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Labia

Olvidémonos de eso de

no puedo vivir sin ti,

porque sí,

sí que podría vivir sin ti.

Si me dejas

me costaría mucho asimilar que ya no estás,

vale,

es lo que tienen las costumbres

y los amores que alguna vez hicieron bien,

pero no voy a perder la vida

porque ya no estés.

O incluso cuando te marchas por un rato,

te echo de menos cuando te vas,

o te pienso,

pero

sigo viviendo,

respiro

y tú no estás.

Yo sí.



No te voy a prometer, ¿para qué?

Quizá luego ocurra algo

que me impida cumplirlo,

y entonces, serán sólo palabras rajadas y muertas,

expiradas en algún limbo.



Tampoco moriría por ti.

Bueno quizás, si lo necesitas algún día,

por salud,

puedas contar conmigo,

e incluso puede que sea capaz de dar mi vida

por que tú vivieras,

pero eso no lo sé.

No digamos tanto a la ligera.



No voy a hacer que toques el cielo

ni las estrellas,

ni tampoco te voy a dar la luna,

pero, ¿qué paranoia es esa?

Quizá suene muy romántico en alguna poesía,

pero esto es pura hipocresía

al amor.

Un timo.

Una farsa.

Sólo palabras

atrevidas y capaces de engañarte a la cara.



¿Y qué me dices de los siempre?

Siempre sólo es hasta que nos consintamos

el uno al otro.

Espero que por mucho y que realmente siempre

si el amor se riega,

pero no vayamos a meter la pata

diciendo ese bonito e iluso puzle de siete letras.



Basta ya de tanta tontería,

de tanta mera jerga.

Basta ya de esa puta manía

de utilizar al lenguaje

como si luego fuera él

el traicionero o el cobarde

de alguna fiesta

de disfraces.

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