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Y si...

Es inevitable pensarte.
Y no por falta de intentos.
Quizá no tengo las armas suficientes para olvidarte.
Quizá es que no quiero.
Sí, es eso.
No quiero porque estoy convencida de que sin ti, no me muero, no,
pero sí que sumando ese tú y yo / yo y tú, así soy mucho mejor.
A lo mejor porque quiero hacerlo todo bien contigo.
A lo mejor porque quiero darme la oportunidad de quitarme lo menos posible la sonrisa de la boca.
Tal vez lo consigo.
Sé que si las cosas se cuidan se mantienen, pero no se consiguen.
Siempre existe la inestabilidad, 
y su maldita posibilidad de romper con todo en cualquier momento en el que alguien se rinde.
Pero está claro que siempre será mejor, cuidar de lo que se quiere.
Y yo, yo te quiero a ti.
No sé si tú a mí.
La verdad es que tengo dudas.
Y tal vez eso, en ocasiones me aterra.
Puede que porque mis manos ya no quieren tocar a otra piel que no sea la tuya.
Como si llevaran un letrero con tu nombre y no aceptasen otro.
Quizá eso, me suponga un problema o un estorbo.
Porque, ¿y si algún día deba olvidarte y no sepa?
La verdad, eso me inquieta.
Pero hasta el momento solo me quedo con esas señales
en donde me dices que me quede.
Y claro, yo me quedo mientras tú te quedes.
Es inevitable pensarte, y pensar:
¿y si entro en tu cabeza como a golpe de viento?
¿Y si sientes ya, lo que yo siento?
No sé si alguna vez podré abrir del todo, tu pecho,
sin tener que regalarte trocitos de mí, desde una ranura.
Quizá sin sentirme incapaz o insegura.
No sé si tu corazón se hace el fuerte para no lastimarse de nuevo.
Yo no puedo asegurarte que yo no lo haré, pero sí podría, si me dejases, quitarte los miedos.
No te voy a prometer nada.
Sé que ya no crees en las palabras, y la verdad tampoco yo.
Solo imagino que no vas a estar para siempre rehuyendo al amor,
y que alguna vez deberás soltar la espada.
¿Y si para entonces yo ya me he ido?
Podría ser.
Pero aún no me he ido, no me preguntes por qué.
No sé si mis dedos son capaces de pronunciarte letra a letra
en alguna ventana empañada, sin que me tiemble el pulso;
si son capaces de conseguirte,
o de hacer de nosotros solo una historia triste como la de algún triste dramaturgo.
No sé si acabaré teniéndote.
¿Y si te tengo; qué pasará si te tengo?
¿Me querrás tanto como yo te quiero?
Quizá imagino demasiado,
y no es que quiera hacer planes a destiempo,
quizá es que tengo miedo.
Sí,
miedo de perder la ocasión de ganarnos, de ganarte.
No lo sé, solo sé que

es 

inevitable 

pensarte.

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