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El desliz

Podré cometer un desliz.
Puede que cuando me olvide de que tu piel me parece la más suave.
Cuando me olvide de que es tu cuerpo mi asilo y que teniéndolo, siento planear como un ave.
Puede que cuando no recuerde que son en tus ojos donde yo me siento mejor.
Cuando me acostumbre al tacto de tus manos sobre mi corazón
y eche de menos cómo me sentía sin que lo agarres con ese amor tuyo.
Cuando sienta la duda de cómo sería si te sustituyo y ya no te incluyo en mis planes.

Podré cometer un desliz.
Cuando me parezca rutinario el desayuno de tus besos y las noches de abrazos infinitos.
Puede que cuando ya no recuerde que desde ti, es cuando el mundo me parece pequeñito.
Cuando no piense que son las yemas de tus dedos las que me hacen reír.
Puede que cuando el sonido de tu risa no me provoque ya el efecto de sentirme feliz, como hasta ahora, y puede que entonces, ya tampoco me apetezca parar contigo las horas.

Podré cometer un desliz.
Quizá cuando deje de morderte los labios tanto como hasta hoy, como antes.
Tal vez, cuando no me detenga a pensar que eres tú quien ha lamido mis heridas y mi sangre;
que dejé de sentirme cobarde cuando estabas de mi lado, en mis momentos más tristes.
Quizá cuando el azul del cielo que veo por ti, irracionalmente se convierta en colores grises.

Podré cometer un desliz, y puedo.
Podré tener el error, e incluso decidir irme de ti, lejos.
Podré, puedo.
Pero sería la persona más ingrata del mundo,
si dejo de recordar todo lo que soy, y todo lo que me das,
si huyo de todo esto,
solo por querer saber cómo es estar en otro cuerpo que no sea el tuyo.

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