sábado, 30 de abril de 2016

Los finales ineludibles



Todo está roto.
Ni aquélla mentira socorrida
se mantiene en pie.
El aire respira solo.
Y yo dejo de respirar en cada esquina
donde me sorprenden los intentos desarmados.
Me alzo por encima de los restos desgarbados
de mi propio pánico, sintiendo bajo los pies descalzos
la neblina de esta emoción inmunda.
Y duele.
Tanto como si pisara sobre
unos tacones de aguja.
Siento el caminar de tus ojos en mi nuca.
Crees que no lo noto,
pero sé que me estás observando.
Y mi corazón retumba como
una canción pesada de verano.
Te miro y nos miro.
Veo un amor oxidado,
y pienso que todo este tiempo
me has estado escupiendo en la cara
embustes de sabor horóscopo.
Yo bebiéndote a bocajarro
y tú a mí a sorbos.
Tú a mí dándome el desaire
y yo a ti el piropo
Yo oscilando alrededor tuyo
como si fueses mi epicentro
y yo para ti, aquél punto en medio
tan irrisorio.
Hablamos para entendernos,
y nunca sacamos de ello
un racionamiento.
Siempre quieres vencerme.
Ganarme con tus verdades
tan tuyas,
como de nadie.
Está claro.
No sirvo para entenderte.
Y ya es ineludible
la poca suerte
que nos avalancha.
Tal vez no veamos a los problemas al momento,
por necesitad d un manifiesto
de afectividad carente.
Pero es evidente
que cuando dos personas no se entienden,
es mejor no rebuscar razones
para seguir, ni para quererse.

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