lunes, 1 de agosto de 2016

La meteorología de mis ojos


Podría hacerme tristeza justo después de sonreír
al pensar en ti, en nosotros.
La meteorología de mis ojos 
podría romper olas con tormentas
en cualquier pleno agosto.
Podría ser catástrofe la vida,
más de lo que ya de por sí lo es.
Porque echarte de menos
es tener a mis impulsos, presos, 
en cualquier cárcel para tristes.
Y entonces, mi pena necesitaría al mejor fetiche.
Que, me muero por sentirte cerca,
por saber, al menos, si estoy aún en tu cabeza.
Y que sepas que solo a ti te quiero.
Que tengo la ausencia del héroe, 
como Bukowski, 
entre mis miedos
desde que dejé de ser salvavidas en tus días sin cielo.
Porque era el techo quien se te caía encima,
o quizá los recuerdos.
Y yo solo quería eso.
Quiero eso.
Protegerte entre las caricias que se hacen verso,
porque eres tú quien me hace escribir con los dedos,
los mejores textos abstractos 
con un suave dermografismo sobre tu piel.
Y es en ese momento cuando la suerte parece no perecer.
Me niego a otros labios, a entrar en otro pecho, a otro mundo; 
que, sentí cómo te gustó aquel que creamos sin planearlo, 
mientras tu corazón se veía desnudo.
Y eso a mí, también me gustó.
Cuando pierdas al pasado que llevas pegado a los talones 
y ya no tengas susto,
vuelve de nuevo a mí.
Que yo, si es contigo, nunca me voy a rendir.

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