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Opus magnum

Ella,
ella no era como las demás.
Sacudía su pelo despeinado entre el viento
y no le importaba que los mechones taparan su cara.
Miraba al mundo con tiento,
sonriendo en cualquier sitio donde pisara.
Sus ojos eran como la noche estrellada de Van Gogh.
Podías mirarlos y creer perderte entre luces de cielo
sonando de fondo, en tu cabeza, alguna canción.
Estaba cansada de declaraciones de intenciones y de amores de hábito.
Esperaba a que la mirasen como nunca antes,
con esa rara magia o pálpito.
Ellos,
no sabían ver que ella
era arte.
No porque su corazón tuviera forma de arquitectura gótica,
ni porque sus labios estuviesen manchados de pintura barroca.
Sino, porque ella era única.
Era como una obra peculiar de inteligente elección,
en la que solo ojos con precisa sensibilidad
sabrían apreciar su valor.
Tal vez encontró al amor en algún bar de copas,
entre charlas sólidas y música grunge,
o quizá aún siga sola,
y así se quiera más.
Solo sé, porque recuerdo todavía, que, ella
no era como las demás.

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