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¿Nos quedamos?

La verdad

es que te echo de menos.

Pero tengo miedo de decírtelo.

De que no necesites escucharlo

ni necesites saberlo.

O de que no me necesites a mí.

Sobretodo eso.

Pasan los días,

como páginas de libro, uno a uno,

pero mucho más lentos,

o tal vez pasan rápido

pero que tú no estés en ellos

ya me va escociendo.

Y me hago miedica por temor a perderte

y no volver a encontrarnos;

y entonces mi boca se va encogiendo

como negándose a volver a reír.

O quizá sí,

pero sin ánimo.

Y sin ser tú el motivo ni la fuerza con la que arraso

cuando sin querer queriendo te quedas conmigo.

A veces, si es por ti, me gusta arriesgarme.

Pero entiéndeme,

tampoco es que me guste sentir

que soy yo la que va detrás de alguien

_sin que vayan, también, detrás de mí_.

Tengo miedo a que no respondas

o que sea escueta tu respuesta,

como queriéndome decir  

que no estamos a la misma sintonía.

Y entonces,

mi fuerza y mi debilidad se pelean

y se matan hasta la agonía,

discutiendo entre hablarte o no.

Porque, ¿y si es así?, que tú a mí, ya no.

Será cuando me cabree conmigo misma,

arrepentida de haber dejado escapar a todos esos te extraño.

Y me haga así un poco más daño

de lo que ya produce este sin saber.

Ojalá supiera qué piensas.

Ojalá supiera que te quedas

y así quedarme también yo;

Ojalá supiera qué harás, para remediar

esta distancia que me pones,

ya sea

quedándote

conmigo

o

dejándome
atrás.

Pero por Dios,
d e c í d e l o  y a.

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