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La no evolución

Es irónico pensar en cómo el mundo desarrolla maneras
para modernizar el estilo de vida, que cada vez es más superficial
y más dependiente de las tecnologías;
sin embargo,
en cuanto a formas de pensar,
muchos viven aferrados en tradiciones y culturas
que castigan y juzgan el progreso racional
que depara a la independencia de cada persona
como único dueño de sus propias elecciones,
sin cadenas, sin obligaciones
ni miedos por traicionar el honor
de la cultura étnica, o de las normas de alguna religión.
Tristemente existen religiones clasicistas
que no permiten el desarrollo a la mujer.
Que se indigna y no permite su libertad,
su opinión, su voto, sus derechos.
Que, en definitiva, no la permiten ser.
También, existen ideales
que denuncian y que juzgan al amor entre sexos iguales.
Y se manifiestan como los detractores del pecado y de lo inmoral,
como si el simple hecho de querer fuese algo anormal.
Hay costumbres que, sin quererlo _o queriendo_ maltratan a animales
que no son más que víctimas de festejos caprichosos y convencionales.
Y pese a todo esto, se nos ocurre reclamar respeto,
como si lo mereciéramos más que nadie, pero
somos los primeros que pretendemos faltarnos a sí mismos
adaptándonos a toda esta intolerancia en la que vivimos,
y en la que nos convertimos.
Y además,
no solo la elegimos, sino que, también la exigimos en los demás.
Y eso me parece mucho más repulsivo.
Porque se supone que vivimos en pleno siglo XXI
donde deberíamos haber llegado a una democracia
para nuestra propia libertad de elección, respetando razas, colores, sexos,
culturas, costumbres y principalmente respetando el significado de humanidad.
Compartiendo e integrando cualquier otra opción,
menos el odio por otras culturas, por otros gustos, por otras opiniones,
que solo nos trasladan a la autodestrucción.
Que, me parece triste que nos echemos piedras solo por ser diferentes,
y por no saber ni querer compartir mundo con la diversidad entre las gentes.
Vive entre nosotros aún el machismo, y ya hace demasiado que debió extinguirse,
pero hoy está de moda hacerse el liberal en apariencia
y que descubran en la intimidad que, quien creían que eras,
resulte un total desconocido.
También es una pena que aún existan esos a los que le importan
más el poder y el dinero que el unánime bien del pueblo.
Se ciegan en codicia y ensueño.
Matan en nombre de Dioses o de reinos.
Fabrican armas para matarnos los unos con los otros,
en lugar de unirnos y luchar, pero juntos, y contra el terrorismo,
no contra inocentes, ni contra nuestra propia especie
ni atentemos contra nosotros mismos.
Son esas mentes cerradas que se estancan en la ambigüedad, 
sin querer aceptar que podemos convivir siendo diferentes, 
sin tener que recriminarnos lo que hacemos o dejamos de hacer.
Esos son los que manchan al humanismo y a su progreso.
Pero no nos detenemos a pensarlo y a hacer algo en contra de ello.
Una vida mancillada entre discriminaciones y abusos
con una interminable lista de ejemplos de la no evolución.
La contradicción de querer ser mejores, pero seguir siendo los mismos
cavernícolas de mente del principio sin querer aceptar nada más.
Y así nos va,
que, en vez de avanzar, siempre nos quedamos atrás.

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