lunes, 2 de mayo de 2016

Dos formas de entender la misma historia



He aprendido a soñar despierta
para ser más optimista en esta vida.
He aprendido a tocar lo abstracto
para no despreciar el sentido de mis manos.
Me hubiera gustado que me hubieras aportado
tanto en su momento,
como yo ahora que descubrí todo lo que valgo
cuando no estoy en tu dominio.
Me calzo con un alivio imperfecto
y una sonrisa torcida.
Enjuagué mis desperfectos
y luzco una mirada más lúcida.
Lo único que necesité
fue que me necesitases.
Pero ahora que yo dejé
de necesitarte
me doy cuenta de que el fallo más grande
fue creer que estarías siempre para encontrarte.
Y soy consciente de que toda esta discordia
se presenta de una importante forma errónea
al escribir la misma historia
con dos caligrafías que no entienden los mismos verbos.
Pero ya se van descolgando los pellejos
de la palabra desengaño
y mi inquietud ya se olvida de creer verte de lejos.
Me rio hoy de haber creído
que no saldría adelante sin ti.
Y sí, 
me costó
y me herí.
Pero ya sé que somos esclavos
de lo que creemos necesitar.
Sólo tuve que darme cuenta
de que apartándote de mi camino
también se podía avanzar.


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