sábado, 23 de abril de 2016

La caducidad del romanticísmo



Quiero un beso que no sea muestra de capricho,
quiero uno que se repita todos los días de mi mundo.
De los mismos labios… con el mismo impulso.
Quiero que no sea siempre lo mismo.
Los mismos arrebatos de una sola luna.
Quiero ser el lunar que permanezca siempre
bajo la misma blusa.
Sentir las emociones
de un parque de atracciones
bajo mi pecho.
Y ponerle nombre.
Quiero un corazón
envuelto en papel de regalo,
y que sea uno de esos obsequios sin devolución.
Podría dejar de llamar a las noches
“melancolía”… podría.
Pero siempre parece tener caducidad el paraíso.
Y para qué engañarnos.
Siempre es lo mismo.


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