domingo, 5 de junio de 2016

Labia



Olvidémonos de eso de
no puedo vivir sin ti,
porque sí,
sí que podría vivir sin ti.
Si me dejas
me costaría mucho asimilar que ya no estás,
vale,
es lo que tienen las costumbres
y los amores que alguna vez hicieron bien,
pero no voy a perder la vida
porque ya no estés.
O incluso cuando te marchas por un rato,
te echo de menos cuando te vas,
o te pienso,
pero
sigo viviendo,
respiro
y tú no estás.
Yo sí.

No te voy a prometer, ¿para qué?
Quizá luego ocurra algo
que me impida cumplirlo,
y entonces, serán sólo palabras rajadas y muertas,
expiradas en algún limbo.

Tampoco moriría por ti.
Bueno quizás, si lo necesitas algún día,
por salud,
puedas contar conmigo,
e incluso puede que sea capaz de dar mi vida
por que tú vivieras,
pero eso no lo sé.
No digamos tanto a la ligera.

No voy a hacer que toques el cielo
ni las estrellas,
ni tampoco te voy a dar la luna,
pero, ¿qué paranoia es esa?
Quizá suene muy romántico en alguna poesía,
pero esto es pura hipocresía
al amor.
Un timo.
Una farsa.
Sólo palabras
atrevidas y capaces de engañarte a la cara.

¿Y qué me dices de los siempre?
Siempre sólo es hasta que nos consintamos
el uno al otro.
Espero que por mucho y que realmente siempre
si el amor se riega,
pero no vayamos a meter la pata
diciendo ese bonito e iluso puzle de siete letras.

Basta ya de tanta tontería,
de tanta mera jerga.
Basta ya de esa puta manía
de utilizar al lenguaje
como si luego fuera él
el traicionero o el cobarde
de alguna fiesta
de disfraces.

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