sábado, 28 de mayo de 2016

Heridas



Puedo soplarte las heridas,
y los días grises también.
Puedo besarte la vida
si así te duele menos, tal vez.
Pero no me hagas perseguirte
como si persiguiera a la nada.
A veces callas y desapareces,
y así soy yo quien se siente defraudada.
Porque tu miedo a una nueva decepción
es tan grande,
que te haces así mismo insalvable.
Y no te das cuenta de que la clave,
no está en recibir o dar,
siempre fue y siempre es
reciprocidad.

No podemos llevar la máscara todo el tiempo,
escudándonos  bajo una capa,
creyendo que así somos intocables,
impenetrables, inmunes.
Cuando quieres,
el dolor siempre es el riesgo  que uno asume.

Cuando veas que no te sirvió de mucho
esa careta de la distancia,
del no me importa ya nada,
querrás dar marcha atrás
y volver a ser lo que eras.
La naturalidad.

Lo peor de todo
es que normalmente nos damos cuenta
cuando el otro ya no está.

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