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Mostrando entradas de 2017

Bajo mis pupilas

Hace un rato te he confundido.
Y es que creo verte allá donde yo miro.
Eres el nombre de las calles y plazas por donde piso.
Estás en el doble sentido de las palabras
que aparece en mí sin previo aviso.
Y me río de todo cuanto imagino que lleva tu risa.
Entonces me contagio de ese dibujo que curva tu boca,
sintiéndome la más viva en este mundo corrompido,
en el que sin saber qué hacer, todo se improvisa.

¿Y si me prometes que yo seré la única?
No voy a creerte, ¿por qué debería hacerlo?
Casi todas las palabras son mentira; llevan túnica.
No me prometas, haz que vea al mundo a tu espalda diminuto, en llamas y cobarde.
Haz que crea que tú eres lo que quiero, mientras el mundo, se desenfoca mientras arde.

Quiero estar en tus contraluces.
Darte la mano cuando estés feliz
y cuando también te preocupes.
Besarte el hombro cuando te apoyes en mí
en esos días en los que renuncies a tus dudas,
a tus miedos, a tus "ya no puedo",
y al ruido de todas esas ataduras.
Y luego cruces tu mira…

El susurro de las Moiras

Me muevo por pura física.
El abatimiento se apodera de mí, me agarra del cuello,
me vapulea y me intoxica.
No tengo hambre, pero como obsesiva,
me pasa a veces, creo que reconforto mi ansiedad;
en ese único momento encuentro la evasiva;
tengo en mi inquietud, su mella.
Esta angustia tan frecuente
es la que me hace devorar a la tristeza y convertirme en ella.
Tengo al desconsuelo a diario en el reflejo de mis ojos,
en mis pies derrotados
y en una capa imaginaria sin arrojo;
esa tela que llevo a mi espalda, desteñida,
queriendo salvarme;
pero esa capa de superhéroe ni me salva ni me cuida.
Voy de un infierno a otro,
y empieza a cansarme pelear con mis demonios.
Voy a rendirme; voy a rendirme; soy yo quien sobro.
Me duelen las ojeras, ya sombrías;
no soporto ni una lágrima más.
Las fuerzas de mi cuerpo ya no son mías.
Las tiene él;
me maneja, me controla, me grita y me aniquila lentamente,
y yo siento que ya no puedo contra él.
Él soy yo.
Yo soy Thanatos.
Porque yo soy quien se deja; veo…

Sin cicatrizar

Esas cicatrices, no de la piel ni de la carne, las emocionales, las que no se van, las que no se curan por mucho alcohol o pastillas que ingieras para quererlas olvidar. Duermen solo por momentos, o quizá no. Quizá nos volvamos más violentos bajo la embriaguez nítida e impasible. Son esas malditas heridas psicosomáticas tan jodidas de exterminar... Mi mente, mi mente a veces no puede más. Se van, a veces por instantes, por horas, días, incluso, puede que con suerte, por años, pero nunca es para siempre. El recuerdo es mi asesino en serie, y yo su misma víctima de siempre.
Quiero olvidar; te juro que lo intento. Pero todo mi cuerpo hace eco del dolor, y reacciona desesperado y enmarañado con el mismo recuerdo punzante. Es un cuchillo. Un viejo cuchillo afilado y oxidado que se clava constantemente en mi carne, y me hace sangrar. Me hace suplicar que me deje de una vez por todas en paz.
                                                                                                     …

Carencias

Es desorbitadamente brutal cómo la mente puede engañarte a ti mismo para hacerte creer que estás con la persona adecuada, cuando se trata de la persona totalmente incorrecta, únicamente por recibir unas migajas de cariño que ves magnificadas por una ceguera emocional.

Irma

Soy tan frágil que podría romperme ahora mismo como una bailarina de cristal de equilibrio bobo, o como la lágrima que brota de los ojos y rompe en lamento.
Soy la ausencia de colmillos del lobo, y el embuste de una sonrisa en una boca deprimida y también soy el que la mira sin saberlo. Me hizo así, la vida; saco los dientes siempre antes de tiempo por si me busca la decepción, y así intento evitar su herida. Porque desde mi primera herida, soy el por qué de todos los fracasos, el casi sí, pero no, la pregunta sin respuesta y el huracán Irma. Llevo el corazón lleno de tiritas de un color verde esperanza, que quizá ni sirva. Pero me enjuagué la sangre que ensuciaba mi cuerpo, y ahora, las marcas que me deja esta puta vida, al menos, parecen menos terribles. Quedamos contra las cuerdas; la dependencia de un estado anímico, la vulnerabilidad de nuestra fortaleza o la ira sometida al límite; todo en lo que nos encogemos y alzamos según nos maneje la vida. Porque ella, es nuestra dueña. A …

Los planetas

Piensa en los planetas.
Esas otras tierras del cielo que se desplazan entre las constelaciones.
Como tú, nómadas e inquietas.
Como tú, porque te mueves entre los lunares de mi piel,
orbitando y residiendo en cada trazo de mi ser.

Glacial

Son las 7:00 y la habitación está helada;
y aún a oscuras se ven las siluetas
entre sombras y pequeñas luces que se filtran por la ventana.

Me refugio en el calor mientras tirito de frío.
Me tiritan los huesos como si bailasen arrítmicos y apresurados.
Parece que este cuerpo no es el mío.
Parece que me voy de un suspiro entre estos labios devastados.

No es invierno.
Y no hace frío.

Pero dentro de mí es diciembre todo el año.
Es este recuerdo,
es este dolor en el que me ensaño.

Peleo a diario contra él y él contra mí.
A veces, parece que me rindo,
pero me quedo aquí,
mirándole de cerca,
porque de osadía es de lo único que no prescindo.

Es esta noria, este altibajo
quien consigue desarmarme.
Y aunque me haga daño, no me hace insalvable,
soy yo quien opto por abandonarme.

Aunque no sea invierno, yo me vuelvo invierno
y cuando no hace frío, soy yo el frío.
La tristeza me atrapa y yo me dejo incrustar.
Es esta frialdad en mis venas de este cuerpo que ya no es mío.

Yo soy el dolor.
Yo soy e…

Los tristes también ríen

A veces es difícil encontrar motivos para seguir.
Como arañar un Rasca y Gana, y perder,
la vida _constantemente_  es un poco así.
Pero no te puedes dejar vencer.

Vas a enloquecer, lo sé.
Vas a enloquecer de tanto pensar
que la vida no es para ti.

Vas a escupir a la cara a quien te señala con los ojos,
voceando que eres la persona más triste.
Los tristes también ríen.
Pero el dolor es tan agudo que la tristeza es toda la ropa que te viste.

En ocasiones,
usas máscaras para fingir ser lo que no sientes.
Pero solo cuando sientes que el peso te tira demasiado del cuello,
y entonces solo puedes sonreir mientras mientes.

La tienes al frente.
A tu infelicidad.
A diario.
Mientras te miras al espejo y te dices "¡ya no puedo más!"
Pero sí puedes; no dejes que la pena sea el más inclemente sicario.

Recuerda que los tristes también ríen.
Y tú reirás cuando dejes de ensuciarte las manos
con el llanto que te empaña y no te deja ver.

Vas a enloquecer, lo sé.
Pero no te puedes dejar vencer.

Pequeña

Fumaba para olvidar.
                 Eso decía.
"Vuelo más allá de donde realmente puedo estar."
Se sentía negativa, deprimida;
alzaba la cabeza solo para que los demás
no vieran que se creía pequeñita.
Le acaricié la cara mientras le miré a los ojos.
                                                Necesitaba eso.
Una caricia en lugar de una puñalada.
Una caricia.
Una caricia al dolor de donde no hubo un beso
cuando lo necesitaba.
Le quité el cigarrillo de los dedos, y le dije,
"Suelta tus miedos;
Ya es hora de agarrarle el culo a la oportunidad
y mirar por ti, primero."
Se secó sus ojitos tristes
y manchó sus manos de rímel.
Se mordió los labios, llenos de sal de lágrimas,
tragó saliva y dijo,
"Ahora voy yo, ahora es mi turno."
La pequeña de ojos tristes,
dejó de ver al mundo
de tonos grises.
y vio por fin, al fondo, una luz brillar.
Cogió mi mano,
y echó a volar.

Solo necesitaba eso.
                  Solo eso.
Alguien que no le hiciera sentir tan peque…

Octubre

He visto lucir sonrisas entre las hojas de otoño de este altibajo temporal de octubre. Se han recogido, secas, las lágrimas; y maquilladas de optimismo, han salido a volar en sus alas rotas.
Las hojitas marchitas ya no se ven en el suelo, al igual que no se ven ya húmedas esas ojeras que quisieron cambiar a las pesadillas por sueños.
Octubre huele a ilusión. Al menos, este octubre, ya no sabe a mar. Lavé mis manos sucias de pasado, y me las secó el mismo aire de la calle.
He visto enmudecer bocas que señalaron antes de tiempo, porque muchos no necesitan hablar sabiendo.
Creo que he visto a la esperanza en una boca de mujer. Vi la risa de una chica que antes fue sin existir; y sé que yo también estuve sin estar. Y sé, que esa risa que yo vi,  se llama resucitar. Aunque fue trágica en su letargo, también es bellamente mágica en su renacer. La sonrisa más bonita que yo he visto, lo juro. La sonrisa más bonita que yo he visto, lo juro. Esa sonrisa me devolvió la fe.

A ras del suelo

Soy la cara de la moneda que no se escoge.
El número 13 que muchos evitan.
El juego con el que casi nadie apuesta.

Si llueve, no importa que me moje,
¿acaso alguien se dará cuenta?;
¿acaso alguien diferenciaría la lluvia
de mis mejillas mojadas por la pena que me devora?

Yo sufro a deshoras.
Y picoteo entre mis cicatrices
por si tras esta piel herida se encuentra otra vida,
y ya dejo de sentirme tan sola.

Estoy rodeada de personas,
y yo me siento tan vacía...
Me ponen la mano en el hombro
y aprietan con cariño.
Pero esta pena es solo mía,
y no hay brazos suficientes para abrazar
a este lamento que me tiene entre su escombro.

Estoy hecha trozos,
y no veo luz hacia la salida.
Arrastro los pies por el suelo
buscando suelto en mis bolsillos
por si puedo comprar a la suerte,
o por si puedo pactar con el mismo diablo,
que, tal vez, él sí sepa entenderme.

Que por querer huir soy la cobarde,
pero si no fuera tan valiente,
no podría sostener estos mis trozos,
ni querría encontrarme con la suer…

Invierno

Pronto llegará el invierno
y con él, mi tristeza árida empezará a humedecerse.
La llovizna se descubrirá en las noches de café frío
cuando me encuentre a solas con toda esta pena que nunca va a detenerse,
y que coge entre mis manos,
como este vaso que ofrece sabor a mi disgusto.
Que, ya duele este camino tan poco llano;
y dime si es lo justo.
Que duelen las ausencias
de quien deja de estar; los reproches por todo lo que no fue,
y los huecos llenos de polvo y telaraña de las carencias.
Sobre todo de las carencias.
De todo lo que podría haber sido mejor.
Que pude haber sido mejor y no lo fui.
Que pudieron ser mejores y no lo fueron.
Que las culpas, da igual de quienes fueron, que solo sé
que quien se queda taciturna, soy yo.
Y con mi tacita en la mano, de café,
intento olvidar todas las ausencias que duelen,
los reproches por todo lo que no fue,
y los huecos llenos de polvo y telaraña de las carencias.
Sobre todo, las carencias.
Y de todo lo que podría haber sido mejor.
Y aquí estoy yo,

Cualquiera podría decirte que le encantas,
creyéndose que te conoce.
Y te miran, esperando de ti, siempre algo más.
Yo, en cambio, te diré
que lo que me gusta de ti es la diferencia que pareces
entre tanta normalidad.
Esa normalidad podrida.
Esa normalidad que, para señalar,
sí que es la más atrevida.
La que juzga pero no se alude.
La que reprime y margina.
La que hace que la angustia chorreé por tus poros y te sude.
La que sonríe y te traiciona cuando marchas.
La normalidad;
esa sucia normalidad llena de manchas;
esa que no quiero,
esa que no tolero,
                                     esa
                                            que
                                                    no
                                                          eres.

Y tú, con tu sonrisa tan presumida,
vestida de atrevimiento.
Rojo pasión,
rojo sangre escarmiento.
Luces tu cuerpo con tinta sobre la piel.
Es tu propia constitución la que exhibes;
tus emociones, tus normas, tu decreto ley, tu forma…

Ahora o nunca

Mientras yo mato las horas
recordando lo que fuimos y no seguimos siendo,
tú me matas a mí;
por no arriesgarte, preferiste irte huyendo.

Tú te quedabas, de la moneda,
solo con una cara.
Era,
o todo o nada.

Si te vas, no me busques,
te dije.
Porque es ahora o nunca.
Que no va a haber oportunidad después
de que el dolor se regocije.





Libro a medias

Te dije, "quédate mientras quieras."
Tú eras el lector y yo el libro que fracasó
por leerme a medias.
Pensé que te quedarías todo el tiempo.
Pero solo te valió retenerme para ser
por un rato tu pasatiempo.
Y así, en realidad, yo no fui quien fracasó.
Fuíste tú, por no saber quedarte con quien importabas,
mientras a ti no te importó.

País de títeres

No quiero un país que se desune, que se desbarata, que se intoxica con los prejuicios y tópicos. Ni quiero que llevar a su bandera, sea una compañía poco grata, donde la ondee y la luzca solo para  vitorear las victorias de fútbol. Entonces sí, orgullosos. Entonces sí, no hay vergüenza ni pudor.
No quiero que los colores de esta tela bordada solo represente al flamenco, a los toros, a las tapas y a las juergas como si fuese nuestra única realidad. Como si todos representásemos esta realidad. Como si olvidaramos a la gran cultura de la que podemos presumir, como la que dejaron españoles poetas, pintores o arquitectos, belleza que no se puede ni debe olvidar ni reescribir. Por qué no mejor pensamos en todo aquello. Por qué echarnos los balones fuera para juzgarnos, en lugar de dialogar, y luego decidir.

Si esto es así, no lo quiero.
No quiero un país que se señala a sí mismo
por los diferentes acentos y dialectos,
y ríe con burla, y acusa como si esto se tratase de un defecto.
Orgullos…

Inerte

Un continuo juicio hacia lo diferente.
La verdad contraria.
La razón que no entiendes.

Debates sociales llenos de inconformismo.
Violencia abrupta.
El telediario podrido
de prensa rosa, crímenes, violencia machista
y política corrupta.

La bandera nacional en los balcones
gritando en sus ondeadas una libertad democrática.
Tan falsa, tan soñadora, ella tan máscara
y nosotros tan marionetas.
Seremos, seguro, piezas de alguna gubernativa táctica.

Desesperación.
Un puño alzado clamando libertad.
Barricada en las calles
con la intención de que de una vez por todas
nos escuchen a voz quebrada.
Nuestros derechos escritos sobre un papel que no tiene seriedad.

Rompemos España.
Nos enfrentamos entre ciudadanos.
Removemos el polvo de la historia.
Y entre tanta lucha sin resolver, el corazón se nos empaña.

¿Qué logramos?

Llantos de dolor.
De injusticia.
Un quebranto en donde
nuestros ojos no pueden soportar
más decepción.

Decepción por la desigualdad.
Por el fraude.
Por la falta de conciencia o vo…

(DES)HECHOS

De qué sirve que
me hayas demostrado tanto
durante tanto tiempo si de pronto
vas a dejar de estar,
                de poder contar contigo.

                 De nada.
     De absolutamente nada.

Lo que yo llamo hogar

¿Desaparecemos?
O qué tal si me cobijo bajo tu ropa
como una capa de invisibilidad.

     Refugio.
         Abrigo.
             Hogar.

Lo que representan tus brazos
cuando me aprietan fuerte y
siento que a todo aquello, que nos
lastima y nos señala,
       lo vencemos.

    Así.
       Contigo.
             Unidos.



Las tortuosas relaciones cubistas

El paso del tiempo nos transforma. Nos volvemos desconfiados y exigentes por norma. Yo tengo el puente de Brooklyn en mis ojos iluminados.
Por más guerras, yo nunca he atado a mi corazón entre cadenas y candados. Por qué hacer holocausto a nuestros sentimientos más humanos. Estar llenos de heridas no significa tener que hacernos a un lado. No nos hace estar más a salvo.
Soy los 300 metros de vértigo en la punta de la Torre Eiffel, cuando me desechan de sus vidas y, entonces yo, pierdo la fe. Pero sigo en pie.
Tengo en la piel las mismas grietas que los árboles. Grietas inadvertidas de experiencia y conocimiento que me hacen ser más fuerte. No voy a rendirme. No voy a sucumbirme ante el miedo ni pensaré que he perdido la suerte.
Voy a vivirte, vida. Y aunque me esperen muchos más llantos y caídas, yo te miraré con optimismo, porque sé que detrás de tu belleza, ofreces la complejidad de un cuadro de cubismo.

Arrepentimiento inoportuno

Acaso importa que tenga las manos atadas.
Que ya no pueda hacer nada,
mientras me lamento porque no estás donde estabas.
Y mi boca calla todo lo que debí haberte dicho.
Y me grito,
solo a mí por dentro hasta rajarme la piel,
que debí haber sido mejor, mientras pude.
Que te he perdido.
Y ya no te tendré más.
Que te has ido.
Y se me abren una y otra vez los hilos de esta herida que me cosí.
Y ya no sé qué pasaría si todavía estuvieras aquí
y, entonces yo,
te hubiera querido, cuando te tenía, un poco mejor.

Nuestra guerra

Eran polvos mágicos los que cayeron sobre nosotros.
No fue el roce de nuestra piel
ni el ruido que hacían otros.
Para mí, no existían otros.
Fue el roce de nuestras miradas
y el ruido que hacías tú
para mis pupilas dilatadas,
cuando te miraba de reojo.
Es cuando te tengo ante mí,
con la austeridad de las dudas,
cuando veo lo que no tuve ocasión de ver,
cuando veo lo que nunca vi.
Es el corazón granulado sobre mis manos,
convirtiéndose en tierra de reloj de arena.
Me deshaces.
Me conviertes.
Tú eres el sol y yo la avena.
Es amor, ocasional, tal vez,
como las historias de verano.
Qué eres, qué quieres ser,
que yo me quedo entre tus dedos como el mejor puro habano,
para que me acaricies con tus labios.
Y tú me rozas.
Y me abrazas.
Y miras con la persistencia de unas semillas de flor de loto.
Son esos ojos que penetran en los míos.
Es esa manera de infiltrarte en mí, como te noto.
Es la claridad de tus iris como el rocío de los ríos.
Es esa cara traviesa que esconde rock en los ojos.
Pue…

La intranquilidad de una mente inquieta

Dejo de mirar al mundo con la ansiedad por el mañana.
Yo soy Eva y el deseo es la serpiente que me enseña la manzana.
Esas ganas que me gritan desde dentro y no me dejan libre.
Llevo resaca sin haber bebido cubalibre.
Son esas copas del descontento.
Es el "ya llegará" con el que me calmo, o, quizá, me miento.
Es la vida que me araña, y duele.
Es el mundo, que, parece mirarme con vacilo, y hiere.

Una canción de rock

Mi corazón es un micrófono abierto
cuando pasas cerca de mí,
y empieza a bombear fuerte contra mi pecho,
tarareando a voces alguna canción de rock, feliz
Imparable.
Invencible.
El desencanto deshecho a mis pies
y la magia brotando en el aire insostenible,
cayendo sobre nosotros.
Hechizados.
Salvados, con tan solo rozarnos las miradas.
Tú y yo sobrevolando todas las sonrisas del revés;
así tú me salvas, mientras la vida para el resto sigue intacta.

Balada triste de piano

Los últimos mimos.
Las despedidas tristes. El adiós definitivo. La larga espera entre paredes con la pena colgada entre alfileres. Las miradas inquietas,  sin saber dónde esconderse. El silencio entre murmullos perforando un vacío que hace a la fuerza penderse. Los suspiros entrecortados. El aliento por la angustia,  arrebatado. El luto en camisas manchadas de  salpicaduras de llanto. Ni hambre ni sueño ni sed ni tampoco empeño en seguir caminando. Las horas pasan pesarosas, y solo puedes revestir al dolor con un collar de rosas inmaculadas. Los días, las noches, con olor a humedad. Es esta tristeza que no se va. En momentos como estos no existe la suerte. Hoy vi la impoluta mañana despertando. Hoy conocí a la muerte.

Magia

Solamente le vi pasar ante mí,
con sus ojos grises.
Me regaló su sonrisa, y yo...
yo solo sentí ser forastera de otros países
que no había visto antes.
No sé qué pasó en esos dos minutos
en donde no podía dejar de mirarle.
Yo solo sentí cómo los 8 planetas se hacían diminutos
al mismo tiempo.
Y yo, era Plutón, mientras su presencia
era el mismo firmamento.
Le veía allí donde mirase.
O quizá era lo único donde yo quería mirar.
Yo solo quería que se quedase.
Que siguiera siendo aquel extraño hechizo al que yo pudiera sonreír.
No sabía si volveríamos a vernos
o si toda esta magia se quedaba allí.
Y también en mi recuerdo.
No sabía si no sería mutua la sensación de aquel día
o si sería el inicio de algún tipo de preacuerdo.
Pero ese momento fue el principio de todo.
Y también fue el momento de
dejar de sentir a mi mundo medio roto.
Incendió bajo mi pecho una revuelta causando una especie de Revolución.
Desde entonces yo ya era la bandera blanca.
Porque, desde entonces, su mirada es mi per…

Opus magnum

Ella,
ella no era como las demás.
Sacudía su pelo despeinado entre el viento
y no le importaba que los mechones taparan su cara.
Miraba al mundo con tiento,
sonriendo en cualquier sitio donde pisara.
Sus ojos eran como la noche estrellada de Van Gogh.
Podías mirarlos y creer perderte entre luces de cielo
sonando de fondo, en tu cabeza, alguna canción.
Estaba cansada de declaraciones de intenciones y de amores de hábito.
Esperaba a que la mirasen como nunca antes,
con esa rara magia o pálpito.
Ellos,
no sabían ver que ella
era arte.
No porque su corazón tuviera forma de arquitectura gótica,
ni porque sus labios estuviesen manchados de pintura barroca.
Sino, porque ella era única.
Era como una obra peculiar de inteligente elección,
en la que solo ojos con precisa sensibilidad
sabrían apreciar su valor.
Tal vez encontró al amor en algún bar de copas,
entre charlas sólidas y música grunge,
o quizá aún siga sola,
y así se quiera más.
Solo sé, porque recuerdo todavía, que, ella
no era como …

La chica coraje

Es difícil verte sin reír casi a carcajada,
tú que eres la chica de la sonrisa infinita.
Con tu aire misterioso, vas recogiendo miradas
que para nada te hacen sentir pequeñita.
Tú, que has visto batallas en tierras que eran hogar
y has sido fuerza cuando cargabas a tus hombros
una tristeza que era más bala que puñal.
Y aun así regalas tu sonrisa como si nada te doliera.
Como si nunca hubiera pasado por encima tuya la vida
mientras ésta se riera.

El bucle

Siempre es lo mismo.
Dedicamos canciones y con detalles obsequiamos
como si diéramos un trocito de nosotros.
Besamos lento como si no hubiera tiempo.
Abrazamos
como si se acabase el tiempo.
Apretamos el pecho al otro queriendo que
el minutero fuese infinito,
pero es corto todo este aliento.
Es breve la sensación de sentirnos a gusto.
Y aun así, damos todo nuestro esfuerzo por querernos,
aunque sepamos que todo acaba.
Como si luego no fuera a dolernos.
Pero, la verdad es que, sabemos que todo este
suspiro de éxtasis emocional, va a derrotarnos
en cualquier momento.
Sabemos que abriremos en canal al corazón
para sacarnos el uno del otro.
Normalmente es así como suele ser.
Y, pese a todo, nos arriesgamos para volver
a sentir la breve felicidad,
a sabiendas de que, en algún instante,
echaremos a llorar.

Necedades

Odio hablar de ti.
Darte la importancia que no deberías.
Abrirme las venas para sacarte de mí.
Y aun así no puedo.
Eres tatuaje en mi piel.
Eres venda en mis ojos.
Eres la esclavitud sobre mi pensamiento que no me deja ser.
Y aun así sigo ciega diciendo te quiero.

Idealismo insustancial

Y vuelves cuando casi ya te olvido. Me revuelves cada sentimiento, y hago hueco en el orgullo para quererme otra vez contigo.Vienes y te vas cada vez que quieres, y yo te dejo abierta la puerta, tonta de mí, dejando que me hieras. Y te aprovechas; porque puedes.
Te busco incansable, pero nunca te encuentro. No dejas encontrarte, ni en sueños, ni en hueso ni carne. Y ya no sé por qué te busco. Siempre pienso que si te doy un poco aún más de mí, cambiarás. Y que entonces empezarás a demostrarme. Pero ni tú cambias ni yo escarmiento. He querido creer que ibas a estar para mí, como dijiste que te gustaría; y así me miento, con la ilusión de que lo harás, pero es que no lo haces. Y eso es lo que me vale para darme cuenta de que debo huir de tus caprichos. Que, así, no cuentes más conmigo.

Te puedo tener a menos 2 milímetros de mí, y aún así, sentirnos emocionalmente lejos
de ti,
de mí.
Y así, no te quiero.
Yo, que pensé que eras mi serendipia; pero no he encontrado en ti lo que creía.
Me conviertes en inc…

Soneto nº1

Tú arrodillas a mi amor propio y a mi propia vida;
esposas mis manos, y vendas mis ojos.
Son de tus migas, de lo único que me sirvo entre tu ida y tu venida.
Yo, recluta de un amor imparcial, y de unos labios rojos.

Qué me das tú, si no requiebro y una locura insostenida.
Y yo recojo ilusa cada viruta, llena de antojos,
como si alguna vez mi boca llegara a estar de tu boca, servida.
Tú, que llevas el pecho lleno de puertas con cerrojos.

Sé que llegar a ti parece todo un reto.
A veces pesimista, quiero darme la vuelta,
decirte adiós, y vetarte de una vez de mí, pero no te veto.

Acaso soy masoquista, pero mi mente no te suelta.
Mi noción queriendo gritarte vete, pero no te grito ni te sujeto.
Vete si quieres, que aunque llore, no te detendré, te lo prometo.



Algo n o funciona

Yo siempre con mi manía de hacerte sentir especial; y tú con tu maldita manía de olvidarte por momentos de mí. Somos inconexos,  y aún así yo busco todas las maneras de acercarme más a ti. Emocionalmente polos opuestos,  porque soy yo quien no sabe controlar estos impulsos  de demostrarte que estoy aquí y no me voy a ir; que quiero quedarme contigo. Y todavía así,  mientras te acercas y después te alejas,  y te acercas de nuevo, para luego quizá volverte a distanciar,  yo siempre me quedo en algún rinconcito rozando tus dedos,  esperando a que decidas conmigo ese algo más. Esperando a que de una vez ordenes este puto desorden emocional.

Mi salvavidas

Si supieras lo capaz que soy de hacer por ti, todo lo que no hice por nadie...
No espero que me preguntes por qué, es que tampoco yo lo sé,
pero sí me doy cuenta de que me siento  g r a n d e,  e n o r m e,
desde que estás presente en este hormigueo que llevo con tu nombre.

A rastras, casi despegadas ya las heridas.
Olvidadas.
Me las arrancas a bocados, mientras me agarras por el hueso de mis caderas.
Protegida.
Tus abrazos, mi salvavidas.

Mi tristeza se hace estrecha, hasta que ya no queda nada... nada.
Solo la sombra de un recuerdo que fue y que ya no es  n a d a.

Me he olvidado de alinear mis labios; desde ti solo saben dibujar curvas.
Innumerables.
Infinitas.
Y cuando me doy cuenta, tengo esa cara de tonta feliz
con la que hacía demasiado que no me encontraba.
Contigo, la vida es una versión mejorada,
en la que siento que la fortuna me acude.
Lo demás podría asemejarse a una demo, que se repetía en bucle
y en donde no tenía
destino ni guía.

Tú en cambio, pareces esa brújula que me…

Y si...

Es inevitable pensarte.
Y no por falta de intentos. Quizá no tengo las armas suficientes para olvidarte. Quizá es que no quiero. Sí, es eso. No quiero porque estoy convencida de que sin ti, no me muero, no, pero sí que sumando ese tú y yo / yo y tú, así soy mucho mejor. A lo mejor porque quiero hacerlo todo bien contigo. A lo mejor porque quiero darme la oportunidad de quitarme lo menos posible la sonrisa de la boca. Tal vez lo consigo. Sé que si las cosas se cuidan se mantienen, pero no se consiguen. Siempre existe la inestabilidad,  y su maldita posibilidad de romper con todo en cualquier momento en el que alguien se rinde. Pero está claro que siempre será mejor, cuidar de lo que se quiere. Y yo, yo te quiero a ti. No sé si tú a mí. La verdad es que tengo dudas. Y tal vez eso, en ocasiones me aterra. Puede que porque mis manos ya no quieren tocar a otra piel que no sea la tuya. Como si llevaran un letrero con tu nombre y no aceptasen otro. Quizá eso, me suponga un problema o un esto…

El desliz

Podré cometer un desliz.
Puede que cuando me olvide de que tu piel me parece la más suave.
Cuando me olvide de que es tu cuerpo mi asilo y que teniéndolo, siento planear como un ave.
Puede que cuando no recuerde que son en tus ojos donde yo me siento mejor.
Cuando me acostumbre al tacto de tus manos sobre mi corazón
y eche de menos cómo me sentía sin que lo agarres con ese amor tuyo.
Cuando sienta la duda de cómo sería si te sustituyo y ya no te incluyo en mis planes.

Podré cometer un desliz.
Cuando me parezca rutinario el desayuno de tus besos y las noches de abrazos infinitos.
Puede que cuando ya no recuerde que desde ti, es cuando el mundo me parece pequeñito.
Cuando no piense que son las yemas de tus dedos las que me hacen reír.
Puede que cuando el sonido de tu risa no me provoque ya el efecto de sentirme feliz, como hasta ahora, y puede que entonces, ya tampoco me apetezca parar contigo las horas.

Podré cometer un desliz.
Quizá cuando deje de morderte los labios tanto como hasta …

Cicatrices

Notaba los bolsillos cargados de vacío.
He llevado una máscara hecha a medida para taparme la tristeza que me causa tanto frío
interior.
Puede que el sentirme sola entre tanta gente, haya sido mi condena.
Y así he llorado yo la pena,
detrás de mi ausencia,
y detrás de esta careta.
Yo sé que la felicidad solo se toma por sorbos.
Mi boca buscaba oxígeno para gritar socorro
y arañar con las uñas las puertas que me cerraban el paso,
pero se mantuvo la sensación de ahogo,
y así siempre he visto medio vacío el vaso.
Parece que las cosas buenas llegan con retardo
o es que soy yo que he estado viviendo en un estado de letargo,
con esta penumbra que crispa, anudándome los brazos,
desajustando mi vida, y haciéndome cada vez más pesimista,
y con las heridas incrustadas a mi piel, sin reparo,
recordándome todo lo que me gustaría olvidar.
¿Es que no se podrán alguna vez sanar?
A veces sonrío y siento que estoy viviendo una mentira,
y es que quiero rehacerme y no volver a ser la misma.
Pero, ¿cómo …

¿Cúal es la ocasión perfecta?

Me agarró por la espalda, me colocó un par de alas
y me dijo, puedes irte si quieres.
Pensé, quizá no le importa que me vaya.
Me sentí sobre la inestabilidad de un precipicio, entonces yo,
con miedo a hacerme desastre, abrí el plumaje y comencé a volar.
Quizá yéndome me empiece a necesitar.
También quizá no.
Entonces empecé a querer olvidarme de lo que yo quería.
Lo importante es si eso mismo que yo siento, lo sentimos los dos.
Y parecía que no me correspondía.
Tantas veces he soñado con sus brazos agarrándome fuerte tras la espalda.
Tantas veces he pensado, que si me diera una sola ocasión de tenerme de frente
sin las espadas de escudos tan perennes,
muy posiblemente hubiese conseguido derretirle esta frialdad.
Pero qué más da;
sé que con el tiempo me mirará
con esas pupilas color cielo,
y con lo que ahora se resiste, entonces no se resistirá.
Pero siempre existe un pero,
y en esta historia no será menos;
y es que si me pone esas alas,
y yo echo a volar más allá de su alcance,
existe…

Vete de mí

Te buscaba en otros ojos, en otro pelo, en otras caras nuevas
que pudieran recordarme a ti,
como si de alguna manera te tuviera.
Pero no eras tú, y eso no me hacía feliz.
Me he dejado caer en manos que no eran las tuyas,
intentando lidiar con la carencia que me suponías.
Pero solo he sentido un vacío que magulla.
Y no supe cómo decirme a mí misma que te olvidara.
Quería que te fueras, que de una vez dejaras de estar en mi mente,
y aunque llevara ese peso a cuestas, no lo soportaba.
No soportaba que estuvieras sin estar,
que fueras recuerdo pasado,
que fueras herida sin sanar.
Me preguntaba cada día,
qué hacía yo tan perdida en ti, y tú tan como si nada.
Y me preguntaba por qué no volvías.
Dejaste olvidado cómo yo contigo he sido,
cómo fuiste tú también conmigo,
y con todo ello, qué fue lo que sentimos.
Parecían emparedadas de todas tus palabras,
las cuatro paredes de mi cuarto.
Y me quedaba mirando a la nada, tan perdida como te miraba a ti,
como si fueses alguna piedra preciosa de cu…

Desvelo

Quédate conmigo hasta que se me cierren los ojos.
Y háblame de cualquier cosa;
cuéntame si al mirarte te sonrojo
o si sientes en el vientre mariposas.
Háblame de lo que sea, pero háblame bajito.
Que tu boca me parece más bonita cuando se dirige a mí
y tus labios se mantienen pegaditos.
Que tus ojos me atiendan como si fuera lo que más te gusta observar;
como quien mira al horizonte y se pierde en la longitud del mar.
Yo quiero ser tu mar.
Yo quiero ser aquello que adores, y con lo que sientas ternura
cuando me mires y me toques,
cuando me huelas y me notes.
Y rozándote con la leve caricia de mis labios
ya sientas la piel erizada de tus brazos.

Quédate conmigo hasta que se me cierren los ojos.
Que esta noche no quiero dormir
sin antes fugarme hasta tu pecho
para refugiarme del frío exterior
que no comparte este lecho
_ni quiero _.
Quiero que se pare el tiempo
mientras tú y yo no paramos de querernos.
Quizá eso nada pueda detenerlo.

Me gustas más cuando son los miedos los que te desvist…

Sin expectativas duele menos

Tenemos tanto pavor a que nos hagan daño de nuevo,
a perder la libertad, y a perder el sentimiento
de sentirnos bien con nosotros mismos,
que nos obcecamos por mantenernos en el margen.
Nos vestimos de camisa, y debajo de la misma
llevamos caparazones y chalecos salvavidas,
por si nos rompieran una vez más la sonrisa.
Y decidimos solo vivir el momento,
sin querer planear ningún futuro,
porque no creemos ya casi en nada.
Y con todo, nos hacemos los duros.
Cuestionamos,
nos aleccionamos a elegir mejor,
y nos separamos del pasado,
sin olvidar que no hay que tropezar
con lo que ya elegimos
ni con los errores que ya cometimos.
Hacemos duda a quienes nos pretenden.
Y se convierten en frágiles
sin saber por cuál tangente saldremos.
Porque, a veces, lo tenemos claro,
pero otras,
nos hacen tambalear tanto el corazón
que dejamos caer los dados
sobre el tablero
para apostar por una partida,
que tal vez merezca la pena,
que tal vez, por esta vez, esté a la talla de nuestra medida.
Pero eso no lo …

Reflexión nº2. Qué irónico

El amor propio, en muchas ocasiones,
no hace otra cosa que perjudicarnos.
Si no, por qué esperamos siempre
que sea la otra persona quien nos busque.
Por nuestra necesidad de sentirnos buscados,
queridos e importantes por ese otro alguien,
olvidando u omitiendo,
conscientemente,
sus necesidades;
la también necesidad de sentirse
buscados, queridos e importantes para nosotros.
Si esas necesidades no se cubren recíprocamente,
no hay entendimiento,
dando lugar a un escenario de sentimientos refrigerados.
O sea, a la frialdad.
El uno por el otro...
Así que, en todo caso,
a veces deberíamos ceder un poco
y no ser siempre los orgullosos.
Porque al final
solo sirve para distanciar a quien quieres.
Y es justamente
lo que no quieres.

Reflexión nº1. Quién nos merece.

A veces nos cegamos
con personas con las que pensamos
que nos hace bien.
Quizá porque no hemos tenido cómo comparar
si de verdad era lo mejor.
Y nos conformamos.
Y entregamos de más.
Pero realmente, quien merece la pena
es aquella que se acuerda de ti
cuando está rodeada de gente,
y nota tu ausencia.
La que no quiere un día sin saber de ti.
La que te llama la atención
porque no le has hablado en todo el día.
La que haría una locura
que no había hecho antes
solo por estar contigo.
Quien te hace feliz en mitad del caos.
Y te hace olvidar la tristeza
en cuestión de un segundo a otro.
Merece la pena quien busca tu felicidad
y no provoca que te auto-destruyas
con la noria de idas y venidas
que supondría una relación tóxica.
Que sea tu complemento.
Ese que hace de ti, una persona más bonita.
Sin dependencias.
Sin cuerdas.
Que el amor sabe mejor
cuando es libre de elección y de cómo vivirlo.
Quiérete _bien_ a ti,
y después, sabrás elegir quién te merece.

El regreso

LLegas inesperable como la lluvia de septiembre empapando mis máscaras para hacerme la fuerte. Contigo desarmada, como antes, como siempre.
Yo ya no te esperaba,
de tantas veces que creí en tu regreso,
imaginándote de nuevo siendo líder de mi sonrisa.

Eres el golpe de ola que no avisa,
que te sacude, te arrolla
y te hace frágil bajo su poder.
Y es que tú puedes hacerme inevitable.
El no poder marcharme cuando tú vuelves
y no poder no sentir, porque contigo siempre ha sido así,
siempre ha sido incontrolable
estas ganas de tenerte,
esta indomable forma de quererte

conmigo.

Se me pasaron tantas cosas por la cabeza
mientras no estabas...
Creí que me había disipado en tus recuerdos
y que ya no me pensabas.
Que fui parche o pasatiempo,
y que mientras tú no sentías nada,
a mí, sin ti,
me pesaba el tiempo.
Pero vuelves siendo la sorpresa más bonita
que brilla en mis ojos.
Y es que, tal vez, nunca dejaste de ser importante.
Me recoges los trozos
y los juntas con los tuyos,
y así haces que la pena en el amor
solo sea u…

En pause

He dejado de sentir cómo nacen las larvas bajo mi vientre,
de sentirme perdidamente ilusionada por coger
al amor que se gesta y que ya siempre dejo sobre algún recipiente;
quizá ya no sepa comprenderlo,
ya no me quede magia en los ojos para seguir viendo cómo se detiene el tiempo,
o quizá me falte ingenuidad para creer todavía en cuentos.
Es algo que expira cuando ya no hay un estado pulcro
en el pecho.
Roto, descuidado y malgastado el pulso,
entre arañazos bruscos.
Y aunque quiera intentarlo, siempre acabo
diciéndome a mí misma, qué hago.
Siempre acabo encontrando un pero.
Como si ya no fuera aquella de antes con el conformismo entre los brazos,
al que en realidad no echo de menos.
Aunque sí me gustaría sentir como sentía;
tan soñadora y con tantas ganas,
que ahora en lo que menos creo, es en aquello en lo que sí creía:

el amor.

Ya no soy capaz de sentir aquello,
ya no solo ante palabras, si no tampoco ante pruebas de te quiero.
No porque no quiera, ni desconfíe, ni tema siquiera al …

Culpable

Soy culpable de haberme conformado con esas dos palabras
que componían un te quiero, sin muestra alguna de veracidad.
Como si fueran esas dos palabras las que alimentasen al amor,  sin más reciprocidad. Soy culpable de haber creído en las promesas, en las afirmaciones
hechas solo por la palabrería escrita en aire y papel, y en los engaños disfrazados de ilusiones; como viejos trucos de ilusionistas,  de encantadores de hipnosis y de magos especialistas en las mayores farsas.
Y de llegar a creer que sus faltas eran mis faltas.
O, incluso haber cargado con ellas a sabiendas
de que yo no tenía nada que ver.
Culpable de haber dicho en mitad de la inexperiencia,
y haberme dejado llevar a situaciones con las que no estaba preparada
y en las que no supe decidir con inteligencia.
Soy culpable por haberme dejado herir, tapando mis ojos
para ver solo lo que yo creía ver.
Soy culpable de no quererme sola,
de querer a quien no me quería tanto,
y cuando me querían lo bastante, yo no he sabido n…

El siniestrado

Había magia. Sin chistera ni cartas. Era increíble como cualquier cuento de hadas.
Me miraba  con esos ojos que parecía que se apoderaba de mí. Y yo me dejaba.
Todo iba paso a paso, o quizá me perdí en su piel y no pude ver que íbamos algo rápido.
Yo le protegía y le secaba los ojos, le besaba la mejilla y le dejaba apoyar su tristeza sobre mi hombro.
Y me correspondió. Me mostró su mapa de lunares y me vestía mis labios con sus labios mientras notaba cómo sonreía
a mí o a la vida.
No era suficiente, era mejor que eso. Pero aún así no supo ser el último punto de sutura que cerrara mi corazón, para ser su nombre, mi suerte.
Y no hubo explicación ni precariedad, pero 
ni aun  así
fue para siempre.

El siniestro

Había magia.
No aquella que se escondía entre trucos de barajas. Era algo que no se presagia. Casi imposible y casi irrepetible.
Le miraba y no me asaltaba la duda, quizá por eso pensé que amor no tenía por qué significar ni miedo ni atadura.
Todo iba despacio; manipulándose con precisión la cocción de una ilusión y su espacio.
Era como mi armadura. No tenía por qué decirle que le necesitaba; ya estaba allí lamiendo mis heridas, y siendo la mejor de las curas.
Y yo le correspondí. Le enseñé todo lo que desconocía y le abrigaba las manos con mi aliento en algún invierno en el que, solo por tenerle, ya vencí
a la vida.
No era suficiente, era más que eso. Pero sin embargo yo
yo no supe ser la historia sin terminar que quizá quería.
No fui inherente.

Hipócritas

Seamos hipócritas.
La gente no quiere que les mires con desprecio o indiferencia.
Les da igual que les salpiques la espalda con la crítica,
siempre entre los dientes.
Esperan que te esfuerces porque seas quienes quieren.
No importa si mientes,
siempre se quedan con la apariencia.
Aunque no sea real, es con lo que cuentan;
tú eres el show y ellos la audiencia.
Convencionalismo superficial y formalismo de quita y pon.
Vayamos con el fingimiento en la boca y en los ojos la decepción.
Caretas arrugadas en los bolsillos, dispuestas para jugar a ser otro que ni eres ni quieres ser;
menosprecia tus sentimientos, solo es importante lo que parezca que esté bien.
Tienes que hacerlo, la sociedad te obliga a ello, te empuja a ello.
Vive entre tu verdad y aquella otra que te dictan, como en dos mundos paralelos.
Seamos marionetas,
en manos de cualquiera que tome de nuestras vidas
para dominar las riendas.
Haciendo lo que sentimos en todo momento,
a veces, somos más infelices.
Porque quieren ver có…

La doncella

Aún cuando decía que le olvidé,
a veces buscaba saber cómo estaba.
Quizá por si aún me tenía presente, o tal vez
porque yo todavía le pensaba.
No de aquella forma en la que yo me reducía a la nada
y le regalaba el corazón entero
para ponerme bajo sus cuerdas de titiritero.
Pero algo quedaba aún,
que no eran ni cenizas ni memorias de baúl.
Quizá curiosidad bajo aquel rencor.
Quizá mis ganas de querer que sin mí no estuviese mejor.
El egoísmo del odio.
El dolor que pasaron estas heridas ya secas.
Todos los escalones del podio,
vacíos de recelos,
en donde ya no se encuentra.
Y ya no me siento víctima,
de aquel invierno helado,
de aquel infierno entre sus candados.
Tampoco me tiritan
los recuerdos,
y ni siquiera se encuentran bajo tiritas.
Quien perdió,
ya no soy yo,
ya no me siento así.
No fue más que una estación
de entre tantas otras que ya pude vivir.
Pasado y lección.
Nada más.
Y seguramente sepa que no volverá
a tener a alguien que soporte todas aquellas faltas.
Porque su supuesto a…