sábado, 2 de julio de 2016

Máscaras de utopía

La gente usamos medias tintas.
Ya sabes,
como eso de poner media sonrisa
cuando realmente quieres decir estoy jodida.
Fingimos ser fuertes,
porque es la única opción válida
para ganar batallas contra la mala suerte.
Y soñamos con quimeras
para hacer más bonitas
a las penas.
Nos vestimos con caretas de gomilla,
para protegernos,
para fingir, para reír cuando no nos sale
y también, para contar mentiras.
Y quizá para sentir menos miedo.
Para aparentar.
Para guardar los celos
o cualquier otro sentimiento.
Y para defendernos
cuando nos sentimos de menos.
Son emociones de utopía.
Máscaras que, aun siendo falacias,
necesitamos en cualquier día a día.
A veces, por necesidad de sostenernos a sí mismos,
otras, para salvarnos el culo
de cualquier mínimo abismo.
Y hay quien las utiliza para seguir haciéndose el bueno,
sin querer ver o sin importarles que sólo hacen daño,
transformando a corazones entregados en huraños.
Es así.
Todos en menor o mayor grado
somos alguna vez un poco menos nosotros,
para sentirnos un poco más a salvo y caer en agrado
_consigo mismos o con otros_.

La gente usamos medias tintas.
Para dibujar emociones
que la verdad ya no pinta.

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