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Mostrando entradas de 2016

El tren

Hace meses que pienso en aquello que le dije.
Y siento una culpa,
una culpa que no me exime.
Todo por no ceder a lo que me pedía.
Porque pensé que no podría soportarlo.
Pero sí que podía.
Cualquier cosa podía por no perderle.
Porque el paso del tiempo junto a la duda me desnutría.
Y eso ha sido peor que el peso que hubiera soportado
por esperarle expectante
a su lado.
No me había negado a esperar, como quiso,
me negué a fingir.
Porque me dolía estar ahí cada día
mientras fingíamos que no habíamos sido algo más.
Preferí alejarme hasta que me quisiera encontrar.
No sé qué era, pero algo tenía
que hacía perderme.
En su singularidad, o en sus ojos,
quizás en la punta de su lengua cuando se relamía
la comisura de su boca.
Tal vez no tengo cura
porque me he vuelto loca,
o puede que esté loca
porque cuando me miraba me sentía desnuda,
mientras cualquier invierno frío me tocaba
y me anudaba la garganta para no pronunciar palabra.
Para no alejarle al decirle que le quería.
Con mis manos frías

El salvavidas

Veo pasar la vida
mientras yo estoy allí, tras el escaparate.
Intocable y protegida.
Soy el náufrago de mis propios temores,
casi ahogado y recogiendo, de cuclillas,
las ganas que queden por sentir.
Con los sinsabores aún en el paladar del corazón,
y la traición a la palabra en mi recuerdo,
sin olvido ni perdón.
He comido de mis propios errores,
desnutriendo mi felicidad.
Y mientras me sumergía en un río
cualquiera, en donde no supe cómo nadar,
no vi flotar ningún salvavidas
del que llaman Dios.
He agonizado en el odio,
pero mis sueños
siempre han sido mi resurrección;
un plato más donde comer,
pero este, con la glotonería de mi superación.
Así, a pesar de que he caído y levantado
una vez tras otra,
sé que no debo rendirme antes de luchar.
Y que, aunque no consiga todo lo que quiera,
no habré fracasado,
pues, al menos, lo habré sabido intentar.
Podré romper el escaparate de las dudas y las suposiciones
y ser yo quien compruebe que la vida es aquella puta
que te pone a prueba en las pe…

Ausencias

A veces creo que al girarme,
te encontraré a mi lado como si no te hubieras ido.
Me pesa tu marcha,
que llena mi existencia de pesimismo.
¿Y ahora quién va a estar a mi lado
cuando  n a d i e  sepa que estoy mal?
Y aunque vuelva a reír, a correr, o a sentir,
en cualquier momento la pena siempre vuelve a pesar.
Y no como una superluna, que ocurre cada varios años.
Tú ocurres entre milésimas de segundo,
entre instantes, entre ratos...
Ocurres sin más.
Sin un control específico y sin límite ni caducidad.
Como si las agujas del reloj se parasen,
así está mi mente sin querer creerse
que tú no vuelves.
Que ya no vuelvo a verte.
Pero vives de alguna manera aquí conmigo,
mientras yo te recuerde,
salvándote de la ausencia,
y salvándome a mí de la tristeza
que provoca no tenerte.

El final

Estaba tan llena de cosas que decir.
Estaba tan perdida en ti.
Pensaba que la calma llegaba contigo.
Creí que seríamos tú y yo
apostando hasta mi último sentido.
Me ahogué en tus ojos
con el destiempo.
Me ahogué en los charcos de mis manos
al taparme las lágrimas.
Al esconderme la mirada.
Al ocultar que soy yo quien te quiero.
Que eres tú quien llora por otro corazón
que no es el mío.
Y yo ilusa imaginando equivocada
que acabarías volviendo.
Que echarías de menos lo que una vez fuimos.
Un futuro que destiñó sin cimientos de mutuo acuerdo.
Una historia de pasarela.
Una tirita entre tus dedos cuando tu tristeza se hacía ruido.
Y tú, un nombre más en la lista que ya ni me recuerda.
Me quedé por un tiempo sin nada que sentir.
Como si al irte te llevaras contigo mi parte más emocional.
Pero este no es el fin.
Igual que el cielo se viste de noche y de mañana,
mi pecho deja de tener las pestañas mojadas
para empezar desde cero.



Puntos de sutura indelebles

¿En qué punto
ensordece el mundo
y ya no te escucha, o ya no lo escuchas?
Las heridas sin cura.
Te haces invisible.
Inaccesible, como un trozo de tela deshilvanado.
La cordura jugando al despiste.
El corazón tan abandonado.
La tristeza se hace rutina
como el desayuno de las mañanas.
Untando lágrimas sobre las tostadas.
Y el pensamiento cada vez más suicida.
El recuerdo se hace cuchilla sobre la piel.
Y vas caminando con paso incierto sobre el papel
que te ha tocado vivir.
¿Por qué a mí?
¿Por qué no a mí?
Todo es negro, ya no hay gris.
Las ojeras sin paraguas, manchadas por esa falta de
pasión por las cosas, que deja de estar.
Por esas ganas por todo, que un día hubo, y ya se van.
Desinterés por uno mismo.
Desprecio por uno mismo
¿Cuándo empezó todo esto?
¿Cuándo se nubló la vida y dejó de ser vida
para ser abismo?
Te olvidas de todo aquello
por lo que merecería la pena soportar cualquier peso.
Casi cualquier peso.
Los recuerdos de fondo,
la depresión sobre la mesa puesta
y las sonrisa…

Distancia de seguridad

Qué distantes nos volvemos cuando no somos ya
ni las virutas de nuestros rotos.
Tan hechos polvo.
Tan casi muertos.
Nos hicieron aborto
cuando solo queríamos alzar el vuelo.
Y ser.
Solo ser.
Caer entre tus dedos con el pecho abierto,
buscando la aguja y el hilo.
Cualquier excusa para no pronunciar ese "me rindo".
Cualquier pretexto para dejar de herirnos
con tanto lamento.
Con tanto pasado que pesa.
Con tanto recuerdo que riega
en las noches,
la tristeza.
¿Dónde queda la sinceridad
cuando no se puede confiar en las palabras?
Paupérrima.
Vacía.
Ya no muerde menos el que más ladra.
Ya no hay ilusión ni sentido
si la fe pierde equilibrio en la balanza.
No hay esperanza en las personas.
No la hay en sus actos ni en su labia.
Acabamos haciendo cargar con las culpas
a quien menos la tuvo.
A quien menos te supo.
Porque llega un punto en donde
ya ni te dejas conocer.
Te haces distante
y pierdes, por momentos, la identidad.
Pierdes tu propia forma de ser.
Y difícilmente te dejas amar…

El enemigo

Eres el recuerdo con el que me auto-destruyo,
y aún así, somos pasado.
No hay presente, no habrá futuro.
Eso no lo sé.
El órgano vital afectado.
Tu presencia en mi cabeza, y no te dejo de ver.
Las ganas de parar con todo.
Salir a correr, gritar y, aunque no salga la voz,
gritar de todos modos.
Y romperme las cuerdas vocales con tu nombre
atado a la campanilla.
Como sin poder sacarte de mí.
Será que nunca funcionó eso de hacer tapón a las heridas
con algún otro amor de pasa-rato;
como la memoria que no olvida,
mientras más te rasques, más te pica.
No hay suplencias ni auto-engaños,
ni alcohol ni tiempo
que alejen al pensamiento
de todo lo que provoca daño.
De todo lo que provoca nostalgia
o echar de menos.
Un amor sin oportunidad ni revancha.
Un lapso alejado,
con el impulso controlado y lleno de retos.
Me pregunto tanto por ti, y hago el esfuerzo
por no hablarte yo primero,
y puede que tú hagas lo mismo.
Probablemente siendo idiotas.
Puede ser que nos conformemos con las sobras
que qu…

Cara o cruz

Cuánto dura una carcajada.
¿La felicidad,
la pasión desenfrenada,
la oportunidad?

Un instante, quizá.

Un recuerdo con sonrisa.
Una foto.
Una historia que contar
en la repisa
de un pasado que ya no tiene foco.

Sin embargo el dolor,
es punzante malestar.
Es imperecedero.
Requiebro.
Es concha en la piel
y cicatriz sin cerrar.
Locura, puede ser.
Cordura que ya no responde.
Una carga bajo la máscara
que ya no hace soporte.

Un pesar que no se olvida, aunque tú quieras.
Y recuerdas,
mientras sientes en la cara
el ardor de unas cuantas lágrimas
que aún no han muerto.
Que aún no ha marchitado
el amargo del que los ojos son siervos.
Y vienen de vuelta de tanto en cuanto
para doler y no ser olvidados.

Sonrisa y llanto,
dos caras de una moneda
en donde siempre vence
la pena.
Y también su frío.
El insomnio de las noches.
El vacío.

Letra de otra canción

Es esa forma de ser tuya
como si fuera una extensión de la mía propia, como esas muñecas rusas, unas dentro de otras. A veces, no sé si me sorprende o si me asusta. Es esa ternura infinita que presentas, y que es más dueña que visita. Porque no la regalas a cualquiera, tú eres de ti y de quien tú quieras. Pero no eres postre ni cata ni mucho menos pasajera.
Tú sabes lo que es sufrir,
llevas por bandera a tu pecho despintado.
Yo lo colorearé de nuevo,
no quiero que vuelva a estar descuidado.
Eres como el vino que deja esa mancha dulce y viva
en la camisa.
Y eso es bueno, porque yo no te quiero
para un rato.
Te quedas.
Y olvidarte nunca es una opción.
Siempre te metes en la cabeza
y en el corazón.
Y aunque puedes,
no te vas.
Más bien,
te haces refugio y hogar,
a la vez.
No eres diluvio ni tempestad,
a diferencia de otros.
Eso no es para nosotros.
Yo puedo quererte a ciegas.
Normalmente amar
lleva a las ilusiones a la locura más cierta.
Pero tú no.
Tú eres letra de otra canción.
Penetras

La meteorología de mis ojos

Podría hacerme tristeza justo después de sonreír
al pensar en ti, en nosotros.

La meteorología de mis ojos podría romper olas con tormentas en cualquier pleno agosto. Podría ser catástrofe la vida, más de lo que ya de por sí lo es. Porque echarte de menos es tener a mis impulsos, presos, en cualquier cárcel para tristes. Y entonces, mi pena necesitaría al mejor fetiche. Que, me muero por sentirte cerca, por saber, al menos, si estoy aún en tu cabeza. Y que sepas que solo a ti te quiero. Que tengo la ausencia del héroe, 
como Bukowski, 
entre mis miedos desde que dejé de ser salvavidas en tus días sin cielo. Porque era el techo quien se te caía encima,
o quizá los recuerdos. Y yo solo quería eso. Quiero eso. Protegerte entre las caricias que se hacen verso, porque eres tú quien me hace escribir con los dedos,
los mejores textos abstractos 
con un suave dermografismo sobre tu piel. Y es en ese momento cuando la suerte parece no perecer. Me niego a otros labios, a entrar en otro pecho, a otro mundo; 
que, sentí cóm…

Y, de repente tú

Yo veo emociones cuando te miro, al igual que un lienzo al óleo las produce. Tal es como yo te admiro. La paleta de rojos de Velázquez en tu boca. La torre del oro en tu rubio pelo. Tan bonita, tu dulzura, que parece que el arte se equivoca cuando no eres tú la musa ni el boceto. Salvador Dalí hubiera renunciado al surrealismo si hubiera visto ese mundo que escondes tras tus ojos. Tan ciertos y tan vivos que, de ellos, nadie querría salir. Yo me negué al amor una vez. Puede que muchas. Pues se revela desconcertante y también es dolor. Es misterio y es duda. Sin embargo, te conocí y desde entonces, es claridad. Y puedo sentirlo mucho más leal y mucho más real. Como las explosiones de sabores mexicanos en el paladar llegas tú bombardeando todos los engaños en los que me acostumbré a saberme amada. Solo estaba desarmada. Aprendiendo. Con el corazón a dieta e impidiéndome a mí misma ver la verdad. Y, de repente tú. Con tu forma de querer tan sencilla. Porque es fácil quererte. Sin prisas…

La musa que nadie dibujó en pintura

Cariño, tienes una cintura que suscita cobijo a mis manos. Mientras más la deseo, más fuerte te abrazo. ¿Notas que soy yo el verano? Bajo mi pecho la primavera florece y bajo mi ombligo los gusanos de seda se transforman, y yo siento al calor más fuerte. Quizá sean tus brazos el lugar más seguro que puedan conocer mis pedazos. Quizá tus labios sean mi oxígeno y por eso, si no estás te extraño. Si no fuera por esos ojos que tienes, yo no estaría tan perdida _en ellos, en ti_. O, bueno, sí, si contamos que eres lo único que consigue desvestir todo lo que siento. Que solo tú y el también el viento conocéis todos mis secretos. Que solo tú y también tu luz _la de tus ojos_ me desatáis y hacéis al deseo notorio y es cuando quiero, que no seas tú ni yo, sino, nosotros. A veces creo que eres la musa que nadie dibujó en pintura. Y tengo yo la suerte de tenerte entre mis dedos y dejarnos las huellas, como un escultor en su escultura. Que es tu boca la única que dejo que me desnude mientras me …

La no evolución

Es irónico pensar en cómo el mundo desarrolla maneras para modernizar el estilo de vida, que cada vez es más superficial y más dependiente de las tecnologías; sin embargo, en cuanto a formas de pensar, muchos viven aferrados en tradiciones y culturas que castigan y juzgan el progreso racional que depara a la independencia de cada persona como único dueño de sus propias elecciones, sin cadenas, sin obligaciones ni miedos por traicionar el honor de la cultura étnica, o de las normas de alguna religión. Tristemente existen religiones clasicistas que no permiten el desarrollo a la mujer. Que se indigna y no permite su libertad, su opinión, su voto, sus derechos. Que, en definitiva, no la permiten ser.
También, existen ideales que denuncian y que juzgan al amor entre sexos iguales. Y se manifiestan como los detractores del pecado y de lo inmoral, como si el simple hecho de querer fuese algo anormal. Hay costumbres que, sin quererlo _o queriendo_ maltratan a animales que no son más que víctimas de festejos ca…

La inmortalidad de las mariposas

Intento hacerte caso.
Dejarte a un lado. Dejarnos por un tiempo. Hacer como que no siento. Pero te encuentro en los recuerdos que me producen las charlas con otros; me quedo pensando en lo que me respondías tú. Y es cuando me vuelve la sonrisa. Empieza a abrirse el ataúd de todo lo que he intentado matar después de que decidieras parar conmigo al mundo que nacía bajo nuestros pasos, de todo lo que parecía mariposa bajo nuestros ombligos, de todas las noches que eran como tardes de domingo. Y no lo puedo evitar. Que, estás siempre presente de alguna forma, y cuando te pienso, no siento ningún sentimiento herido, cuando pienso en ti, yo solo siento paz. Es esa tranquilidad que nunca he sentido por nadie en pleno intermedio, en pleno punto muerto. Olvidándome de olvidarte. Contigo mi corazón, aun sin estar, no se siente desnudo, lleva impecables, y anudados, los cordones de seguridad en sus zapatos. Y no tropieza con el olvido ni con los mismos errores de cualquier otro pasado. Sin embargo, si tú no fueras tú…

De sexos ocultos

Amar a quien te ama es un privilegio del que no acostumbramos a valorar.
Ya de pequeños husmeamos a la curiosidad, y nos fijamos en otros niños, sonreímos tímidamente y nos sonrojamos. Y nuestros padres nos advierten con recelo a quién sí y a quién no mirar y con qué sí y con qué no jugar. Es como si todo estuviera lleno de etiquetas que nos dicen “esto es para niños y esto para niñas”. Y nos determinan el perfecto canon de belleza, el perfecto modelo de formación y de formalismos, el correcto modo de vida conformista empleando el convencionalismo. Y, educándonos dentro de todos estos estilos predeterminados de vida, olvidamos a nuestros sentimientos, a nuestra libertad y a las alternativas. Y nos tragamos todo eso de que, si eliges otra opción, no estás haciendo lo correcto. Pero la elección, a veces, solo es una excusa, un pretexto, para que acabes haciendo lo que quieren y lo que crees que eres, lo que crees que debes. La realidad, es que hay cosas con las que nos sentimos mejor sin haberlas elegido…

Denuncias

El mundo tiene que hacer algo más que ponerse de luto
y que guardar un minuto de silencio. Los medios de comunicación deben hacer algo mejor que pronosticar y desvelar métodos de crimen perfecto para que otros asesinos, violadores y desalmados copien las formas de no dejar pruebas ni restos. Y mientras, los espectadores de todo este desastre de vida desaprovechada, pensamos que a nosotros no, que eso solo les pasa a los demás. Pero, la realidad es que nadie estamos a salvo. Nuestras familias, hijos, vecinos, amigos, conocidos desconocidos, ni nosotros mismos. Porque mientras pisemos el mismo suelo que pisan esos monstruos, nadie podrá tener la total tranquilidad de pasear en la noche a solas, de dejar a nuestras hijas con sus padres en sus días de régimen de visitas. O de confiar en el ex al que ya no quieres y salir a un encuentro con él. Que la gente lleva máscaras y no son tan buenas como pretenden con sus apariencias, con sus “he cambiado” o “puedo cambiar”. Que, los talleres de rehabilitación psicol…

Con los ojos abiertos

¿No te pasa que, vives algo de manera tan intensa
y con tanta ilusión, que no te das cuenta
de lo que verdaderamente pasa?
Es como si tú no lo vieras.
Como si tuvieras, en los ojos, unas manos puestas
que no te permiten ver.
Que no te dejan razonar.
Y, entonces, cuando todo eso pasa,
cuando ya nada te quita la vista,
ni te arrastra a seguir en la misma mala idea,
te das cuenta de que todo lo que vivías, era una realidad paralela.
Una con la que tú te hacías feliz,
pero no más que una mentira.
O casi.
Supongo que nos ciegan los deseos.
Las intenciones de sentirnos felices.
Y vemos solo lo que creemos que es bueno;
"todo va bien", te dices.
Pero no todo va bien.
Lo peor de todo es que, no puedes prometerte a ti mismo
que no volverá a suceder,
como si con una vez _o con muchas otras_ no nos hubiese valido.
Porque somos los animales imperfectos.
Con cerebro, sí, pero imperfectos.
Y, joder,
no siempre es fácil reconocer a las verdades.
Sería más sencillo si te las expusieran so…

De amor y de miedos

Me gustaría que habláramos.
Poder contarte tantas cosas... Darte los buenos días con la sonrisa del que vive optimista mientras los demás vivimos apenados. Y quizá mientras se curve mi boca, te apetezca mudarte en ella, donde será siempre verano si tú la tocas.
Por aquí todo sigue igual. Mi lado izquierdo aún apuesta por lo nuestro, y aunque no estés ahora, no se lo toma del todo mal. O sea, no quiere complicaciones con otros, aunque se complique por ti, pero sabe darte tiempo. Porque no quiero otras personas. No quiero conocer a nadie más. Ya estás tú, y contigo no tengo excusa para poder ser mi mejor yo y tenerlo que dejar. Porque me haces ser justamente lo que soy sin tener que esconderme, y eso está bien. Más que bien. Por el momento solo puedo pensarte, y miro tus fotos como si así te pudiera saber. Me sé de memoria muchas cosas que me decías; conversaciones de móvil y llamadas de teléfono que sonaban más puras y más putas que cualquier poesía. Y, con todo eso, siento tanta fuerza que nadie me podría hacer…

El manual

Nadie me explicó que dolería tanto.
Ni tampoco yo imaginé que fuera así. Que te rompan el corazón y tu ahí, intentando salir de la decepción mientras sigues llorando. Y llega un momento en el que quieres hacerte la fuerte cuando todavía no lo estás. Necesitas a ese parche que te tape los ojos para no mirar atrás, sólo al frente. Pero es difícil seguir adelante, y ningún consejo parece entenderlo. Sientes la necesidad de agarrarte a algún clavo ardiendo. E intentar hacer como que puedes rehacer todo lo roto y empezar de cero. Y ahí vas tú, con una manera de suspirar tan rota, cogiéndote de cualquier esperanza servida en alguna boca que no promete aún, sólo te sopla las heridas y tú te dejas. Pero tienes a las ideas tan descompuestas a causa de tanto dolor, que ya a la razón ni la controlas ni la manejas. Y es cuando, queriendo recomponerte, conoces a ese alguien dispuesto a sostenerte para lamer una a una cada rotura de tu piel. Y tú lo intentas. Y está bien. Pero no es el momento.
Pasa el tiempo _poco o mucho, e…