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Mostrando entradas de mayo, 2016

Heridas

Puedo soplarte las heridas,

y los días grises también.
Puedo besarte la vida
si así te duele menos, tal vez.
Pero no me hagas perseguirte
como si persiguiera a la nada.
A veces callas y desapareces,
y así soy yo quien se siente defraudada.
Porque tu miedo a una nueva decepción
es tan grande,
que te haces así mismo insalvable.
Y no te das cuenta de que la clave,
no está en recibir o dar,
siempre fue y siempre es
reciprocidad.


No podemos llevar la máscara todo el tiempo,
escudándonosbajo una capa,
creyendo que así somos intocables,
impenetrables, inmunes.
Cuando quieres,
el dolor siempre es el riesgoque uno asume.


Cuando veas que no te sirvió de mucho
esa careta de la distancia,
del no me importa ya nada,
querrás dar marcha atrás
y volver a ser lo que eras.
La naturalidad.


Lo peor de todo
es que normalmente nos damos cuenta
cuando el otro ya no está.

Guardándote el sitio

Te encuentro en tantos detalles

que parece que vivo
en el interior de tus bolsillos.
No es fácil no hacer
implosión al pensarte
y sentir las cáscaras de miedo
por los tobillos.
Yo sólo quise que sacaras
punta a mis dedos contra tu pecho,
para colmar en mis manos
las ventajas de enredarme en tu pelo,
e hicieras amistad con mis monstruos
para que por las noches
no sean más mi insomnio.
No sé qué tal ves tú la idea,
pero yo lo veo todo bien si es contigo,
porque eres tú todo lo que me rodea.
Todo lo que alcanzo a ver,
imaginar
y a devorar en mi cabeza,
pero estás sin estar
y así es difícil que no me escueza.
Yo te guardo un sitio
por si quieres venir.
Quizá no sea el más cómodo o el mejor,
pero tiene tus medidas y no encaja cualquiera.
Sin embargo,
tú conjuntas muy bien en mí.