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Cien formas para demostrarte



Yo cedía a ver las cosas
como tú querías que las viera.
Te adjudiqué la razón
y te transferí todo con tal de estar a tu vera.
Te di los caprichos, los detalles,
cien formas para demostrarte.
El problema vino cuando me di cuenta
de que por el contrario tú,
no quisiste regalarte.
Tu boca escupía
un arenal de contratiempos.
La mía sangraba
de puro dolor, y aún así
me esforzaba sonriendo.
La culpa es mía, pensé.
Por haberte permitido
desde el principio gobernarme,
ignorando a mi batuta, de la que me descalcé.
No debí de haberme asustado,
encogiéndome de hombros,
como un ovillo enredado.
Pero temí perderte,
aunque ahora pienso
que eso fue lo mejor que ha pasado.
Fue todo por lo que fui capaz de recibirte.
Y tú con ese caso omiso
con el que hiciste que ya nada tuviera sentido
para volver a sucumbirme.
Perdimos la guerra del amor.
O puede que ganáramos al perdernos,
porque fuimos aliados para hacer
de los sentimientos, el primer perdedor.

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