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Idealismo insustancial

Y vuelves cuando casi ya te olvido. Me revuelves cada sentimiento, y hago hueco en el orgullo para quererme otra vez contigo.
Vienes y te vas cada vez que quieres, y yo te dejo abierta la puerta, tonta de mí, dejando que me hieras. Y te aprovechas; porque puedes.

Te busco incansable, pero nunca te encuentro.
No dejas encontrarte, ni en sueños, ni en hueso ni carne.
Y ya no sé por qué te busco.
Siempre pienso que si te doy un poco aún más de mí,
cambiarás.
Y que entonces empezarás a demostrarme.
Pero ni tú cambias ni yo escarmiento.
He querido creer que ibas a estar para mí,
como dijiste que te gustaría; y así me miento,
con la ilusión de que lo harás,
pero es que no lo haces.
Y eso es lo que me vale
para darme cuenta de que debo huir de tus caprichos.
Que, así, no cuentes más conmigo.


Te puedo tener a menos 2 milímetros de mí,
y aún así,
sentirnos emocionalmente lejos

de ti,

de mí.

Y así, no te quiero.

Yo, que pensé que eras mi serendipia;
pero no he encontrado en ti lo que creía.

Me conviertes en incertidumbre
porque ya no sé qué hacer para quedarme y no perdernos.
Que no quiero que estas idas y venidas se hagan costumbre.
Y ya no sé ni si te quiero.
Pero te quise.
Y te quise
como si no fuera a doler.
Tú no vienes si te digo ven.
Y eso, es lo que me hace dudar de si mereces toda esta pena.
Que no quiero a alguien que no me demuestra que me quiera.

Te buscaba a ti, a ciegas, como si tú fueras la luz. Solo tenía que abrir los ojos para verte bien. Mi camino, no eras tú.
Porque no siento que te importe, como tú sí me has estado importando.
Pero para qué seguirte demostrando.
Te aviso de que todo es diferente, que te noto distante y no me gusta,
que me pierdes, que me alejo sentimentalmente de ti,
y no siento que reacciones, como si te fuera indiferente.
Y soy yo la que se asusta
por irme.
Porque no querría irme.
Pero tu actitud me obliga a despedirte
como si nunca hubiéramos sido, para nosotros, importantes.

Esta vez no vas a hundirme.

Luego vendrás con la mirada arrepentida.
Muriendo de celos por no ser quien se queda conmigo. Mirando atrás hacia tu oportunidad perdida.

Y entonces, será como si hubiéramos jugado a ser dos tontos,
que no han sabido encontrarse en el momento adecuado.
O, tal vez, somos nosotros los inadecuados.

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