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Entradas

Noche 20

Soy la persona incorrecta en un mundo equivocado. Y ya no puedo con esta mierda. Yo me salvo de mis monstruos; todos aquellos que venían al apagar la luz, me los he cargado. No espero superhéroes; la vida es un juego amañado.
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Noche 19

Querer y no poder. Poder y no deber. Siempre con esa maldita barrera de por medio que atrinchera nuestros sentimientos. Por favor, no me digas que no puedes, dime que no quieres. Que tus ganas no te lo permiten; que no te apetece tenerme boca a boca, con tus manos asaltando mi cintura, mientras desvalijas mi corazón. Sé que quieres venir conmigo, me lo dice tu voz, esa que callas pero gritas en tu forma de mirarme. Te encuentro en las calles de la ciudad, clavando tus ojos sobre mí. Igual que yo sobre ti. Y dices tanto desde esta distancia, que no puedo creer cuando dices que no puedes. Porque si sientes esta sensación por mí, no puede ser totalmente real o sincera lo que tienes con esa persona que no soy yo. Un contrato de dos que te detiene. Qué validez tiene. No puedes, dices, pero quieres.

Noche 18

Estoy en el mismo lugar de aquella noche en donde nos conocimos.
Suena el indie rock de fondo en tanto miro entre la gente, buscándote.
Hace tanto que nos vimos;
creo que prefiero no saber si vienes; no quiero estar esperándote.
Es mejor la sorpresa,
la sonrisa risueña que se abalanza enorme
sobre la curva de los labios, de una alegría traviesa.
Llevo un par de copas en vena;
las chicas bailan al ritmo de los acordes de guitarra,
con el sonido a todo volumen que nos llena
de una locura que sana.
Es esa voz, la voz de ese cantante del escenario,
con su pelo castaño que baila mientras él salta,
me recuerda al líder de los Arctic Monkeys;
pero ni estos son la banda británica ni tú apareces por la entrada.
A este jodido festival le haces falta.

Noche 17

Hablas de insuficiencia y tras eso, odio esa sensación que aparece en mí con tu influencia, haciéndome sentir vacía. Eres la Revolución en cualquier día. Te preocupas de poder llamarme "mía", pero no de cuidar que hacerme sentir especial debe de durar más de cuatro mañanas seguidas. Duras cuatro bien y luego dos, me declaras la guerra. ¿Así vas a hacer que te quiera?, me pregunto. Si esto es amor, quiero volver a pisar tierra, que de este vuelo, soy carne de suicidio, del que siento estar a punto, y yo ya no me subo en aviones de papel sin paracaídas. Por favor, más me duele a mí decidirlo, pero, no te quiero así, y si vas a seguir así, sal ya de mi vida.



Noche 16

¿Imponer ideologías como ley?
Ni tu pensamiento ni tu crucifijo serán de mi cuerpo, el rey.
No me gobernarás.
No me obligarás.
Me prefieres muerta en la clandestinidad,
antes de permitirme libre de optar.

Hipócritas al gritar libertad,
cuando también intentan mandar en la vida ajena.
Mi vida no es una avenida turística de puertas abiertas
donde podáis pasear vuestras pataletas.

Ocuparse de las millones de personas de este jodido planeta
que según ustedes tuvieron la suerte de nacer,
pero sufren el hambre, la pena,
la falta de recursos primarios y hasta la sed.
Pura incomprensión de la inhumanidad.
A mí, dejadme mi cuerpo en paz.

Vuestros votos podrán sumar o restar,
pero no serán quienes conquisten mi cuerpo como cual Christian Grey,
ni yo seré una Anastasia más, que se deje domesticar.
El aborto será de ley.


Tauromaquia

Lo llaman arte.
Pero el toro es el que lidia con el animal más bravo,
que no os engañen.
Una cornada tras otra entre vitoreos y aplausos, hasta matarle.
Se apropian como premio, las orejas o el rabo.
Malditos macabros
y su carnicería más salvaje.
Para ellos, un deporte;
para los animales,
un completo agravio.
Qué sádicos cuando se nombran sus amantes.
Los burlan frente a sus trajes de luces,
derramando la sangre
entre banderillas y capotes.
El toro agonizante, sufre la muerte.
Ni cultura ni festejo pudiera llamarse,
pero mientras exista público que aplaude
este crimen, seguirá llamándose arte.

Lamentable.






Noche 15

Mientras las voces de tu cabeza te llenan de malos pensamientos y peores consejos, tú deseas, a veces por tan solo un momento, morir de la manera más rápida. O quizá matar. Después de ese macabro tormento, respiras profundo y vuelves a la vida; y sin decirte a ti mismo lo siento, de nuevo saltas con más fuerza a por otro intento. Eres como Mario Bros y la recolección de cien monedas que le concedían una vida extra. Si fueses gato, de tus siete vidas, ya irías por la sexta. Pero solo tienes una vida, y después de las caídas, tú siempre vuelves con más ganas. Nada puede contigo, aunque se transformen en cuestas las rectas más planas.

Noche 12

Estamos tan distraídos,
empeñados en encontrarnos de cara con la felicidad que,
obviamos que tal vez la felicidad no reside en un lugar;
porque quizá no sea en dónde ni con quién.

Lo más seguro es que si escoges tu mejor versión,
puedas encontrarla en ti,
en tu propia satisfacción, en el amor propio,
en el hogar de un instante diminuto.
La magia de tropezar en la tan demandada felicidad,
se pierde si crees que solo un lugar o solo una persona,
es su dirección.