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¿Cúal es la ocasión perfecta?

Me agarró por la espalda, me colocó un par de alas
y me dijo, puedes irte si quieres.
Pensé, quizá no le importa que me vaya.
Me sentí sobre la inestabilidad de un precipicio, entonces yo,
con miedo a hacerme desastre, abrí el plumaje y comencé a volar.
Quizá yéndome me empiece a necesitar.
También quizá no.
Entonces empecé a querer olvidarme de lo que yo quería.
Lo importante es si eso mismo que yo siento, lo sentimos los dos.
Y parecía que no me correspondía.
Tantas veces he soñado con sus brazos agarrándome fuerte tras la espalda.
Tantas veces he pensado, que si me diera una sola ocasión de tenerme de frente
sin las espadas de escudos tan perennes,
muy posiblemente hubiese conseguido derretirle esta frialdad.
Pero qué más da;
sé que con el tiempo me mirará
con esas pupilas color cielo,
y con lo que ahora se resiste, entonces no se resistirá.
Pero siempre existe un pero,
y en esta historia no será menos;
y es que si me pone esas alas,
y yo echo a volar más allá de su alcance,
existe la posibilidad de que cuando me quiera, yo no pueda dar marcha atrás,
y me haya perdido; yo ya sin vendaje, ya no te necesito, le diga.
Has perdido tu oportunidad.

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