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El enemigo

Eres el recuerdo con el que me auto-destruyo,
y aún así, somos pasado.
No hay presente, no habrá futuro.
Eso no lo sé.
El órgano vital afectado.
Tu presencia en mi cabeza, y no te dejo de ver.
Las ganas de parar con todo.
Salir a correr, gritar y, aunque no salga la voz,
gritar de todos modos.
Y romperme las cuerdas vocales con tu nombre
atado a la campanilla.
Como sin poder sacarte de mí.
Será que nunca funcionó eso de hacer tapón a las heridas
con algún otro amor de pasa-rato;
como la memoria que no olvida,
mientras más te rasques, más te pica.
No hay suplencias ni auto-engaños,
ni alcohol ni tiempo
que alejen al pensamiento
de todo lo que provoca daño.
De todo lo que provoca nostalgia
o echar de menos.
Un amor sin oportunidad ni revancha.
Un lapso alejado,
con el impulso controlado y lleno de retos.
Me pregunto tanto por ti, y hago el esfuerzo
por no hablarte yo primero,
y puede que tú hagas lo mismo.
Probablemente siendo idiotas.
Puede ser que nos conformemos con las sobras
que quedaron de todo lo que nos dimos,
mientras no sepamos dar el paso de reconcilio.
Por miedo o egoísmo,
ese que da de comer al amor propio
para que no se descascarille más de lo suficiente.
Esta ocasión, el murmullo del deseo amordazado
y la razón obediente.
Las manos rotas
por haber dado tanto antes,
y ahora,
tú y yo con el corazón hecho pedazos,
mirándonos como si fuéramos a repetir aquellos pasados
que más que obra de amor, fueron ensayo.
Temiendo que vuelva de nuevo aquella emoción
de naufrago
ante la ausencia de correlación.
Cómo decirte que yo no.
Cómo decirme que tú no.
Que no somos aquellos que nos hirieron.
Pero aquí estoy yo,
¿dónde estás tú?
Apostar.
Arriesgar.
De eso va.
Entrar en un mismo juego de corazones y sotas,
pero cambiando las normas.
Esta vez con la inteligencia que supone
saber lo que es que todo vaya mal.
Saber que no gana la prisa
y saber con qué no dejarte llevar.
No dejarme que te pueda dejar de elegir
porque corra el tiempo sin ti,
creyendo que tú ya no quieres que seamos.
Que no hay reemplazo que pueda contigo
pero la mente, las horas, el no saber...
ese es el peor enemigo.
Parece fácil decirlo,
pero no es tan fácil querernos
como si hubiera dejado de importar
todo lo que hizo mal.
Ojalá pudiera hacer que no te duela, pero no puedo.
Ojalá hubiera frenos.
Que es a mí a quien quiero que veas
cuando cierras los ojos,
no al recuerdo.





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