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Con los ojos abiertos

¿No te pasa que, vives algo de manera tan intensa
y con tanta ilusión, que no te das cuenta
de lo que verdaderamente pasa?
Es como si tú no lo vieras.
Como si tuvieras, en los ojos, unas manos puestas
que no te permiten ver.
Que no te dejan razonar.
Y, entonces, cuando todo eso pasa,
cuando ya nada te quita la vista,
ni te arrastra a seguir en la misma mala idea,
te das cuenta de que todo lo que vivías, era una realidad paralela.
Una con la que tú te hacías feliz,
pero no más que una mentira.
O casi.
Supongo que nos ciegan los deseos.
Las intenciones de sentirnos felices.
Y vemos solo lo que creemos que es bueno;
"todo va bien", te dices.
Pero no todo va bien.
Lo peor de todo es que, no puedes prometerte a ti mismo
que no volverá a suceder,
como si con una vez _o con muchas otras_ no nos hubiese valido.
Porque somos los animales imperfectos.
Con cerebro, sí, pero imperfectos.
Y, joder,
no siempre es fácil reconocer a las verdades.
Sería más sencillo si te las expusieran sobre la mesa
para que sepas cómo y dónde se juega.
Pero ese es el problema,
que los demás siempre van a preferir jugártela
que perder, aunque eso involucre perderte a ti.
Eso casi les da igual, si son ellos los que lo deciden así.
Tú eres el que acaba perdiendo de más.
Lágrimas, insomnios, rencores, odios...
Todo ese puto cocktail perfecto para muchas noches sin dormir.
Pero, lo más doloroso por encima de todo,
es que fuiste tú mismo el primero que se dejó cegar.
El primero que se dejó dominar por toda esta situación.
El primero que quiso ver solo lo que quería ver.
Quien se conformó con todo y con nada.
Y eso,
justamente eso,
fue lo que nos llevó a esta jodida carrera
por salir adelante.
Ya no valen las culpas.
Ya todo lo pasado está pisado.
Ya no hay marchas para ralentizar a aquel corazón
que aceleraba por sentir que podía ser.
Ahora toca olvidarlo
y decirnos "eh, ya pasó".
Y pasará.
Pasará que ya no duela
y que la próxima vez tengamos a dos pies pisando el freno.
Ya nadie va a ponernos techo
a nuestros sueños.
Y nos dejaremos llevar siempre que todo vaya a la par.
Sin cartas bajo las mangas ni juegos sucios,
ni palabras que enmudecen ante el miedo.
Dejar de imaginar
y vivir, vivir de verdad.

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