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Entradas

Noche 48

Estoy preso. La depresión me carcome por dentro; la enorme mentira de mi vida es mi mayor peso en el alma, y de tal engaño, no pude salir ileso.
Quizá tuve menos libertad afuera, cuando la angustia me llevaba sobre sus brazos, y hacía de mí, a la persona más ciega. Ahora rezo y pido a Dios, piedad.
Me han echado algunos años más de los que merezco y después de tres años, todavía me niegan el tercer grado. Mientras, las noticias dicen que se han fugado aprovechando sus permisos, asesinos y violadores. Yo solo defendí mi dignidad, y aquí sigo en una celda, donde he llegado sin poder contar mi verdad.
Qué injusta la ley que no ampara el derecho de poder exponer, y luego investigar,  las dos versiones de un mismo caso. Pero eso es algo a lo que también se niegan cambiar. Soy un pobre hombre más, arrestado,  al que no han hecho caso.
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Noche 47

Los nudillos amoratados.
La adrenalina entrando fuerte  por la respiración acelerada, entrecortada. Derribas a la mala suerte que te muerde.
Y te gusta. Te gusta sentir a la rabia escupida. A ti nunca te asusta golpear, en contra de tu ansiedad,  de la manera más brusca. Que se vaya, se disipe, que eres tú quien comete el crimen asesinando tus monstruos.
Tus monstruos, no podrán contigo.

Noche 46

Tú eres la nueva teoría del Big Bang.
La gran explosión. Quien equilibra el ying con el yang. Nada antes de ti estaba vivo. Pese a las tormentas tropicales que han arrancado mi piel de cuajo, he sobrevivido; siempre con mi propia fuerza. No han podido conmigo esas ganas desesperadas  de acabar con todo, que a veces hacen que me retuerza.
Ya no.
Dime, por qué has tardado tanto en aparecer. Ya no te creía posible, ya no creía poderte ver.
En las cajas negras de mis aviones de papel derribados puedo rescatar solo atisbos de felicidad. Ya no me desmorono en las arenas movedizas de mi tristeza,  ya en mis ojos no hay calima, gracias a ti...
                         mi propio amor,                            mi autoestima.

Noche 45

Dónde están aquellos que dijeron estar.
Los que dijeron muy dignos que nunca fallarían.
Pusimos sus palabras en volandas, les colocamos un altar.

Ahora, las calles barridas de gentes,
las sombras incrustadas en aceras llenas de recuerdos,
de esos que una vez fueron hermanos y confidentes.

A veces la pena cuelga del cuello,
y no tienes con quién tomar dos copas
cuando las lágrimas se enredan en el cabello.

De tanto en cuando te recuerdan que siguen estando, sin estar.
Pero ya da igual que puedas ganar o perder,
que si quieres, puedes ahogarte tranquilo en el vaso,
no van a volver.

Noche 44

Nunca fantaseé con llevar vestidos de princesa.
Nunca quise castillos ni palacios;
habría demasiados espacios
para que corra el eco de la puntual tristeza.

No quise príncipes de ningún color
para sentirme mimada,
ni sapos que besar para poder convertir
en caballeros armados que me salvasen
de una posible muerte anunciada.

Yo vestía con sudadera de capucha,
y deportivas desgastadas para correr libre.
Y siempre supe que suerte, debía de tener mucha
si quería sobrevivir en un mundo de hombres.
Pero yo nunca fui perro manso, fui tigre.
Salvaje, indomable, y con un corazón cosido con nombres.

Nombres que me recuerdan lo malo vivido y lo bueno.
Que me recuerdan el seno del que alimenté mi propia espada de hierro.

No necesito ningún tipo que prometa en falso
ser el dragón que por mí escupa fuego.
Ya yo me salvo.
Ya yo me quiero.

Noche 43

Y entendí que se puede superar las fisuras,
las heridas y esos días tontos
en los que tiras la toalla.

Entendí que con amor,
se pueden hacer piruetas
dejando atrás todo ese maldito dolor
que haya.

A la mierda,
te quiero.
Contigo siento el cielo abierto
y noto cómo se despliegan
mis alas.

Si estamos unidos
podemos hacer que cualquier altibajo,
no sea nada.

Noche 42

Los nervios. Esos putos nervios que te detienen ante la puerta donde puedes observar al mundo, siendo de tu miedo, el siervo. Observas quieto, y piensas. Te detienes tanto en pensar que no te das cuenta de que la vida pasa y se te va; y con ella tus años de cometer errores, aciertos, locuras, tiempo, experiencia, y oportunidad. La oportunidad de saber qué pasa si empujas hacia un lado al miedo y las dudas y te dejas llevar; error, arrepentimiento o alegría, qué más da.
Una sensación molesta que solo puede durar
una primera impresión, un momento, por algo a cambio que podría valer la pena descubrir.
Simplemente sé tú; arriésgate a vivir que la vida está
para improvisar.

Noche 41

¿Cómo se supera esto?
Cómo se tapa el daño hecho
que hiere con más intensidad cada noche sobre el lecho.
Con qué tapar las voces de más que nos alzamos
al intentar explicarnos y no entendernos.

Nuestros brazos no son capaces de abrazarnos
y las manos huyen de las caricias de nuestros dedos.
La seguridad ya no nos salvaguarda
y ya vienen cerca nuestros miedos.

Nos pedimos tiempo muerto,
nos miramos a los ojos con una honda tristeza,
pero evitamos mirarnos, en esta guerra de campo abierto.

¿Cómo superar esto?
Los días se tiñen de negro,
las sonrisas se vuelcan del revés
como el reflejo de edificios sobre el Río Ebro.
El paso ligero desacelera, porque ya no hay adónde ir.
Nos sentimos tan perdidos, porque pese a esta crisis,
seguimos queriéndonos, y puede, que eso sea nuestro elixir.