sábado, 7 de mayo de 2016

La fase



Sé que tú tienes tu propia versión
de lo que pasó.
Que al ser yo la que prometió un siempre
y aunque fueras tú quien decidiste alejarse,
fui yo, la quien para ti,  falló.
No soy la persona más rigurosa,
pero sé que yo puse más paciencia,
que intenté que nunca acabáramos,
que para esto ya tomaste tú las riendas.
Sentí muchas cosas buenas mientras duramos,
pero entiéndeme,
el dolor es siempre el que más pesa.
Te llevas el mérito de haberme enamorado.
Que contigo entendí
al deseo más crispado
cuando dos se tientan.
Yo temblaba cada vez al verte,
se me revolucionaba el latido
y salivaba por tenerte.
Y así supe diferenciar entre
el amor y la costumbre.
No es lo mismo
sentir una sensación en llamas
como si tuvieras en el pecho una lumbre,
que el hacer las cosas por cariño,
o el intentarlo con un “bueno, porqué no”,
porque no funciona así,
eso nunca es amor.
De esa manera sólo entras aventurándote en un camino
en el que nunca antes habías entrado,
y en principio te sabe raro, te suena extraño,
pero al final te acabas acostumbrando.
Pero no sientes la ilusión de ver con impaciencia a esa persona;
puedes vivir sin ella, sin estar con ella.
Pero piensas que tal vez más adelante el sentimiento crezca.
Y es donde cometes los más grandes errores
y recibes los más duros golpes.
A veces, las personas
al no tener referencias con las que hacer comparación,
nos damos a la equivocación.
Pero tú piensas que es lo más normal…
Qué vas a saber
si todo esto es una primera vez.
En el fondo sabes que no te logras acomodar.
Pero insistes.
Te esfuerzas por aparentar que todo va bien
y crees que ya irán cambiando las cosas, quizás.
Luego llega el día en el que no puedes más
y te hundes en tu propio error,
porque nunca llega ese día en el que todo va mejor.
Y miras un poco más por ti,
porque ya ni siquiera eres tú.
Y es cuando pones el fin.
Y llegan los segundos intentos.
Una nueva sonrisa,
un nuevo amor fresco.
La estupidez entre las manos
y el corazón ciego.
Ahí eres capaz de revestir a un “no puedo”
en un “puedo”.
Y es en esa fase en la que entraste tú.
Tú fuiste la oportunidad de conocer sentimentalmente
otro tipo de relación
en el que equiparar si te podían ofrecer algo más o no.
Pues siempre tendemos a pensar que no habrá nadie más
que te pueda querer, ni mucho menos mejor.
Pero no es así, siempre hay alguien.
Pero reconozco que hicimos la combinación fatal:
tú ponías los celos, y yo le buscaba las cosquillas.
No pudimos sostener esa incompatibilidad
con una simple horquilla.
Pero en verdad yo sólo buscaba que me contaras
tus sentimientos.
Nunca pensé que eso fuera un riesgo.
No entendiste
que el amor
debe ser flexible.
Que a veces necesita un respiro.
Un echar de menos, un toma y daca, un tira y afloja.
Así de sencillo.
Es eso todo lo que te llevaste.
Ser la fase.
Porque ya no quisiste ser, ni luchar.
Y por mucho que siempre te procuré entender,
eso nunca lo entendí.
Pero ahí te quedas, sin marcha atrás.
Una historia convertida en capítulo
y nada más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.