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Denuncias

El mundo tiene que hacer algo más que ponerse de luto
y que guardar un minuto
de silencio.
Los medios de comunicación
deben hacer algo mejor
que pronosticar y desvelar métodos de crimen perfecto
para que otros asesinos, violadores y desalmados
copien las formas de no dejar pruebas ni restos.
Y mientras, los espectadores de todo este desastre
de vida desaprovechada, pensamos que a nosotros no,
que eso solo les pasa a los demás.
Pero, la realidad
es que nadie estamos a salvo.
Nuestras familias, hijos, vecinos, amigos, conocidos
desconocidos, ni nosotros mismos.
Porque mientras pisemos el mismo suelo que pisan
esos monstruos, nadie podrá tener la total tranquilidad
de pasear en la noche a solas,
de dejar a nuestras hijas
con sus padres
en sus días de régimen de visitas.
O de confiar en el ex
al que ya no quieres
y salir a un encuentro con él.
Que la gente lleva máscaras
y no son tan buenas como pretenden con sus apariencias,
con sus “he cambiado” o “puedo cambiar”.
Que, los talleres de rehabilitación psicológica para estos tipos
solo son una excusa para hacernos creer que merecen una segunda oportunidad.
Pero nadie capaz de hacer daño a otra persona de forma tan brutal
es apto para, de pronto, ser otro que no era,
porque sus corazones siguen siendo los mismos corazones podridos de siempre.
Y eso no cambia por más que quieran.
No es suficiente con pegar carteles advirtiendo con un número de teléfono.
Ni con manifestaciones reivindicando nuestros derechos.
La mujer a manos de un maltratador siempre va a tener miedo.
Por ella o por sus hijos.
Por el “qué pasará después”.
Por ese sin saber que, les desgarra por dentro.
E incluso, por ese no entender que, no la quiere como ella desea
y pensar que, mañana será otro día.
Por estar tan dominadas que llegan a creer que lo merecen.
Por creer que, aún, son el amor de sus vidas y deben aceptarlo así.
Por no explicarnos, de niños, los tipos de relaciones insanas, o tal vez sí.
Pero algo falla.
Y todo lo que ya se hace, no basta.
Marcar un número y huir puede ser la salida.
Las instituciones de seguridad y sus leyes tienen la obligación de cuidar
de esas víctimas y de no dejarlas desamparadas,
de no llegar a creer que ya no corren riesgo,
porque mientras los culpables sigan en la calle,
ellas aún no recobrarán el aliento.
Esos inhumanos no merecen la vida,
me niego a creer que alguien la merece cuando es el mismo que la quita.
La justicia debería de imponerse de manera verdaderamente justa,
la misma que tiene el poder de corregir y reformar las normas
donde se apliquen la moralidad y no el beneficio para el propio malhechor.
Enterremos de una vez a esta zorra deshumanización.
Que parece que todas estas banderas por la libertad y los derechos
no son más que un escaparate para el que cree que todo aquí va bien.
Nada más lejos.
No sé qué necesitamos para que el mundo deje de sufrir.
¿Cuántas víctimas más necesita la Tierra para que las personas se olviden de joder a otros y aplicar el vive y deja vivir?

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