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El regreso

LLegas inesperable como la lluvia de septiembre empapando mis máscaras para hacerme la fuerte. Contigo desarmada, como antes, como siempre.
Yo ya no te esperaba,
de tantas veces que creí en tu regreso,
imaginándote de nuevo siendo líder de mi sonrisa.

Eres el golpe de ola que no avisa,
que te sacude, te arrolla
y te hace frágil bajo su poder.
Y es que tú puedes hacerme inevitable.
El no poder marcharme cuando tú vuelves
y no poder no sentir, porque contigo siempre ha sido así,
siempre ha sido incontrolable
estas ganas de tenerte,
esta indomable forma de quererte

conmigo.

Se me pasaron tantas cosas por la cabeza
mientras no estabas...
Creí que me había disipado en tus recuerdos
y que ya no me pensabas.
Que fui parche o pasatiempo,
y que mientras tú no sentías nada,
a mí, sin ti,
me pesaba el tiempo.
Pero vuelves siendo la sorpresa más bonita
que brilla en mis ojos.
Y es que, tal vez, nunca dejaste de ser importante.
Me recoges los trozos
y los juntas con los tuyos,
y así haces que la pena en el amor
solo sea un rumor en el murmullo.
Y es que tú tienes el don de quedarte en mi cabeza,
aunque en todo este tiempo muerto te he querido camuflar
entre mis pésimos intentos de poderte olvidar.
Quizá siempre estuviste en mí
de alguna manera,
aunque, por amor propio, me resistí.
Y ahora, continúas aquella historia que dejamos a medias.
Cómo decirte que no.
Si de mi corazón, siempre fueron tus manos, las dueñas.



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