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Saber decir, al fin, adiós



Dejé de sentirme protegida
entre tus brazos,
notando en mí un enorme candado.
Dejé de besar tus labios
para prescindir de aquella húmeda
firma,
que en mi piel paseabas sellando.
Lo que supo
a dulce
dejó de tener gusto.
Se congeló mi vida
pero el tiempo aún seguía deprisa.
Quise parar a mi alma
que se derramaba en lágrimas.
Cuando ya no tuve pulso
y mi aliento aceleró en un equilibrio inseguro
pude pensar fría,
pude zanjarlo todo, ahora...
ahora que moría...
Me ha costado entender
que hay más vida...
Y ahora que tomé
la forma de cerrar mis heridas,
guárdate tu amor discontinuo de falsa apariencia,
¡yo ya no soy más tu marioneta!

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