Pausa/Stop

Quizá no se trate de dejarlo estar, pausar, alejarte, dejarle ir.
Quizá se trate de permanecer.

Miedos

He querido tantas veces quedarme,
consiguiendo solo perder la intuición, las ganas e incluso a mí,
que ahora cuando quiero quedarme,
también quiero, incurablemente, huir.

La posibilidad del imposible

Porque nunca es la vez correcta, ni la persona adecuada, y ya cansa intentarlo.
                                                                                          Y ya cansa intentarlo.

Nadie

¿Hay alguien capaz de decir algo que acabe siendo cierto?, sin apagones emocionales o altibajos, sin conveniencia ni mentira. Capaz de demostrar que todo lo que dice, es real y que, no... a las semanas o a los meses, no expira.

Tú no lo entiendes

Soy la intocable; cuidado, no me toques.
Escucho música triste mientras pienso;
maldita vida, ¡para!, no me ahogues.
Si abro los ojos me siento perdida como un animal en un bosque.
Cualquiera enorme y recóndito
en el que quisiera que nadie pudiera escuchar murmurar mi voz
ni cómo grito.
Imagino que corro.
Quiero correr y no puedo; estoy atada.
La incapacidad me bebe a morro.
Escucho voces tan cerca; quisiera ser ajena;
no quiero estar aquí, porque aunque soy invisible,
puede verme y venir a por mí, la pena.

Quizá el problema siempre fui yo.
Me excusé en culpas de otros y no quise ver las mías.
Me empapo en mi dolor.
Me refugio en lo que podría ser pero no es.
Mis labios tiemblan, ya no quieren fingir.
Me autodestruyo, día a día,
porque he sido yo la que se fue.
                                                                               
                                              De mí.

Yo he sido pavor ante ellos.
He enmudecido por no replicar.
He mirado al lado y he ensombrecido,
y he fingido una sonrisa con la fugacidad de los destellos.
Me he convertido en silencio con tal de no hablar.
Y la rabia me ha vencido
_por dentro_.
Me hago estática, pero deseo correr a toda velocidad,
desaparecer, huir, saltar al vacío
y no volver más a este punto de apariencia
en el que ya no puedo más.
Me miran, observan, señalan, critican,
pero de todo eso que creen, solo soy 15 gramos.
Me siento vacía y me duele todo,
pero aquí sigo de pie con la tristeza en mis manos.
De brazos cruzados con la mirada fija
hacia los sueños que no llegan.
Se me pasa la vida esperando a que la suerte me elija.

Yo soy la nube negra que avecina lluvia
y soy el rayo en la tormenta.
Así que, no creas del todo en mí,
que mi sonrisa no te mienta.

Mi verdad no se escribe ni se vende,
dejo todo mi desastre contado a medias,
lo siento si no me entiendes.
Soy el constante cráter de mis tragedias.
Solo mírame a los ojos y di qué ves.
Solo ves a mi tristeza escondida en mí misma.
No vengas si no quieres.

Tú no lo entiendes.


El muro de Berlín

¿Y si esta vez no me voy, ni tú decides irte?
¿Y si dejo de ser hielo y tú no te conviertes en carámbano?
No me amarres, no son cadenas lo que yo voy a pedirte.

Y no me preguntes qué somos, yo solo siento y soy;
tú solo siente conmigo,
que si no me hieres, yo no me voy.

Es esa necesidad de sentirnos necesitados, o queridos,
o simplemente refugiados.
Son todos esos, mis deseos frustrados, mis deseos perdidos.
Es como quise amar, el modo en que acabé odiando.
Ese mismo modo en que quise darlo todo
mientras a mí misma me iba olvidando.

Y ahora te veo, y creo que no eres como quien me dejó saltar
en sus manos, como quien se lanza a una piscina vacía.
Solo pude abrazarme a aquel vacío de aquella inmensa profundidad.

Soy quien ha salido de una catástrofe cualquiera
y aún estando rota, se siente lo suficientemente fuerte.
Y mientras, tú, a lo lejos, apareces, como quien acaricia a una fiera.
No me tienes miedo;
miras a mis ojos, a mi caos,
y te atreves a agarrarme mientras yo me quedo
sacando aún los dientes como si en algún momento fuese a morderte los dedos.
He quemado todo lo que ha rozado mi piel,
en cambio tú, puedes entenderme; creo que una vez también ardiste
con todo aquello con lo que un día intentaste hacer bien.

Somos intocables; somos el muro de Berlín,
somos un corazón cosido con hilos de retales
y somos la canción más triste tocada a violín.

Pero, ¿y si esta vez no me voy, ni tú decides irte?
Dejamos de lado nuestros muros construidos de pasado
y sin decir más nada, solo quédate, que, a mí, esta vez, no me apetece irme.