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Tiempo muerto

Ya empieza a oler fuerte tu ausencia.
Y va entrando por la nariz irremediablemente.
Y me ahogo, perdiendo toda resistencia
de no salir corriendo y no buscarte entre la gente.
Pero intento detenerme,
te prometo que lo procuro.
Pero ya pareces ser lo único
que puedo tener en la cabeza.
Justamente eso es lo que me atormenta.
Mírate,
qué bonita jaqueca.
Y ya empiezan a dolerme los huesos
de tanto coger esa postura de inconsciencia.
De no saber a qué va a deparar todo esto.
De tener al pensamiento a cuatro paredes
con tu nombre, preso.
No podías pasar por delante de mí
y dejar a mis ojos ilesos,
como si no hubieran visto todas tus piezas oportunas
encajar en las mías,
que se encontraban tan dejadas y lastimadas
que no parecían
poder acoplarse a otras.
Y llegas tú, tan sin esperarlo,
poniéndome en obras.
Arreglando a todos mis precipicios.
Cómo no iba a fijarme.
Si tus huellas no pasan desapercibidas.
Y te vas calando ya por todos los resquicios
de mis arterias,
como si fueras tú quien bombea mi sangre
a tempo ligero.
Y mis pulmones empiezan a coger aire
como queriendo gritarte
que yo sin ti, no quiero.
Que no me importa esta prórroga
si supiera que, tras ella, te encuentro.
Pero es que no lo sé.
Y ya me va matando este punto muerto.
Que me faltas
y ya me va prendiendo la piel
después de tanto extrañarte.
Tómate tu tiempo.
Que quiero creer que volverás.
Pero ya no sé si sonreírle a tu recuerdo
o si llorarle.

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