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Mostrando entradas de julio, 2017

Opus magnum

Ella,
ella no era como las demás.
Sacudía su pelo despeinado entre el viento
y no le importaba que los mechones taparan su cara.
Miraba al mundo con tiento,
sonriendo en cualquier sitio donde pisara.
Sus ojos eran como la noche estrellada de Van Gogh.
Podías mirarlos y creer perderte entre luces de cielo
sonando de fondo, en tu cabeza, alguna canción.
Estaba cansada de declaraciones de intenciones y de amores de hábito.
Esperaba a que la mirasen como nunca antes,
con esa rara magia o pálpito.
Ellos,
no sabían ver que ella
era arte.
No porque su corazón tuviera forma de arquitectura gótica,
ni porque sus labios estuviesen manchados de pintura barroca.
Sino, porque ella era única.
Era como una obra peculiar de inteligente elección,
en la que solo ojos con precisa sensibilidad
sabrían apreciar su valor.
Tal vez encontró al amor en algún bar de copas,
entre charlas sólidas y música grunge,
o quizá aún siga sola,
y así se quiera más.
Solo sé, porque recuerdo todavía, que, ella
no era como …

La chica coraje

Es difícil verte sin reír casi a carcajada,
tú que eres la chica de la sonrisa infinita.
Con tu aire misterioso, vas recogiendo miradas
que para nada te hacen sentir pequeñita.
Tú, que has visto batallas en tierras que eran hogar
y has sido fuerza cuando cargabas a tus hombros
una tristeza que era más bala que puñal.
Y aun así regalas tu sonrisa como si nada te doliera.
Como si nunca hubiera pasado por encima tuya la vida
mientras ésta se riera.

El bucle

Siempre es lo mismo.
Dedicamos canciones y con detalles obsequiamos
como si diéramos un trocito de nosotros.
Besamos lento como si no hubiera tiempo.
Abrazamos
como si se acabase el tiempo.
Apretamos el pecho al otro queriendo que
el minutero fuese infinito,
pero es corto todo este aliento.
Es breve la sensación de sentirnos a gusto.
Y aun así, damos todo nuestro esfuerzo por querernos,
aunque sepamos que todo acaba.
Como si luego no fuera a dolernos.
Pero, la verdad es que, sabemos que todo este
suspiro de éxtasis emocional, va a derrotarnos
en cualquier momento.
Sabemos que abriremos en canal al corazón
para sacarnos el uno del otro.
Normalmente es así como suele ser.
Y, pese a todo, nos arriesgamos para volver
a sentir la breve felicidad,
a sabiendas de que, en algún instante,
echaremos a llorar.