viernes, 29 de abril de 2016

Las cosas que hacen daño



El problema de las cosas que hacen daño
es que no las esperas.
Incluso en las ocasiones en las que observas con mirilla
cada detalle, desde cerca.
Conoces a personas con tus mismas heridas,
y con tu misma perspectiva
y te confías.
Piensas que será diferente.
Que esa vez será la buena.
Cuando consigues un ramillete de
armoniosa inseguridad,
justo ahí te hacen daño.
No lo esperas.
¿Quién iba a esperarlo?
Vuelve la vacilación, la inestabilidad.
La frecuente pregunta
de un qué hice mal.
Y probablemente no hagas nada mal.
He llegado a la conclusión
de que algunas personas estamos tan heridas
que no somos capaces de saber qué queremos,
aunque creamos, a veces, saberlo.
Y la culpa de esto, es que nos perdemos
en los mejores encuentros circunstanciales,
la capacidad de reciclar las dudas más banales.
Y con ello
 a quienes sí merecieron la oportunidad
de empezar de cero.

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