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Soneto nº1

Tú arrodillas a mi amor propio y a mi propia vida;
esposas mis manos, y vendas mis ojos.
Son de tus migas, de lo único que me sirvo entre tu ida y tu venida.
Yo, recluta de un amor imparcial, y de unos labios rojos.

Qué me das tú, si no requiebro y una locura insostenida.
Y yo recojo ilusa cada viruta, llena de antojos,
como si alguna vez mi boca llegara a estar de tu boca, servida.
Tú, que llevas el pecho lleno de puertas con cerrojos.

Sé que llegar a ti parece todo un reto.
A veces pesimista, quiero darme la vuelta,
decirte adiós, y vetarte de una vez de mí, pero no te veto.

Acaso soy masoquista, pero mi mente no te suelta.
Mi noción queriendo gritarte vete, pero no te grito ni te sujeto.
Vete si quieres, que aunque llore, no te detendré, te lo prometo.



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Algo n o funciona

Yo siempre con mi manía de hacerte sentir especial; y tú con tu maldita manía de olvidarte por momentos de mí. Somos inconexos,  y aún así yo busco todas las maneras de acercarme más a ti. Emocionalmente polos opuestos,  porque soy yo quien no sabe controlar estos impulsos  de demostrarte que estoy aquí y no me voy a ir; que quiero quedarme contigo. Y todavía así,  mientras te acercas y después te alejas,  y te acercas de nuevo, para luego quizá volverte a distanciar,  yo siempre me quedo en algún rinconcito rozando tus dedos,  esperando a que decidas conmigo ese algo más. Esperando a que de una vez ordenes este puto desorden emocional.

Mi salvavidas

Si supieras lo capaz que soy de hacer por ti, todo lo que no hice por nadie...
No espero que me preguntes por qué, es que tampoco yo lo sé,
pero sí me doy cuenta de que me siento  g r a n d e,  e n o r m e,
desde que estás presente en este hormigueo que llevo con tu nombre.

A rastras, casi despegadas ya las heridas.
Olvidadas.
Me las arrancas a bocados, mientras me agarras por el hueso de mis caderas.
Protegida.
Tus abrazos, mi salvavidas.

Mi tristeza se hace estrecha, hasta que ya no queda nada... nada.
Solo la sombra de un recuerdo que fue y que ya no es  n a d a.

Me he olvidado de alinear mis labios; desde ti solo saben dibujar curvas.
Innumerables.
Infinitas.
Y cuando me doy cuenta, tengo esa cara de tonta feliz
con la que hacía demasiado que no me encontraba.
Contigo, la vida es una versión mejorada,
en la que siento que la fortuna me acude.
Lo demás podría asemejarse a una demo, que se repetía en bucle
y en donde no tenía
destino ni guía.

Tú en cambio, pareces esa brújula que me…

Y si...

Es inevitable pensarte.
Y no por falta de intentos. Quizá no tengo las armas suficientes para olvidarte. Quizá es que no quiero. Sí, es eso. No quiero porque estoy convencida de que sin ti, no me muero, no, pero sí que sumando ese tú y yo / yo y tú, así soy mucho mejor. A lo mejor porque quiero hacerlo todo bien contigo. A lo mejor porque quiero darme la oportunidad de quitarme lo menos posible la sonrisa de la boca. Tal vez lo consigo. Sé que si las cosas se cuidan se mantienen, pero no se consiguen. Siempre existe la inestabilidad,  y su maldita posibilidad de romper con todo en cualquier momento en el que alguien se rinde. Pero está claro que siempre será mejor, cuidar de lo que se quiere. Y yo, yo te quiero a ti. No sé si tú a mí. La verdad es que tengo dudas. Y tal vez eso, en ocasiones me aterra. Puede que porque mis manos ya no quieren tocar a otra piel que no sea la tuya. Como si llevaran un letrero con tu nombre y no aceptasen otro. Quizá eso, me suponga un problema o un esto…

El desliz

Podré cometer un desliz.
Puede que cuando me olvide de que tu piel me parece la más suave.
Cuando me olvide de que es tu cuerpo mi asilo y que teniéndolo, siento planear como un ave.
Puede que cuando no recuerde que son en tus ojos donde yo me siento mejor.
Cuando me acostumbre al tacto de tus manos sobre mi corazón
y eche de menos cómo me sentía sin que lo agarres con ese amor tuyo.
Cuando sienta la duda de cómo sería si te sustituyo y ya no te incluyo en mis planes.

Podré cometer un desliz.
Cuando me parezca rutinario el desayuno de tus besos y las noches de abrazos infinitos.
Puede que cuando ya no recuerde que desde ti, es cuando el mundo me parece pequeñito.
Cuando no piense que son las yemas de tus dedos las que me hacen reír.
Puede que cuando el sonido de tu risa no me provoque ya el efecto de sentirme feliz, como hasta ahora, y puede que entonces, ya tampoco me apetezca parar contigo las horas.

Podré cometer un desliz.
Quizá cuando deje de morderte los labios tanto como hasta …

Cicatrices

Notaba los bolsillos cargados de vacío.
He llevado una máscara hecha a medida para taparme la tristeza que me causa tanto frío
interior.
Puede que el sentirme sola entre tanta gente, haya sido mi condena.
Y así he llorado yo la pena,
detrás de mi ausencia,
y detrás de esta careta.
Yo sé que la felicidad solo se toma por sorbos.
Mi boca buscaba oxígeno para gritar socorro
y arañar con las uñas las puertas que me cerraban el paso,
pero se mantuvo la sensación de ahogo,
y así siempre he visto medio vacío el vaso.
Parece que las cosas buenas llegan con retardo
o es que soy yo que he estado viviendo en un estado de letargo,
con esta penumbra que crispa, anudándome los brazos,
desajustando mi vida, y haciéndome cada vez más pesimista,
y con las heridas incrustadas a mi piel, sin reparo,
recordándome todo lo que me gustaría olvidar.
¿Es que no se podrán alguna vez sanar?
A veces sonrío y siento que estoy viviendo una mentira,
y es que quiero rehacerme y no volver a ser la misma.
Pero, ¿cómo …

¿Cúal es la ocasión perfecta?

Me agarró por la espalda, me colocó un par de alas
y me dijo, puedes irte si quieres.
Pensé, quizá no le importa que me vaya.
Me sentí sobre la inestabilidad de un precipicio, entonces yo,
con miedo a hacerme desastre, abrí el plumaje y comencé a volar.
Quizá yéndome me empiece a necesitar.
También quizá no.
Entonces empecé a querer olvidarme de lo que yo quería.
Lo importante es si eso mismo que yo siento, lo sentimos los dos.
Y parecía que no me correspondía.
Tantas veces he soñado con sus brazos agarrándome fuerte tras la espalda.
Tantas veces he pensado, que si me diera una sola ocasión de tenerme de frente
sin las espadas de escudos tan perennes,
muy posiblemente hubiese conseguido derretirle esta frialdad.
Pero qué más da;
sé que con el tiempo me mirará
con esas pupilas color cielo,
y con lo que ahora se resiste, entonces no se resistirá.
Pero siempre existe un pero,
y en esta historia no será menos;
y es que si me pone esas alas,
y yo echo a volar más allá de su alcance,
existe…

Vete de mí

Te buscaba en otros ojos, en otro pelo, en otras caras nuevas
que pudieran recordarme a ti,
como si de alguna manera te tuviera.
Pero no eras tú, y eso no me hacía feliz.
Me he dejado caer en manos que no eran las tuyas,
intentando lidiar con la carencia que me suponías.
Pero solo he sentido un vacío que magulla.
Y no supe cómo decirme a mí misma que te olvidara.
Quería que te fueras, que de una vez dejaras de estar en mi mente,
y aunque llevara ese peso a cuestas, no lo soportaba.
No soportaba que estuvieras sin estar,
que fueras recuerdo pasado,
que fueras herida sin sanar.
Me preguntaba cada día,
qué hacía yo tan perdida en ti, y tú tan como si nada.
Y me preguntaba por qué no volvías.
Dejaste olvidado cómo yo contigo he sido,
cómo fuiste tú también conmigo,
y con todo ello, qué fue lo que sentimos.
Parecían emparedadas de todas tus palabras,
las cuatro paredes de mi cuarto.
Y me quedaba mirando a la nada, tan perdida como te miraba a ti,
como si fueses alguna piedra preciosa de cu…