Ir al contenido principal

Tu huida



Me rodeas con las sinrazones
y me dices que me vaya.
Qué fácil para ti hacerlo desde la distancia.
Esperé a que tuvieras el valor de excusarte a la cara.
Luego vinieron los arrepentimientos
y quisiste tenerme de nuevo.
Ensayé en el espejo
cómo decirte que me habías hecho daño.
También cómo decirte
que te quería tanto que podía dejar atrás
que todo me había parecido un engaño.
Y me detuve a esperarte,
pero nunca llegabas.
Y es cuando confirmé
que tú no me valorabas.
Que extrañabas más
al poder que ejercías sobre mí.
Porque puede que para ti,
nunca fui nada.
O que lo querías todo muy sencillo,
poniendo las manos para
llenar tu propio bolsillo.
Pero, ¿qué hay de mí?
¿Crees que no necesité nada?
Yo también necesitaba recibir.
Mientras más conseguías,
más me exigías,
pero, ¿cuántas cosas salieron de ti?
Me di cuenta que tú sólo esperabas
a que siempre fuera yo
la que fuese detrás
para comerme el pienso de tu forma de amar.
Y por eso no volviste,
porque por una vez te pedí
que fueras tú
quien se pusiera a demostrar.
Y claro, eso no.
Y ahí yo ya me pongo en mi sitio
y ahora es cuando dices
que la que ha cambiado he sido yo.
Pero yo no cambié,
yo sólo empecé a abrir los ojos
y comencé a no ser contigo
lo que no te merecías.
Que ya no iba a dejarme ser
el muñeco de trapo
que necesitabas para cuando sólo tú querías.

Comentarios