima, como me sucede con los atardeceres desde el autobús. Siento que me das la magia, pero a veces también dueles; y no sé ya si es mejor quitarte por la fuerza ese escudo impenetrable tuyo, o salir corriendo sin mirar atrás. Entonces pienso que nada importa ya. Pero sí que importa. Me importo yo.

No te olvides, cariño, que este juego tan serio es de dos.

Cóseme

No sé si soy yo, que no aprendo a creer que sí podemos estar bien, o si fueron tus reproches los que me golpean con el recuerdo, cuando te miro. En la noche me detengo sin querer, ante la ausencia de tus colmillos; se me pasa el enojo y el amargor de los cortes de nuestros cuchillos, cuando me hieres o te hiero; entonces te echo de menos, y te necesito un poco más que de costumbre.
¿Te has dado cuenta ya de lo bonita que parece la vida cuando nos correspondemos? Tu mirada brilla y yo sonrío por tenerte. ¿Te has dado cuenta ya de lo triste que parece cuando no nos tenemos, cuando peleamos y nos echamos como si fuera la vez definitiva?
No sé si soy yo, o eres tú, o si son esas notificaciones automáticas en nuestra cabecita, queriendo decirnos que vayamos con cuidado, pero ¿acaso eso nos salva? No nos salva. Duele igual. Pero yo quiero intentarlo; eso nos salva de la duda. Y mientras me quieres, la melancolía se me cura.

                              Yo soy pespunte y tú eres aguja; cóse…

Siluetas

Me gustan las noches en las que somos siluetas y te busco con mis manos. Las noches en que junto tu cuerpo al mío, mientras el tiempo sucede rápido y no quiero irme. Pero lo bonito de todo es cuando tu risa logra embestirme para apoderarse de mis recuerdos y recordarla cuando no estás. Te beso a ciegas mientras también tu ombligo besa al mío y parece que bailamos lento al mismo compás.
Es ese momento en el que se disipa toda duda, y mi corazón te exige, porque no quiere nada ni a nadie más.

Mientras la luz del día se apaga, nos buscamos como un animal busca resguardo. Pero esa luz vuelve de nuevo, de la misma manera en que vuelve nuestro estúpido empeño por reprocharnos.
Es como si nos volviéramos lobo bajo la luna, y nos atacáramos indomables. Es la luz, que deja entrever a cada arañazo. Y en la noche, solo somos siluetas, que buscan la cura, por necesidad.
Necesidad de sobrevivir juntos una vez más.
Es el recordarte, frágil, ante mí, con tu sombra desnuda, como desnuda tu alma, lo q…

A ti, si llegas a leerme

No quiero tus disculpas. No quiero tu arrepentimiento.
Después de tanto tiempo, vuelves pidiendo perdón, ¿para qué? Eres pasado y no te quiero aquí ahora. Que solo tú sabes el daño que me hiciste y solo yo sé lo que dolió.

No vuelvas.

Como cual gato manso

Yo soy quien pone la cabeza para que acaricies mi nuca. Y aunque sea yo la arisca, soy también quien se rinde bajo unos dedos que sean salvavidas y hogar a la vez; y yo me siento bien mientras mi alma así se abastezca. Soy yo quien se desnuda emocionalmente solo cuando importas en serio, y entonces dejo que me abraces con fuerza.
Soy quien se atreve a decirte a las 2.00 de la mañana todas las cosas que no te diría a la luz del día.
¿Cobarde? No, cobarde no; es la madrugada la que me inspira osadía.

No te aproveches de este gato que deja de arañar cuando se refugia entre abrigo. Busca en ti su abrigo. Saco los dientes al mundo, cuán enfadica. Pero llego a tus brazos y maúllo pidiendo que me toques con tus manos. Me amanso; me amansas.

                        ¿Cuántas veces tengo que decirte, que si me quieres, te quiero?

Inerme

Ya sé que tú prefieres escuchar qué siento por ti.
Yo prefiero ahorrarme las palabras, hacerme la loca
por si un día me arrepiento de quererte; yo solo pienso en mí,
por si la pena viene, y otra vez me toca;

por si la pena llega, y de nuevo me sienta sola.
Tú no me comprendes, ni yo te comprendo a ti.
¿Qué tal si nos ponemos fin?;
que es el daño que me haces sin querer, quien ahora me controla;

aunque me haya acostumbrado a tenerte;
aunque te declarase mis tequiero diciéndote teodio
con mi sonrisa pilla, por si nos convertíamos en episodio;

que esos tequiero no te parecieran una mentira y así no pudiera dolerte.
Pero te dolía de todos modos, porque preferías escucharlo.
A mí me hacía lastre mi pasado, y que tú me dijeras aceptarlo
pero no hayas sabido entenderlo.

Por no entenderlo, y así hayas creído sentir que no te he dado lo suficiente.
Por darte a mi manera, y ser ese el punto de mira, siempre.

No fuimos nunca lo que alguna vez hemos buscado.
Me abriste los brazos pero me pedías u…

¿Valía la pena?

Deja de enfocarte por un momento.
Amordaza a tu orgullo, solo por un momento.
Y en ese solo momento, intenta comprender qué era lo que realmente os separó.
Y qué hubieses cambiado con tal de que siguiera ahí.
Contigo.


          ¿Hubieses cambiado algo, o mejor así?


Persistencia

A lo largo de tu vida vas a encontrarte obstáculos;
personas que rechacen lo que haces o lo que eres;
personas y situaciones que te dirán que no.
Demuestra que sí puedes.
Con todo.
Contra todo.
Confía tú en ti.
Lo demás no importa.
Que nada ni nadie te ponga tope.

Sé fuerte.
Exígete, persiste;
aunque el mundo entero parezca darte la espalda.
Y arrasa.
Gana.
Gana tu felicidad.
Y que se joda todo.
Que, no hay mayor placer
que noquear a todos tus reveses de un solo golpe.

Sonríe

No dejes que la vida sepa
que tiene el poder de vencerte.
Porque aunque sea cierto,
debes tener la osadía de arrebatarle el placer
de ver cómo puede destruirte.
Así no le dejes verte.
Sonríe.
Que se joda.

19 puntos de sutura

1 Una herida padecida es como la mancha de vino que nunca sale. Tú eres la mancha, yo quien tiene el valor de echarte de mí.
2 Los momentos en los que somos felices parecen que compensen todo lo malo. Pero esas otras muchas veces en las que todo duele y pesa, te ahogas tanto y te atormentas tanto con el lamento que serías capaz de desaparecer. Desaparecer de verdad.
3 No es que no quiera sentir, es que ni soy títere, ni mi corazón marioneta.
4 No es fácil parar una vez entras al juego.

                        5 A veces pensamos demasiado las cosas, cuando quizá se trate solo de dejarnos llevar.
                        6
No te das cuenta que quizá no sepa lo que es la felicidad y por eso no sé hablar más que de heridas.
  7 De tanto obligarme a olvidar, ya aprendí a no preocuparme por si me seguirá doliendo. Me voy, te vas. Haz lo que quieras. Dejo de pensarte, yo no necesito esto. No necesito sentir que por dentro me estoy muriendo. De dolor. De ausencia. No, que ya no. Ya no.
   8 ¿Quieres ju…

De puntillas en la sima

Da igual las señales que dejes, o lo mucho que griten tus ojos;
da igual que ahogues todas las voces que tu boca silencia.
Solo tú puedes ayudarte. Esa es tu penitencia.
Pero es complicado. La depresión es complicada.
Te agarra por las piernas y te tira hacia abajo, agresiva, implacable y descarada;
y tú mientras bailas los pies, tambaleando de puntillas en la sima,
confesándote loco o suicida.

#StopBullyng

Tengo pesadillas.
Vivo un mundo paralelo a lo que siento en la realidad.
No puedo dormir, no quiero cerrar los ojos, ¿deberé tomar pastillas?
Siento perenne esta intranquilidad.

Quiero morirme; mi vida en clase es un infierno,
y cuando vuelvo a casa sé que no me darán importancia,
pero yo sufro en la calma un desgobierno;
en mi pecho suenan sirenas de ambulancia;

sirenas que retumban en mi tórax; es mi taquicardia,
mi angustia, es mi preocupación golpeándome fuerte.
Llevo en brazos varios escudos, no me permito bajar la retaguardia.

Me canso de esta monotonía que sufro a diario.
Me canso de callar, de huir, de querer ser invisible, de llorar.
Hoy vestiré de capa y daré la cara, que con esta guerra interna yo ya no puedo más.

1 de mayo

El trabajador y su derecho incuestionable en la batalla por una jornada digna. Personas independientes que necesitan un beneficio favorable; cabezas de familia que sudan pero no se resignan.
Así ganaron la batalla celebrándola un 1 de mayo. Pero aún queda mucho por lo que luchar; contratos temporales con el abuso a cual lacayo; así nos quieren conformar.
Donde manda patrón no manda marinero, y nosotros, cabizbajos, laboramos como incansables, cuando en la mitad de los trabajos nos ingresan con impuntualidad el dinero.
El trabajador trabaja enmudecido por necesidad, buscando un sueldo, aunque a veces mísero, para su bienestar. ¿Y la ayuda de los sindicatos?; trabajador, ¡defiende tú tus derechos!, no te dejes humillar.

Anclaje emocional

Cuando le miro a los ojos fijamente me siento tan osada y a la vez tan frágil... porque en ese preciso momento no me importa nada más, el mundo orbita sobre nosotros y parece que yo no mando en mí.
No mando en mí, porque no podría detenerme por más que quisiera. No puedo detener el encanto de este brebaje, que tomé al mirarle, mientras mi corazón le quiera.

Soneto nº2: feminismo = igualdad

Impotencia. Sí, impotencia. No hay otra palabra para definir esta lucha. Es la falta de una correcta educación la que nos influencia. Un grito a puño alzado que a veces, todavía, no se escucha.
No hay un sexo débil; ¿quién dijo que la mujer puede ser menos fuerte? El colectivo de la opresión no es lo que fue, es hoy más fuerte y viene a por todas. Guerreras que defienden su derecho sin esperar sentadas a la suerte. Mujer moderna que no se arrodilla mientras tú, el hombre, te acomodas.
Y no es odio al hombre, ni es una lucha en su contra. Feminismo = equilibrio en la balanza entre sexos; feminismo = igualdad. Y tampoco feminismo es abuso del derecho; mujeres, recordad.
Ni mordazas, ni cadenas, ni una voz con más privilegio que otra. No trates como no te gustaría que te tratasen, a tu hermana, a tu hijo, o a tu madre. En el feminismo, no se acepta el odio entre géneros;  la inferioridad es lo que sobra.

Amistad

Hace mucho que perdí la fe en las personas, pero tengo a las mejores excepciones de mi lado.
Quienes dan sin pedir a cambio; quienes son amistad, familia y hogar a la misma vez.
Ellos son refugio cuando tu tristeza te ha agarrado de las manos y ellos te quieren cuando tú misma te has dejado de querer. Son quienes me cuidan sin permiso y me hacen reír y sonreír. Me invitan a seguir soñando y a convertir a esos sueños en realidad. Son imagen de lealtad y de cariño. De compartir ilusiones y momentos. DEMOSTRAR y COMPARTIR; algo que se puede hacer con muy pocas personas en esta vida.

Por eso, esos momentos, pequeños, fugaces e inolvidables, son por los que la vida merece la oportunidad.

Sin retorno

Quiero que me mires y enmudezcas.
Que me desees como quien desea sobre una estrella fugaz;
inalcanzable; mientras no me merezcas.

Yo he oído tu clamor y he desoído mis advertencias.
Te he prestado mis manos para limpiar tu desastre pasado,
y no he escuchado a la intuición decirme que dolerías.

Por cuidar de ti, me he descuidado a mí.
Imaginé que no dejarías de estar y dejaste de estar.
Y vuelves como quien no ha hundido los dedos en el daño
y se ha empapado las manos de sangre.
Y quieres tocarme con mi recién nacido miedo que has provocado
y tu miedo ya pasado,
y ya no, ya te puedes volver a marchar.

Y mirándome y enmudeciendo
me desearás como quien desea sobre una estrella fugaz,
tan inalcanzable porque me has perdido y ya no hay marcha atrás.

Te hice daño

Lo sé; te hice daño.
No supe cómo decirte que ya no sentía lo mismo,
y si te digo que no te seguía queriendo te engaño,
pero te quiero de otro modo.

Me quedé contigo, en tu abismo;
tú ya lo sabías todo, lo veías, y callamos
por no hacernos visiblemente tristes.
El mundo dejó de ser el mismo
cuando de este tren en marcha nos bajamos.
Yo bajé.

Y lo siento tanto...

No creas que esto a mí no me ha dolido;
he visto en tus ojos al lamento queriendo ocultarse
y te he visto llorar disfrazándote de otra razón.
Y te sequé; sequé tus lágrimas y te abracé fuerte.
Sabía que era yo.
Sabía que era por mí.

No creas que esto a mí no me ha dolido;
he sido más feliz en tus brazos que en cualquier otros;
contigo, por primera vez, yo he sonreído
de oreja a oreja y sin dudar, y sin fingir.

Y saber que dejaba de estar enamorada
de la persona adecuada, te juro que me hacía daño.
Pero no obedece el corazón, él no entiende de títeres,
y eso de quererte te juro, te juro que, en ocasiones, lo extraño.
Lo he extr…

Aviones de papel

Un día de estos me dejaré morir.
Me canso de intentar rescatarme, de llevar los grilletes de la angustia.
Dará lo mismo si me voy,  porque hace mucho que sentencié mi fin.

He coleccionado tanto daño, que mis venas llevan más rabia que sangre
y si me cortas, no me desangro, me libero.
Porque soy tóxica para mí, porque de paz tengo hambre
y de miedos y estropicios tengo el estómago lleno.

Tengo trastorno de la infelicidad y agujeros
en mis manos, por no recibir más de quienes ofrecí mis tequieros.

Me he intentado agarrar fuerte tantas veces a mis ilusiones
que a veces las siento desgarradas.
Y aún así, me subo a bordo a mis ganas,
y hago con ellas aviones,
aunque aviones de papel, creo poder alzarme alto.
Quizá un día, sea de verdad; quizá un día no necesite de ningún modo huir,
y de este charco de mis ojos, pegue el salto.






La oportunidad

A veces se nos hace tarde poder demostrar las cosas que realmente sentimos; actuamos casi al revés. Pero otras veces, podemos llegar a tener la última o única oportunidad de hacerlo.

                   Vamos a aprovechar esa vez.

Intentarlo

Puede que, en ocasiones, la tristeza no te permita ver que aún te queda valor para dedicar paciencia y constancia a tus sueños. Permítete mirar más allá de todos tus lastres; hay que luchar. Ni siquiera es fácil, pero si te rindes será el momento en el que ya no quedará probabilidad.

Pese a todo

A veces intento hacerme creer que soy como cualquiera y sonrío, les sonrío, me divierto, lo intento, intento que dure. Pero no soy como cualquiera. Hace mucho que simplemente no soy. Y odio que sea así, me odio, odio todo. Soy un cuerpo herido en la cuneta, sin socorrer; soy una voz rota en mitad de un grito de auxilio; un vestido blanco con una mancha que no sale, de vino. Soy la ilusión destinada al desastre. Y pese a eso, lucho contra el desastre; aún sonrío.

Introspección

Si no existiera el dolor, la calamidad, el descontento, no sabríamos apreciar los breves momentos que nos aportan cosas verdaderamente bonitas. Suena muy filosófico, porque quizá para muchos, en la mayoría de nuestra vida, suframos más tiempo a la tristeza; pero solo hay dos opciones: sentirte perennemente infeliz o inyectarte positividad cuando creas no tener más fuerzas para aguantarlo todo, para no aguantar absolutamente nada.  N a d a.  Quizá la gran pregunta sea "de dónde sacar las fuerzas, de dónde la positividad."  No existe una verdad absoluta para saberlo, pero la idea de saber que estamos vivos y de que podemos hacer cosas que nos gustan o que todavía no hemos hecho, suma puntos para querer aún sentirnos vivos y vivir, o sobrevivir. Porque irremediablemente un día ya no estaremos, y mientras tanto, hay que aprovechar. No es malo sentir tristeza, es malo dejarte atrapar y no salir nunca de ella. Es más valeroso quien consigue salir de la pena tantas veces como sea n…

La armadura rota

Fui media luna oculta, con bozal en mi sentir.
Oscura noche, con mi luz oculta, negándome a salir de esta sombría armadura,
de esta sombría locura que me dejó el amor, y de él me quise ir.

En un nuevo amanecer, una nueva ilusión llegó.
Yo con mi armadura protegida, dejé con miedo que me acariciara,
tal vez a mí o tal vez a mi dolor.

Aun con mi inseguridad, aun con mi decepción,
con el tiempo, dejé que rozara mi alma con las puntas de sus dedos.
Me hizo creer que quizá sería la excepción.

No lo fue.

Me dedicó sus noches como si yo fuera el lugar donde de todo escapar.
Pero para sus manos, fui más motel que hogar.
Me miró como si se perdiera en mis ojos,
me dijo tantas cosas; me mintió... mis ilusiones, sus despojos.

La misma historia que nunca brota.
La misma herida sobre el resto de heridas.
Y otra armadura sobre la vieja armadura rota.

El duelo

El luto salpica mis ojos,
y mis manos sucias de rímel corrido aprietan el corazón.
Deja de sentir.
Deja de sentir, me digo.
Mi barbilla tiembla imparable mientras mis sentimientos balbucean.
Mascullo un suspiro intenso.
¿Dónde está la capa de invisibilidad?,
¿la puerta donde pueda desaparecer tras un portazo?
No quiero sentir esto más.
Quítamelo.
Quítame el corazón.

Despedidas

Daría cualquier cosa para que me pudieras hacer un poco más de daño.
Porque más me duelen las ojeras de tanto llorarte,
y no poder secarme con ningún paño; los mojo, los empapo.
El último beso quiero besarte.

No sé mirarte sin pensar que te vas, entonces echo a llorar.
Miro hacia otro lado, me muerdo fuerte los labios.
¿Por qué no haces por cambiar?

Ya es tarde.
No quiero esto.
Vete ya.

No quiero lastimar lo que tenemos

Hay sentimientos que no queremos admitir
por miedo a prender otro caos, otra revuelta,
otra razón para creer no saber querer y querer dejar de sentir,

dejar de ser, ser solo miedo en este juego cínico
por miedo a sufrir un golpe de estado anímico
que nunca parece ser el último.

Qué tiene

No sé qué es.
Es algo que te atrapa, y no puedes retroceder como si nada.
Se mantiene en tu cabeza, sumando cada vez más ganas.
Se mantiene en tu cabeza, con el recuerdo ileso de su mirada.
Su mirada silvestre que apresa mi furia y me desata.
No sé qué es.
Pero me atrapa.

Me quiere, no me quiere...

Silencio.
Un mensaje intenso eliminado.
Un caos en la cabeza removiéndolo todo.
Más silencio.
O quizá sea que el mundo se vuelve insonoro
ante el ruido fuerte de este desequilibrio, de este abatimiento.

Sé que vendrás un día, lo sé.
Vendrás con un ramo de excusas,
diciendo lo siento;
explicándome que preferiste hacerme daño,
que preferiste no decirme toda la verdad.
Que preferiste mancharme con la duda
y con tu manera dañina de dejarme atrás,
en todo momento, atrás.

Me has dejado desnuda, tendiéndote mis manos,
ofreciendo lo único que te he podido dar: siempre a mí.
Me has vacilado entre los si-no, y me has aguardado con tu inseguridad,
para darme inseguridad.
Y no darme nada más.
Solo la certeza de todo lo que ibas a ser y nunca llegaste a ser conmigo.

Mentiras, bipolaridad o indecisión.
Es todo lo que me has acabado aportando.
Son todas las razones por las que si un día vuelves,
te daré la bienvenida con una muy clara negación.

Ya no te quiero; me quiero yo.

Volver a ser

Bajo la quietud que cubre, hay miedo.
Hay arrepentimiento constante,
desasosiego, cansancio y un sentimiento de fraude que forma sobre la piel escarchas de hielo.
Soy hielo. Yo soy hielo.
Me he convertido en irracional, quizá, también, en bipolaridad. Noto un frío inexplicable entre mis manos que acaricia sin sentir; ya no siento, soy peor que un animal.
Actúo por instinto. Olfateo antes de quedarme y me aparto donde creo seguridad.
No hay seguridad, y el amor queda extinto.

Bajo esta quietud que me cubre, no solo hay miedo.
Intento volver a ser,
pero mis dedos se paralizan justo antes del roce.
Me bloqueo; no puedo.

Siento que ya no puedo y que mi orgullo ya no cede.
No es el corazón desbordado de recuerdos
ni mi piel arañada de pasado,
es una incapacidad de dar y sentir que me sucede.

Soy yo que, involuntariamente, he dejado de ser.
No es que no quiera sentir,
es que ni soy títere, ni mi corazón marioneta.
Pero bajo esta quietud que me cubre, espero pacientemente a renacer.

Lost

¿Dónde estoy?
Me miro las manos llenas de ceniza,
y veo caer una lágrima; quizá antes fueran sueños
de este cuerpo que agoniza.

Busco razones.
Mis zapatos me llevan a ninguna parte, pero quiero irme.
He hecho aviones de papel que vuelan
más alto de lo que yo puedo permitirme.

Busco razones para quedarme de una vez
en un sitio seguro del que no me quiera ir;
del que no quepa sentirme incapaz;
del que no quiera abandonar, escaparme ni rehuir.

Soy yo el avión de papel.
El avión de papel desbaratado por la lluvia
de estos charcos que inundan en mis ojos.
Veo todo mojado; veo todo incierto, difuminado; veo cómo me diluvia.

Veo cómo no llego al aro salvavidas.
Nado con fuerza, y mis brazos tiemblan,
pero no llego a ninguna meta y mis pies ya perdidos en mitad de la nada.
Tirito por el frío de este vacío y mis miedos tiemblan.

Estoy perdida.