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Olvidar



Todas las cosas que me dijiste a tu marcha
me dolieron con saña.
Me prometiste
no volver a hacerme daño jamás.
Te vistes de falso testimonio
con los que yo antes moría
porque los cumplieras.
Ya no creo en nada,
adiós a esta guerra.
Maldito corazón que se empeña en cada caricia
de oculta arrogancia,
se desploma en lágrimas
volviéndose piedra.
Embrujan las palabras
aprovechando las ganas
de que la piel se comprima con un nuevo sentido.
Lo único que ocurre es que la sonrisa
se convierte en un gesto infeliz y aturdido.
No existe lo dulce
cuando te das a la equivocación.
Se abre una profunda afección
que no deja de doler,
hasta que dejes de pensar en el error.
Aunque parezca
que no hay salida para un olvido,
la clave está en rehuir al corazón
en un atrevimiento de contradecirle
con la razón.


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