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Mostrando entradas de 2017

¿Cúal es la ocasión perfecta?

Me agarró por la espalda, me colocó un par de alas
y me dijo, puedes irte si quieres.
Pensé, quizá no le importa que me vaya.
Me sentí sobre la inestabilidad de un precipicio, entonces yo,
con miedo a hacerme desastre, abrí el plumaje y comencé a volar.
Quizá yéndome me empiece a necesitar.
También quizá no.
Entonces empecé a querer olvidarme de lo que yo quería.
Lo importante es si eso mismo que yo siento, lo sentimos los dos.
Y parecía que no me correspondía.
Tantas veces he soñado con sus brazos agarrándome fuerte tras la espalda.
Tantas veces he pensado, que si me diera una sola ocasión de tenerme de frente
sin las espadas de escudos tan perennes,
muy posiblemente hubiese conseguido derretirle esta frialdad.
Pero qué más da;
sé que con el tiempo me mirará
con esas pupilas color cielo,
y con lo que ahora se resiste, entonces no se resistirá.
Pero siempre existe un pero,
y en esta historia no será menos;
y es que si me pone esas alas,
y yo echo a volar más allá de su alcance,
existe…

Vete de mí

Te buscaba en otros ojos, en otro pelo, en otras caras nuevas
que pudieran recordarme a ti,
como si de alguna manera te tuviera.
Pero no eras tú, y eso no me hacía feliz.
Me he dejado caer en manos que no eran las tuyas,
intentando lidiar con la carencia que me suponías.
Pero solo he sentido un vacío que magulla.
Y no supe cómo decirme a mí misma que te olvidara.
Quería que te fueras, que de una vez dejaras de estar en mi mente,
y aunque llevara ese peso a cuestas, no lo soportaba.
No soportaba que estuvieras sin estar,
que fueras recuerdo pasado,
que fueras herida sin sanar.
Me preguntaba cada día,
qué hacía yo tan perdida en ti, y tú tan como si nada.
Y me preguntaba por qué no volvías.
Dejaste olvidado cómo yo contigo he sido,
cómo fuiste tú también conmigo,
y con todo ello, qué fue lo que sentimos.
Parecían emparedadas de todas tus palabras,
las cuatro paredes de mi cuarto.
Y me quedaba mirando a la nada, tan perdida como te miraba a ti,
como si fueses alguna piedra preciosa de cu…

Desvelo

Quédate conmigo hasta que se me cierren los ojos.
Y háblame de cualquier cosa;
cuéntame si al mirarte te sonrojo
o si sientes en el vientre mariposas.
Háblame de lo que sea, pero háblame bajito.
Que tu boca me parece más bonita cuando se dirige a mí
y tus labios se mantienen pegaditos.
Que tus ojos me atiendan como si fuera lo que más te gusta observar;
como quien mira al horizonte y se pierde en la longitud del mar.
Yo quiero ser tu mar.
Yo quiero ser aquello que adores, y con lo que sientas ternura
cuando me mires y me toques,
cuando me huelas y me notes.
Y rozándote con la leve caricia de mis labios
ya sientas la piel erizada de tus brazos.

Quédate conmigo hasta que se me cierren los ojos.
Que esta noche no quiero dormir
sin antes fugarme hasta tu pecho
para refugiarme del frío exterior
que no comparte este lecho
_ni quiero _.
Quiero que se pare el tiempo
mientras tú y yo no paramos de querernos.
Quizá eso nada pueda detenerlo.

Me gustas más cuando son los miedos los que te desvist…

Sin expectativas duele menos

Tenemos tanto pavor a que nos hagan daño de nuevo,
a perder la libertad, y a perder el sentimiento
de sentirnos bien con nosotros mismos,
que nos obcecamos por mantenernos en el margen.
Nos vestimos de camisa, y debajo de la misma
llevamos caparazones y chalecos salvavidas,
por si nos rompieran una vez más la sonrisa.
Y decidimos solo vivir el momento,
sin querer planear ningún futuro,
porque no creemos ya casi en nada.
Y con todo, nos hacemos los duros.
Cuestionamos,
nos aleccionamos a elegir mejor,
y nos separamos del pasado,
sin olvidar que no hay que tropezar
con lo que ya elegimos
ni con los errores que ya cometimos.
Hacemos duda a quienes nos pretenden.
Y se convierten en frágiles
sin saber por cuál tangente saldremos.
Porque, a veces, lo tenemos claro,
pero otras,
nos hacen tambalear tanto el corazón
que dejamos caer los dados
sobre el tablero
para apostar por una partida,
que tal vez merezca la pena,
que tal vez, por esta vez, esté a la talla de nuestra medida.
Pero eso no lo …

Reflexión nº2. Qué irónico

El amor propio, en muchas ocasiones,
no hace otra cosa que perjudicarnos.
Si no, por qué esperamos siempre
que sea la otra persona quien nos busque.
Por nuestra necesidad de sentirnos buscados,
queridos e importantes por ese otro alguien,
olvidando u omitiendo,
conscientemente,
sus necesidades;
la también necesidad de sentirse
buscados, queridos e importantes para nosotros.
Si esas necesidades no se cubren recíprocamente,
no hay entendimiento,
dando lugar a un escenario de sentimientos refrigerados.
O sea, a la frialdad.
El uno por el otro...
Así que, en todo caso,
a veces deberíamos ceder un poco
y no ser siempre los orgullosos.
Porque al final
solo sirve para distanciar a quien quieres.
Y es justamente
lo que no quieres.

Reflexión nº1. Quién nos merece.

A veces nos cegamos
con personas con las que pensamos
que nos hace bien.
Quizá porque no hemos tenido cómo comparar
si de verdad era lo mejor.
Y nos conformamos.
Y entregamos de más.
Pero realmente, quien merece la pena
es aquella que se acuerda de ti
cuando está rodeada de gente,
y nota tu ausencia.
La que no quiere un día sin saber de ti.
La que te llama la atención
porque no le has hablado en todo el día.
La que haría una locura
que no había hecho antes
solo por estar contigo.
Quien te hace feliz en mitad del caos.
Y te hace olvidar la tristeza
en cuestión de un segundo a otro.
Merece la pena quien busca tu felicidad
y no provoca que te auto-destruyas
con la noria de idas y venidas
que supondría una relación tóxica.
Que sea tu complemento.
Ese que hace de ti, una persona más bonita.
Sin dependencias.
Sin cuerdas.
Que el amor sabe mejor
cuando es libre de elección y de cómo vivirlo.
Quiérete _bien_ a ti,
y después, sabrás elegir quién te merece.

El regreso

LLegas inesperable como la lluvia de septiembre empapando mis máscaras para hacerme la fuerte. Contigo desarmada, como antes, como siempre.
Yo ya no te esperaba,
de tantas veces que creí en tu regreso,
imaginándote de nuevo siendo líder de mi sonrisa.

Eres el golpe de ola que no avisa,
que te sacude, te arrolla
y te hace frágil bajo su poder.
Y es que tú puedes hacerme inevitable.
El no poder marcharme cuando tú vuelves
y no poder no sentir, porque contigo siempre ha sido así,
siempre ha sido incontrolable
estas ganas de tenerte,
esta indomable forma de quererte

conmigo.

Se me pasaron tantas cosas por la cabeza
mientras no estabas...
Creí que me había disipado en tus recuerdos
y que ya no me pensabas.
Que fui parche o pasatiempo,
y que mientras tú no sentías nada,
a mí, sin ti,
me pesaba el tiempo.
Pero vuelves siendo la sorpresa más bonita
que brilla en mis ojos.
Y es que, tal vez, nunca dejaste de ser importante.
Me recoges los trozos
y los juntas con los tuyos,
y así haces que la pena en el amor
solo sea u…

En pause

He dejado de sentir cómo nacen las larvas bajo mi vientre,
de sentirme perdidamente ilusionada por coger
al amor que se gesta y que ya siempre dejo sobre algún recipiente;
quizá ya no sepa comprenderlo,
ya no me quede magia en los ojos para seguir viendo cómo se detiene el tiempo,
o quizá me falte ingenuidad para creer todavía en cuentos.
Es algo que expira cuando ya no hay un estado pulcro
en el pecho.
Roto, descuidado y malgastado el pulso,
entre arañazos bruscos.
Y aunque quiera intentarlo, siempre acabo
diciéndome a mí misma, qué hago.
Siempre acabo encontrando un pero.
Como si ya no fuera aquella de antes con el conformismo entre los brazos,
al que en realidad no echo de menos.
Aunque sí me gustaría sentir como sentía;
tan soñadora y con tantas ganas,
que ahora en lo que menos creo, es en aquello en lo que sí creía:

el amor.

Ya no soy capaz de sentir aquello,
ya no solo ante palabras, si no tampoco ante pruebas de te quiero.
No porque no quiera, ni desconfíe, ni tema siquiera al …

Culpable

Soy culpable de haberme conformado con esas dos palabras
que componían un te quiero, sin muestra alguna de veracidad.
Como si fueran esas dos palabras las que alimentasen al amor,  sin más reciprocidad. Soy culpable de haber creído en las promesas, en las afirmaciones
hechas solo por la palabrería escrita en aire y papel, y en los engaños disfrazados de ilusiones; como viejos trucos de ilusionistas,  de encantadores de hipnosis y de magos especialistas en las mayores farsas.
Y de llegar a creer que sus faltas eran mis faltas.
O, incluso haber cargado con ellas a sabiendas
de que yo no tenía nada que ver.
Culpable de haber dicho sí en mitad de la inexperiencia,
y haberme dejado llevar a situaciones con las que no estaba preparada
y en las que no supe decidir con inteligencia.
Soy culpable por haberme dejado herir, tapando mis ojos
para ver solo lo que yo creía ver.
Soy culpable de no quererme sola,
de querer a quien no me quería tanto,
y cuando me querían lo bastante, yo no he sabido n…

El siniestrado

Había magia. Sin chistera ni cartas. Era increíble como cualquier cuento de hadas.
Me miraba  con esos ojos que parecía que se apoderaba de mí. Y yo me dejaba.
Todo iba paso a paso, o quizá me perdí en su piel y no pude ver que íbamos algo rápido.
Yo le protegía y le secaba los ojos, le besaba la mejilla y le dejaba apoyar su tristeza sobre mi hombro.
Y me correspondió. Me mostró su mapa de lunares y me vestía mis labios con sus labios mientras notaba cómo sonreía
a mí o a la vida.
No era suficiente, era mejor que eso. Pero aún así no supo ser el último punto de sutura que cerrara mi corazón, para ser su nombre, mi suerte.
Y no hubo explicación ni precariedad, pero 
ni aun  así
fue para siempre.

El siniestro

Había magia.
No aquella que se escondía entre trucos de barajas. Era algo que no se presagia. Casi imposible y casi irrepetible.
Le miraba y no me asaltaba la duda, quizá por eso pensé que amor no tenía por qué significar ni miedo ni atadura.
Todo iba despacio; manipulándose con precisión la cocción de una ilusión y su espacio.
Era como mi armadura. No tenía por qué decirle que le necesitaba; ya estaba allí lamiendo mis heridas, y siendo la mejor de las curas.
Y yo le correspondí. Le enseñé todo lo que desconocía y le abrigaba las manos con mi aliento en algún invierno en el que, solo por tenerle, ya vencí
a la vida.
No era suficiente, era más que eso. Pero sin embargo yo
yo no supe ser la historia sin terminar que quizá quería.
No fui inherente.

Hipócritas

Seamos hipócritas.
La gente no quiere que les mires con desprecio o indiferencia.
Les da igual que les salpiques la espalda con la crítica,
siempre entre los dientes.
Esperan que te esfuerces porque seas quienes quieren.
No importa si mientes,
siempre se quedan con la apariencia.
Aunque no sea real, es con lo que cuentan;
tú eres el show y ellos la audiencia.
Convencionalismo superficial y formalismo de quita y pon.
Vayamos con el fingimiento en la boca y en los ojos la decepción.
Caretas arrugadas en los bolsillos, dispuestas para jugar a ser otro que ni eres ni quieres ser;
menosprecia tus sentimientos, solo es importante lo que parezca que esté bien.
Tienes que hacerlo, la sociedad te obliga a ello, te empuja a ello.
Vive entre tu verdad y aquella otra que te dictan, como en dos mundos paralelos.
Seamos marionetas,
en manos de cualquiera que tome de nuestras vidas
para dominar las riendas.
Haciendo lo que sentimos en todo momento,
a veces, somos más infelices.
Porque quieren ver có…

La doncella

Aún cuando decía que le olvidé,
a veces buscaba saber cómo estaba.
Quizá por si aún me tenía presente, o tal vez
porque yo todavía le pensaba.
No de aquella forma en la que yo me reducía a la nada
y le regalaba el corazón entero
para ponerme bajo sus cuerdas de titiritero.
Pero algo quedaba aún,
que no eran ni cenizas ni memorias de baul.
Quizá curiosidad bajo aquel rencor.
Quizá mis ganas de querer que sin mí no estuviese mejor.
El egoísmo del odio.
El dolor que pasaron estas heridas ya secas.
Todos los escalones del podio,
vacíos de recelos,
en donde ya no se encuentra.
Y ya no me siento víctima,
de aquel invierno helado,
de aquel infierno entre sus candados.
Tampoco me tiritan
los recuerdos,
y ni siquiera se encuentran bajo tiritas.
Quien perdió,
ya no soy yo,
ya no me siento así.
No fue más que una estación
de entre tantas otras que ya pude vivir.
Pasado y lección.
Nada más.
Y seguramente sepa que no volverá
a tener a alguien que soporte todas aquellas faltas.
Porque su supuesto a…