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La musa que nadie dibujó en pintura

Cariño, tienes una cintura que suscita cobijo a mis manos.
Mientras más la deseo, más fuerte te abrazo.
¿Notas que soy yo el verano?
Bajo mi pecho la primavera florece
y bajo mi ombligo los gusanos de seda se transforman,
y yo siento al calor más fuerte.
Quizá sean tus brazos el lugar más seguro que
puedan conocer mis pedazos.
Quizá tus labios sean mi oxígeno y por eso,
si no estás te extraño.
Si no fuera por esos ojos que tienes,
yo no estaría tan perdida _en ellos, en ti_.
O, bueno, sí,
si contamos que eres lo único que consigue
desvestir todo lo que siento.
Que solo tú y el también el viento
conocéis todos mis secretos.
Que solo tú y también tu luz _la de tus ojos_
me desatáis y hacéis al deseo notorio
y es cuando quiero, que no seas tú ni yo,
sino, nosotros.
A veces creo que eres la musa que nadie dibujó en pintura.
Y tengo yo la suerte de tenerte entre mis dedos
y dejarnos las huellas, como un escultor en su escultura.
Que es tu boca la única que dejo que me desnude
mientras me sacudes el aliento contra la piel
y esta se hace hielo y fuego a la vez.
Que ni Machado ni Quevedo hizo mejor verso
que el que recojo entre tu pelo cuando te lo agarro,
y son tus besos los que se hacen prosa sobre mi cuerpo.

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