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El juguete de raparo



De verdad he querido intentarlo.
Dejar a un lado las exigencias
y aquella lista de requisitos.
Quise darnos una oportunidad
y dar lugar a algo que mereciera la pena
por encima de cualquier belleza externa.
Porque para mí, lo bonito era tu facilidad de reír.
Y aquella distinción que delataban tus ganas
por no volver a sufrir.
Me hablaste de miedos,
y yo estaba segura de que conmigo
no tenías que preocuparte.
Pero de pronto no sé qué pasó.
Aquel miedo del que me hablaste
se convirtió en mi propio miedo.
Me hiciste lo que te hicieron.
Y lo noté.
En cómo me hablabas,
y lo que no me hablabas.
Yo ya no era tu entusiasmo.
Y aún no entiendo tus besos
ni tus nervios por mí.
Me siento un juguete de reparo.
Se marchan con mis pocas piezas buenas
y me dejan rota, porque sí.

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