¿Qué ruinas?

Las ruinas,
m i s ruinas,
las escondo bajo la palma de mi mano,
las agarro, las hago diminutas,
y puede que antes me hicieran sentir a mí la viruta inútil,
pero ya no pueden conmigo.
Me piden atención, me gritan,
me mendigan.
Pero ignoran que son ellas las que
me han hecho valiente.
Que ya no son centro de mi pena,
son puente
hacia mi fuerza.

¿Ruinas?,
¿qué ruinas?

Navidad

Se apagaron las luces al acabarse la función.
La noche quedó muda ante el frío arrollador.
Los pasos ligeros del gentío en las calles
ya solo son recuerdos de ayer.
Los abrazos temporales
dejan de apretar hasta la próxima vez.

Solo silencio.

El compás de la música ya no resuena
ni las risas ni el alboroto ni tampoco las prisas.
Mañana una nueva canción suena.
Un nuevo día aparece.
Y dentro de tres días,
la magia de la pasión desaparece;
pues seguro ya no se recuerda.

Se acabó la Navidad.
Se acabó el amor y la paz decorada.
Volvemos a la normalidad.

Magnetismo

Tú no tienes filtros.
No tienes esos contraluces que disimulen cómo eres.
Eres esa persona que parece fuera de lugar,
pero que siempre acaba encajando perfectamente.
Eres transparente y seguramente sea tu autenticidad
la que envuelve a cualquiera
y los gana a todos.

Porque si quieres,
si tú quieres puedes estar en el lugar que elijas,
no en el que te digan.

Créetelo un poco más.

Carta XXXXVI

Me gustan los desayunos en cualquier bar tranquilo y perdido del centro. Cualquiera que encontremos de casualidad, mientras agarras fuerte mi mano sin darte cuenta. Y es que levantarme por las mañanas de tu lado, no tiene precio. Ni tampoco descubrirte en el espejo del baño mientras te vistes en la habitación, y no te das cuenta de que te observo entre los susurros que me suelta el corazón, quien se siente siervo de ese milagro que provocas cuando yo me siento una persona mejor.

Tal vez lo veo todo más nítido desde aquellos primeros abrazos en los que nos deseamos. El cielo se descubrió abierto ante las posibilidades de cumplirnos y no de dejarnos para la lista de posible amor descartado, fracasado. Y te quiero aquí, con la seguridad de un paracaídas que se abre en el último instante, para salvarnos. Porque pase lo que pase, no dejaré de abrazarte.

Carta XXXXV

Pues sí. Diciembre me sigue pareciendo igual de aterrador, y no sé dónde meterme para huir de tanta apariencia. No quiero amor de ningún tipo que no haya tenido el resto de los meses; no quiero amor si no es sin reproches, ni quiero existir en este mes para un Papá Noel de fantoche. Me mentí queriendo creer que este año sería diferente pero la verdad es que no es así. Nada puede mejorar esta época desde que existen las ausencias. La primera que apareció fue la perdida de nuestro niño interior. Y luego, bueno... luego llegaron las flores creciendo en los asientos vacíos de los que fueron importantes. Ahora inolvidables.

En la televisión solo dan películas cutres navideñas con mensajes de amor, pero que me expliquen esos actores cuán real es ese amor de diciembre; los regalos innecesarios por compromiso, las sonrisas con abrazos fingidos y las mejores galas para festejar que somos la excusa para el beneficio de cualquier centro comercial. Y me pregunto, por qué no nos esforzaremos más durante todo el año para intentar ser mejores, en lugar de dedicarnos a disfrazar mes y medio con parafernalias y discursos de bienqueda. Joder, que nos debemos demasiadas sonrisas  d e  l a s  d e  v e r d a d. Y el mundo no está para tanta tontería.

Felices fiestas

Venga, arrimaos todos a la mesa y empezad a contar chistes estúpidos dejando en mal lugar a alguno que, adrede, hagáis sentirse aludido. Reid y brindad con copas de champán barato, con la voz alzada pronunciando algún mensaje por puro compromiso. Porque quieres quedar bien. Pero no sientes ni la mitad de lo que dices, o haces. No puedo remediarlo; estas fechas me demuestran lo hipócrita que podemos ser. Y no me gusta. Porque cuando volvemos la espalda y cerramos la puerta con encanto, somos la víbora escupiendo el veneno, hartos de mordernos para no echarlo en cara. Las críticas, deben ir después de la sonrisa, cuando puedas quitarte la máscara, una vez ya no te vean. Los fingimientos en público, los cuchillos en casa. Así parece que funcionamos. Y vuelvo a decir, no me gusta. Porque si esto es lo que conlleva estas fechas, lo siento, no puedo, prefiero retirarme, parecer "esa cosa extraña"; no las quiero.

Carta XXXII

Cuando eres una persona soñadora e imaginas durante tanto tiempo cómo sería ser justo lo que tú quieres ser y no lo que quieren que seas,

                                lo único que puedes hacer es
               
                                        hacerte realidad.

Los hombres desalmados

El miedo corre por las calles vacías, en los puños de los hombres despiadados, donde acechan la libertad de cualquier mujer a solas. La mujer que sobrevive ante la sociedad temerosa, parece que no tiene de esta vida derecho. Nacer mujer no debería implicar que seamos como el animalillo de caza, asustadizo cuando sale de la madriguera y, refugiado cuando el día apaga su luz.

Todas somos Sandra Palo, Mari Luz Cortés, Marta del Castillo, Diana Quer, Leticia Rosino, Déborah Fernández o Laura Luelmo. Niñas y mujeres que salieron de sus casas y no volvieron. Solo nos queda que nos pongan toque de queda para no ser nosotras la nueva víctima. Y esto no es machismo, ni opresión ni patriarcado, esto es TERRORISMO.

Dime que estamos locas, que somos nosotras las que provocamos, que no podemos vestir como queramos, que no podemos salir solas, que no deberíamos irnos a hacer footing en caminos de campo ni a deshoras, ni dar dos pasos sin compañía, y es que mientras no tengamos esa tranquilidad que tiene el hombre por ser hombre, no dejaremos de presenciar la desigualdad. Que estoy harta de ese "se podía haber evitado". Pero nos educan para ser abusón y abusado. No para parar el acoso general de nuestra sociedad. Que no queremos morir. Queremos existir. Joder, ser y hacer lo que nos de la gana.

Dime a la cara que somos nosotras las culpables de todo, y que por nuestra condición de mujer debemos doblegarnos hacia este miedo impuesto en este puto mundo loco en que vivimos.

Qué triste es tener pavor del hombre y qué pena que el buen hombre se sienta una amenaza solo por la existencia de la calaña de su mismo sexo. Y ahora, quéjate encima del feminismo. Que estamos cansadas de tanto jodido asesino.