Ir al contenido principal

Entradas

El muro de Berlín

¿Y si esta vez no me voy, ni tú decides irte?
¿Y si dejo de ser hielo y tú no te conviertes en carámbano?
No me amarres, no son cadenas lo que yo voy a pedirte.

Y no me preguntes qué somos, yo solo siento y soy;
tú solo siente conmigo,
que si no me hieres, yo no me voy.

Es esa necesidad de sentirnos necesitados, o queridos,
o simplemente refugiados.
Son todos esos, mis deseos frustrados, mis deseos perdidos.
Es como quise amar, el modo en que acabé odiando.
Ese mismo modo en que quise darlo todo
mientras a mí misma me iba olvidando.

Y ahora te veo, y creo que no eres como quien me dejó saltar
en sus manos, como quien se lanza a una piscina vacía.
Solo pude abrazarme a aquel vacío de aquella inmensa profundidad.

Soy quien ha salido de una catástrofe cualquiera
y aún estando rota, se siente lo suficientemente fuerte.
Y mientras, tú, a lo lejos, apareces, como quien acaricia a una fiera.
No me tienes miedo;
miras a mis ojos, a mi caos,
y te atreves a agarrarme mientras yo me quedo
sacand…
Entradas recientes

Fe crédula

Vemos al daño de cerca.
Nos avisan pero aceptamos.
Nos quitamos la alarma de alerta
y nos adentramos.
Cobijados en sus manos nos hacemos ciegos.
Queremos ser ciegos; ver que puede ser posible,
aunque nos diga "no."
Ilusos aferrados, descuidamos la razón,
mientras le limpiamos la sangre
con trapos de polvo al corazón,
para que no vea la verdad.
Nosotros no queremos verla, hasta que ya no quede fe
que nos pueda salvar.

El puzzle

Quise dar mi corazón, intentar dar de nuevo una oportunidad al amor.
Pero me corté con los rotos.
Esas puntas afiladas que hincaban en mis yemas sin piedad,
causando en mí los más catastróficos terremotos.
Y nunca, desde entonces, he podido completar un puzzle con la palabra
nosotros.

En llamas

Por qué me dejaste ir.
Por qué me llamabas perfecta _para ti_.
Por qué los te amo,
los abrazos fuertes y la droga en gramo
con la que me seducías en tus manos.
Todo eso para qué.
Creo ver llover, pero soy yo.
Mis ojos te llueven, y todavía te quiero;
por qué te hice caso, corazón;
por qué a ti y no a la razón que suplicaba auxilio.
Tú que eras como un sueño
y ahora es el sueño el que no concilio.
Me has hecho daño y te vas como si nada.
Yo también quiero huir de estas heridas como si no tuvieran ser,
pero de estas heridas me siento atada;
en cualquier momento voy a arder.

Bajo mis pupilas

Hace un rato te he confundido.
Y es que creo verte allá donde yo miro.
Eres el nombre de las calles y plazas por donde piso.
Estás en el doble sentido de las palabras
que aparece en mí sin previo aviso.
Y me río de todo cuanto imagino que lleva tu risa.
Entonces me contagio de ese dibujo que curva tu boca,
sintiéndome la más viva en este mundo corrompido,
en el que sin saber qué hacer, todo se improvisa.

¿Y si me prometes que yo seré la única?
No voy a creerte, ¿por qué debería hacerlo?
Casi todas las palabras son mentira; llevan túnica.
No me prometas, haz que vea al mundo a tu espalda diminuto, en llamas y cobarde.
Haz que crea que tú eres lo que quiero, mientras el mundo, se desenfoca mientras arde.

Quiero estar en tus contraluces.
Darte la mano cuando estés feliz
y cuando también te preocupes.
Besarte el hombro cuando te apoyes en mí
en esos días en los que renuncies a tus dudas,
a tus miedos, a tus "ya no puedo",
y al ruido de todas esas ataduras.
Y luego cruces tu mira…

El susurro de las Moiras

Me muevo por pura física.
El abatimiento se apodera de mí, me agarra del cuello,
me vapulea y me intoxica.
No tengo hambre, pero como obsesiva,
me pasa a veces, creo que reconforto mi ansiedad;
en ese único momento encuentro la evasiva;
tengo en mi inquietud, su mella.
Esta angustia tan frecuente
es la que me hace devorar a la tristeza y convertirme en ella.
Tengo al desconsuelo a diario en el reflejo de mis ojos,
en mis pies derrotados
y en una capa imaginaria sin arrojo;
esa tela que llevo a mi espalda, desteñida,
queriendo salvarme;
pero esa capa de superhéroe ni me salva ni me cuida.
Voy de un infierno a otro,
y empieza a cansarme pelear con mis demonios.
Voy a rendirme; voy a rendirme; soy yo quien sobro.
Me duelen las ojeras, ya sombrías;
no soporto ni una lágrima más.
Las fuerzas de mi cuerpo ya no son mías.
Las tiene él;
me maneja, me controla, me grita y me aniquila lentamente,
y yo siento que ya no puedo contra él.
Él soy yo.
Yo soy Thanatos.
Porque yo soy quien se deja; veo…