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Soneto nº1

Tú arrodillas a mi amor propio y a mi propia vida;
esposas mis manos, y vendas mis ojos.
Son de tus migas, de lo único que me sirvo entre tu ida y tu venida.
Yo, recluta de un amor imparcial, y de unos labios rojos.

Qué me das tú, si no requiebro y una locura insostenida.
Y yo recojo ilusa cada viruta, llena de antojos,
como si alguna vez mi boca llegara a estar de tu boca, servida.
Tú, que llevas el pecho lleno de puertas con cerrojos.

Sé que llegar a ti parece todo un reto.
A veces pesimista, quiero darme la vuelta,
decirte adiós, y vetarte de una vez de mí, pero no te veto.

Acaso soy masoquista, pero mi mente no te suelta.
Mi noción queriendo gritarte vete, pero no te grito ni te sujeto.
Vete si quieres, que aunque llore, no te detendré, te lo prometo.



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