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Tarde y aún así a tiempo



Tú me enseñaste que no se puede tener todo.
Que es más rápido hacer un cálculo matemático
que entender tu mente, que sólo
se comprende por sorbos.
Me echaste el miedo a la cara
y a la quietud muy lejos tras mi espalda.
Y sólo después de ensañarme con el desamor,
supe que no me hacías falta.

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