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Mostrando entradas de junio, 2016

Amor de pecho roto

Sólo te mereces cosas buenas, me dijo. ¿Entonces por qué no te quedas?, pensé.
Pasamos un tiempo conociéndonos. Qué cara tan guapa lucía con sus ojos llenos de cielo, con un azul más bonito que el propio firmamento en sus días con el guapo subido. Y le miraba, seguramente con la cara más tonta con la que nunca antes me había sentido _o ya no recuerdo_. Era todo. Era su forma de hablarme en alguna madrugada cualquiera mientras me susurraba al oído. Y le tenía. Todo su ser, tan mío, como suyo este corazón escondido y camuflado, bajo el tórax. Lo hizo fácil. Aun sin haberse pensado ir a por todas. No sé cómo lo hizo, pero logró encontrar todo lo que ni yo recordaba que soy. A veces temo encajar en alguien tan así, es decir, como la pieza correcta que me vale, porque sé que yo no me voy _o al menos, suele costarme_. Que me anclo, que me engancho, que me pierdo en todos sus, para mí, perfectos desperfectos. En todo lo que imaginé y no pensé que fuera posible más allá de los sueños. Una utopía echa realidad. Es todo …

(Des)motivaciones

Tú, que te miras todos los días al espejo
intentando reconocer lo que un día fuiste y ya no eres. Ya sólo el anhelo. Que si un día sonreíste, y si sonríes, es con esfuerzo, es un momento, es fachada, recuerdo, efímero instante, careta de unos labios curvados de tristeza. Tú, que miras tus manos manchadas con tu pena. Rebañando las migajas de los buenos días. Y vas como arrastrando los pies sin saber bien tu camino. Sintiéndote como un perro perdido, oliendo lugares y personas buscando tu sitio. Pero no estás solo. Tus lágrimas están ahí siempre. Dándote alivio, a veces. Y abrigo a tu rostro, cuando cae tu sollozo sobre tus mejillas, sintiendo el calor de esta sustancia líquida de dolor que escuece, en ocasiones, cuando tienes demasiado qué llorar. Y pareces tan despreocupado, pero no es así. Te gusta ser fuerte, pero eres sobretodo frágil. Y vas buscando algo a lo que aferrarte y donde amar. Quizá las manos de una mujer donde reposar. Y no sentirte tan solo, ni tan triste. Ni tan sin ti. Porque ya no eres. No estás. Vives por rutina…

Historias mal cerradas

Te arropas en tu pasado, te mojas los labios de sabor recuerdo amargo. Me pides que me marche, y te resistes a quererme , porque dices que no puedes. Que te quedas en aquel incumplido por siempre. Me rompes a mí porque sin quererlo me has querido y te quiero yo. me hieres y no sabes cuánto, porque me has abierto tus brazos y cuando tienes mi corazón a menos dos milímetros de ti, me dices que no. Te alejas, me alejas, quieres que todo cambie conmigo, que no has terminado de curarte. Que todo ha ido rápido. Y te he entrado como el aire. Necesario e implacable. Pero por querer curarte tú, me has hecho daño a mí, y tal vez hubiera sido más fácil haberme dejado ayudarte a hacerte feliz. Y no castigarte o castigarnos, preguntándote si es pronto o si está bien. Por darte cuenta de repente de que entre tú y yo, estaba esa herida, también.




Vuelve

Te miro a los ojos
y ya no te reconozco.
Voy cambiando porque ya no sé
si quieres que te quiera.
Mírame y dime que lo has notado
y que no quieres
que nos perdamos.
Pero nos alejamos
y no te das ni cuenta.
Te voy llamando la atención
antes  de que este desamor
nos venza.
Echo de menos los detalles.
Tu forma de llamarme,
por ejemplo.
O tu modo de mirarme
en silencio.
Me pongo a pensar y no sé si hay solución
para estos retazos
ni para parar este charco
que me llueve desde los ojos cerrados.
Qué más da si me empapo.
Si me ahogo y no encuentro
oxígeno para resurgir.
Qué más da
si yo sólo descubro el mundo
si estoy sobre ti.
Y parece que te vas.
Que te pierdo.
Y yo ya no encuentro paz.
Y siento que ya no acierto.
Me enredo cuestionándome a mí misma si he fallado yo.
Y maldigo todos mis actos. Que no sé cómo devolverte a mi corazón, y ya sólo puedo esperar a que todo esto sólo sea un resbalo, en el que no caes al suelo, sino, de nuevo en las palmas de mis manos.