sábado, 7 de mayo de 2016

¿Querernos para qué?



¿Querernos para qué?
Quererte fue como tirarme de un puente
sin arnés.
Abrí de piernas al dolor
como quien estrena una primera vez.
Me dio por escogerte a ti,
creyéndote la mejor elección.
Cuántas cosas se ven antes de ver…
Vistas desde la perspectiva del que no sabe.
Yo el turista y tú el guía de un aparente mirador.
Igual no supe interpretar tu idioma
y te traducí mal,
o quizá te saltaste la parte
con esa posibilidad
en la que
todo lo que veía de ti, no era todo.
No sé porqué, quise intentar entenderte,
y así fue como hinqué codos.
Estudié todas las fórmulas
de saber qué pensabas,
y qué era lo que querías,
pero no hubo modo.
Tampoco, siquiera, me lo decías;
y como puedes comprobar,
no sé de telepatía.
Aunque sí,
fui la idiota que lo hubiera dado todo
por ti.
Me hubiera hecho trapecista
sólo por saber saltar desde tus labios hasta tu lengua
sin paracaídas.
Pero es que contigo
me hizo falta más que un salvavidas.
Debiste lucir un buen trabajo
de esteticista,
porque desdeluego yo
me creí que tu piel no arañaría.
No lo parecía, pero la verdad es que
cayera por donde cayese siempre dolía.
Eras como una carretera
que marca diferentes velocidades.
Tú pones las reglas,
yo conducía sobre ellas
sin saber cuándo iban a llegar
los resaltos ni las curvas.
Fui como un iluso que concursa.
Puse todas mis ganas y mejores deseos
en ganar(te),
pero perdí lo invertido
y también mi suerte de principiante.
O alomejor me tocó el gordo
dejándonos atrás
y no insistir más en imaginar que había
una oportunidad con premio en el fondo.
Porque no.
No existía un nosotros.

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