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Mostrando entradas de enero, 2017

El siniestrado

Había magia. Sin chistera ni cartas. Era increíble como cualquier cuento de hadas.
Me miraba  con esos ojos que parecía que se apoderaba de mí. Y yo me dejaba.
Todo iba paso a paso, o quizá me perdí en su piel y no pude ver que íbamos algo rápido.
Yo le protegía y le secaba los ojos, le besaba la mejilla y le dejaba apoyar su tristeza sobre mi hombro.
Y me correspondió. Me mostró su mapa de lunares y me vestía mis labios con sus labios mientras notaba cómo sonreía
a mí o a la vida.
No era suficiente, era mejor que eso. Pero aún así no supo ser el último punto de sutura que cerrara mi corazón, para ser su nombre, mi suerte.
Y no hubo explicación ni precariedad, pero 
ni aun  así
fue para siempre.

El siniestro

Había magia.
No aquella que se escondía entre trucos de barajas. Era algo que no se presagia. Casi imposible y casi irrepetible.
Le miraba y no me asaltaba la duda, quizá por eso pensé que amor no tenía por qué significar ni miedo ni atadura.
Todo iba despacio; manipulándose con precisión la cocción de una ilusión y su espacio.
Era como mi armadura. No tenía por qué decirle que le necesitaba; ya estaba allí lamiendo mis heridas, y siendo la mejor de las curas.
Y yo le correspondí. Le enseñé todo lo que desconocía y le abrigaba las manos con mi aliento en algún invierno en el que, solo por tenerle, ya vencí
a la vida.
No era suficiente, era más que eso. Pero sin embargo yo
yo no supe ser la historia sin terminar que quizá quería.
No fui inherente.

Hipócritas

Seamos hipócritas.
La gente no quiere que les mires con desprecio o indiferencia.
Les da igual que les salpiques la espalda con la crítica,
siempre entre los dientes.
Esperan que te esfuerces porque seas quienes quieren.
No importa si mientes,
siempre se quedan con la apariencia.
Aunque no sea real, es con lo que cuentan;
tú eres el show y ellos la audiencia.
Convencionalismo superficial y formalismo de quita y pon.
Vayamos con el fingimiento en la boca y en los ojos la decepción.
Caretas arrugadas en los bolsillos, dispuestas para jugar a ser otro que ni eres ni quieres ser;
menosprecia tus sentimientos, solo es importante lo que parezca que esté bien.
Tienes que hacerlo, la sociedad te obliga a ello, te empuja a ello.
Vive entre tu verdad y aquella otra que te dictan, como en dos mundos paralelos.
Seamos marionetas,
en manos de cualquiera que tome de nuestras vidas
para dominar las riendas.
Haciendo lo que sentimos en todo momento,
a veces, somos más infelices.
Porque quieren ver có…

La doncella

Aún cuando decía que le olvidé,
a veces buscaba saber cómo estaba.
Quizá por si aún me tenía presente, o tal vez
porque yo todavía le pensaba.
No de aquella forma en la que yo me reducía a la nada
y le regalaba el corazón entero
para ponerme bajo sus cuerdas de titiritero.
Pero algo quedaba aún,
que no eran ni cenizas ni memorias de baul.
Quizá curiosidad bajo aquel rencor.
Quizá mis ganas de querer que sin mí no estuviese mejor.
El egoísmo del odio.
El dolor que pasaron estas heridas ya secas.
Todos los escalones del podio,
vacíos de recelos,
en donde ya no se encuentra.
Y ya no me siento víctima,
de aquel invierno helado,
de aquel infierno entre sus candados.
Tampoco me tiritan
los recuerdos,
y ni siquiera se encuentran bajo tiritas.
Quien perdió,
ya no soy yo,
ya no me siento así.
No fue más que una estación
de entre tantas otras que ya pude vivir.
Pasado y lección.
Nada más.
Y seguramente sepa que no volverá
a tener a alguien que soporte todas aquellas faltas.
Porque su supuesto a…