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Heridas

Puedo soplarte las heridas,

y los días grises también.

Puedo besarte la vida

si así te duele menos, tal vez.

Pero no me hagas perseguirte

como si persiguiera a la nada.

A veces callas y desapareces,

y así soy yo quien se siente defraudada.

Porque tu miedo a una nueva decepción

es tan grande,

que te haces así mismo insalvable.

Y no te das cuenta de que la clave,

no está en recibir o dar,

siempre fue y siempre es

reciprocidad.



No podemos llevar la máscara todo el tiempo,

escudándonos  bajo una capa,

creyendo que así somos intocables,

impenetrables, inmunes.

Cuando quieres,

el dolor siempre es el riesgo  que uno asume.



Cuando veas que no te sirvió de mucho

esa careta de la distancia,

del no me importa ya nada,

querrás dar marcha atrás

y volver a ser lo que eras.

La naturalidad.



Lo peor de todo

es que normalmente nos damos cuenta

cuando el otro ya no está.

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